lunes, 11 de junio de 2012

La última sinfonía de Pep y el penal contra Bolivia

151 opiniones
No era penal. Carlos Borja siguió un balón profundo junto a Felipe; el boliviano tropezó hacia un lado y el español se elevó hacia el otro. El árbitro costarricense creyó en el vuelo del mediocampista del Tenerife y pitó pena máxima a los 19 minutos del primer tiempo.

El ejecutor fue Josep Guardiola, quien con 23 años era una de las figuras de la escuadra ibérica en el mundial de Estados Unidos. Nadie sospechaba aún que, tres lustros después, ese muchacho sería el director de orquesta del ciclo más brillante que el fútbol hubiese conocido jamás.
La entrada para el match de ese Mundial


El remate fue pésimo. El jugador catalán dio cinco pasos y golpeó el balón casi con apatía. Le salió un tiro anunciado, suave y al medio. Si Carlos Trucco se hubiese quedado quieto lo habría contenido sin problemas, pero en ese Mundial la fortuna no le regaló ni cinco centavos a Bolivia.

Pep anotó cinco goles con su selección y uno de ellos fue al equipo mundialista boliviano. Ese 27 de junio de 1994 fue la única vez que enfrentó a la Verde (aunque a nivel de clubes coincidió en las canchas con Juan Manuel Peña, Julio César Baldivieso y Erwin Sánchez).

Su actuación aquella tarde también fue mala. Guardiola supo en estos años reprochar con dureza a su deslumbrante Barcelona, pero como jugador era demoledor a la hora de autoevaluarse.

Tienes que criticarme”, le dijo a Santiago Segurola, el enviado especial de El País, de Madrid, minutos después del partido en Chicago. El cronista describió que Pep se mostró abatido durante toda la cena, con los pensamientos todavía perdidos en lo que había sucedido en aquella tarde.

Estaba herido porque nadie asume un compromiso más rotundo con lo que hace en el campo que el medio centro del Barcelona. El malestar de Guardiola tenía que ver con una forma de interpretar el fútbol. España había ganado y acababa de conquistar un puesto en los octavos de final. Una postura cínica de Guardiola le hubiera permitido agarrarse al resultado (3-1) para rebajar su sentimiento de culpa. Al fin y al cabo, hay gente que considera que lo único importante en el fútbol es el resultado”, narró el periodista en su diario.

Con su Barcelona, el debutante director técnico mantuvo un duelo silencioso con los pragmáticos resultadistas. Y dio una lección formidable. Con fútbol generoso, solidario y una irrenunciable obstinación ofensiva, el equipo de Guardiola ganó 14 de las 17 competiciones en las que participó.
La UpperDeck de Pep (1994)

En los pocos partidos en los que la máquina culé no engranaba, bastaban los chispazos de la novísima geometría que se forjó entre los pases de Andrés Iniesta y Xavi para dejar que Messi se regocije sacrificando a un inocente arquero. El equipo podía jugar mal colectivamente, pero no era posible que todos tengan su mala tarde en la misma fecha. Si no era el zurdo rosarino, la embocaba Pedro, David Villa o Alexis Sánchez.

En 1994 sucedió algo similar contra Bolivia. España jugó mal; el periodismo de aquel país se ensañó con el andar errático de Pep y agradeció a la providencia goleadora de José Luis Caminero.

Guardiola, que había salido como un héroe del partido con Alemania, nunca pudo llevar el juego. Tapado por Melgar, estuvo desconectado en unas fases y descriteriado en otras. Su juego fue muy plano, un defecto sorprendente en un jugador notable, capaz de leer con precisión el desarrollo de los partidos. (') Melgar salió triunfante ante Guardiola. Tuvo más claridad y más presencia. Dirigió con criterio a sus compañeros y puso la primera piedra para la apreciable actuación de Bolivia”, se leyó en El País un día después del lance.

El 3 a 1 con el que la furia roja despachó a la Verde fue criticado en Madrid y en el resto del mundo. “España se enfrentará a Suiza en octavos de final tras superar a Bolivia con un juego mediocre”, rezaba la portada de El País, mientras que el otro gran diario madrileño, El Mundo, titulaba que Javier Clemente, técnico del cuadro europeo, reconocía un “pésimo juego ante Bolivia”.

La pelota fue más boliviana que española, quizá porque tenía más definido su modelo. Es un equipo que sabe a lo que juega, pero que paga sus limitaciones. España ganó el partido por la diferencia de categoría de sus jugadores. Donde España tenía a José Luis Pérez Caminero para resolver el encuentro, Bolivia no encontraba a nadie. Esa fue la diferencia mayor”, resumió El Mundo.

Caminero, quien en ese entonces tenía 27 años y militaba en el Atlético de Madrid, convirtió los otros dos goles que nos liquidaron. Erwin Sánchez marcó la solitaria anotación nacional en ese partido y en todo el mundial.

Mientras tanto, la novata prensa futbolera estadounidense hacía énfasis en la cuestionable actuación arbitral en el Soldier Field. “Rodrigo Badilla ayudó a España facilitándole un gol temprano. La repetición demuestra que el contacto fue accidental”, sentenció el USA Today. El diario Washington Post reclamaba que “las 27 faltas señaladas contra España frente a las 11 para Bolivia no pueden pasar de largo”. “Pareciera que el Príncipe Felipe da buena suerte a los españoles”, cerró con mala leche el diario de la capital de Estados Unidos.

El New York Times prefirió recordar la famosa maldición que antes se atribuía a los seleccionados españoles de fútbol.

“A pesar de su notable talento y su rica tradición, España no ha alcanzado altas metas en ningún mundial. En las ocho comparecencias previas nunca ha pasado de los cuartos de final y aunque la victoria por 3-1 impresione sobre el papel, la verdad es que los españoles tuvieron que luchar durante la mayor parte del tiempo contra un oponente claramente inferior, y tendrá que mejorar si pretenden superar las marcas del pasado”, señaló el diario neoyorquino como premonición certera. Los ibéricos retornaron a casa en cuartos de final después de que Roberto Baggio sentenciara el 2 a 1 a favor de Italia, que sería subcampeona del torneo.

En Sudáfrica, la columna vertebral del Barcelona de Pep hizo posible que se rompiera aquel mito que castigaba a la Roja. La escuadra triunfó cuando dejó de ser la Furia para convertirse en orquesta bajo el influjo del eje Piqué-Iniesta-Xavi. La mano de Guardiola era indisimulable. Fueron los representantes de Catalunya, y no los de Madrid, los que permitieron que la Copa sea ofrendada por primera vez al Rey.

Pep ascendió al trono como heredero natural de Rinus Michel y Johan Cruyff, y su reinado duró cuatro años. A la filosofía holandesa del fútbol total le sumó poesía y el resultado fue el mejor equipo de todos los tiempos. Se despidió un 25 de mayo de 2012, cansado porque el éxito también agota.

“De aquí en unos años recordaremos, que hace tiempo en un país, hubo un grupo de gente tocando el cielo. / Canciones entonarán, que un día hace muchos años. Un hombre los llevaba de la mano. / Danzando al primer toque en el césped, creando la sinfonía más perfecta”. Toni Beiro, desde luego catalán, es uno de los primeros trovadores de la proeza culé.

Contra Bolivia, el USA Today le otorgó a Pep una lapidaria calificación: 5 sobre 10. Jugó mal y salió reemplazado a los 69 minutos por José María Bakero. No pudo jugar el partido de segunda fase por acumulación de tarjetas amarillas. Fue una tarde para el olvido, salvo por el detalle que ese pésimo remate que no pudo contener Trucco fue su único gol en mundiales.

Publicado en Página Siete el 1 de junio de 2012