lunes, 5 de agosto de 2013

"La mañana después de la guerra", primer año

[13.09.08]
 
Era la sangre. No eran los 38 grados del mediodía cobijeño. Tampoco los sembradíos podridos, la vegetación amazónica, el olor a goma quemada o los riachuelos y basurales. Todo el lugar estaba impregnado por ese olor que emanan las heridas abiertas. Y los mosquitos enloquecidos embestían brazos y piernas con furia. Como si quisieran ser parte del peor de los momentos.
Casi no quedaba espacio en el pequeño patio y los pocos cuartos de la Federación de Campesinos de Pando, pero era el único lugar seguro de la ciudad. Las sillas no alcanzaban y los heridos se disputaban los escasos lugares en los que podían ocultarse del sol de mediodía. Los que podían dormir tenían que hacerlo sobre los pisos de cemento y piedra, mientras unas cuantas vendas y medicamentos eran repartidos con vasos de agua tibia que no apagaban la sed.
Esa diminuta sede sindical se había convertido en el mejor refugio de Cobija. Algunos de los que recibieron una paliza en las puertas del hospital Roberto Galindo huyeron allá. También estaban dirigentes que sufrieron amenazas durante la semana previa y otros que lograron escapar de la balacera a través de la selva, después de cruzar el río Tahuamanu y esconderse en el monte durante dos noches. En la Federación estaban a salvo, pero faltaba mucho para que el miedo se pueda disipar.

Así comenzaba "La mañana después de la guerra", el libro que tuve el inmenso placer de presentar hace un año.

La presentación fue en el auditorio de Entel. A mi lado están Fernando Barrientos y Raúl Peñaranda

Un año después, se han publicado algunas columnas que valoran el libro, también me hicieron unas cuantas entrevistas y se elaboraron notas de prensa a partir de las revelaciones. Además que fue demandado por amigos, colegas y otros lectores en varios países. Sé que los libros viajaron hasta Alemania, México, Argentina, Francia, Perú, Chile, Uruguay, Cuba y Estados Unidos. Imagino que alguno se habrá extraviado por otros rumbos en algún momento. Es un gusto enorme que los libros vayan viajando así. Libres e imprevisibles.

Lilian Thuram, campeón del mundial 1998 y luchador incansable contra el racismo. Recibió mi libro en Paris

El libro me trajo momentos espectaculares. Las presentaciones en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, por ejemplo. Las celebraciones con los amigos. Los encuentros con los colegas. Una de las horas más felices fue cuando le entregué unos cuantos libros a dos de las víctimas de la Masacre de Porvenir que habían prestado su testimonio durante la investigación. Buscaban apurados las páginas en las que aparecían. No era narcisismo, ellos querían sentir que su verdad también merecía ser contada y divulgada. Otro de los protagonistas me pidió 15 libros. Quería entregarle uno a cada familiar suyo y guardar dos para cuando sus hijos aprendan a leer. Me explicó que al terminar de leerlo entendió que su pequeño sacrificio tenía un sentido infinítamente más grande del que él había considerado. "Ahora siento que lo que hice es parte de algo, de un hecho histórico", me dijo.

Es un primer año recién. Lo digo en el prólogo, "La mañana después de la guerra" es una obra siempre incompleta a la que volveré siempre.


TODA LA INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO LA PUEDEN ENCONTRAR EN EL PORTAL WEB:
www.despuesdelaguerra.com

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