miércoles, 1 de febrero de 2012

La factura del poder: seguir el ritmo de Evo

Nardi Suxo no tuvo más opción que acudir a los energizantes, Iván Canelas acabó con los ligamentos de la rodilla destrozados y Wálter Delgadillo ni siquiera pudo asistir a sus últimos actos como ministro de Obras Públicas, pues ya estaba hospitalizado.

Son sólo tres ejemplos de cómo quedaron algunos de los que pasaron por el gabinete y se vieron obligados a (tratar de) seguir el frenético ritmo de trabajo del presidente Evo Morales. Todos coinciden en algo, muy pocos le pueden igualar el paso. Uno de ellos acaba de volver al kilómetro cero, se llama Juan Ramón Quintana.

(de Abecor)

Seis años después de la llegada del Presidente a Palacio de Gobierno, sólo quedan dos ministros que lo acompañan desde el primer día: el canciller David Choquehuanca y Luis Arce Catacora, de Economía y Finanzas. Muchos se fueron por ineficiencia, otros por las feroces pugnas internas y alguno porque le gustaba tomarse un trago de más de vez en cuando; pero también están los que se tuvieron que bajar del carro porque su cuerpo así lo demandaba.

La adicción al poder, la falta o el exceso de afectos y vivir siempre a deshoras no es para todos. La política no va de la mano con la salud y eso se conoce en todo el mundo.

En el planeta...
Stalin murió de una apoplejía causada por hipertensión aguda y en sus últimos años al frente de la URSS su memoria le fallaba constantemente. Charles de Gaulle apenas sobrevivió dos años más después de soportar el legendario mayo francés en 1968 y se fue por los mismos motivos que el ruso.

Se sabe que el ex mandatario argentino Néstor Kirchner falleció porque no quiso bajar el ritmo pese a que -en secreto- ya había sido hospitalizado por afecciones cardiacas en varias oportunidades. Mucho antes, su referente político, Juan Domingo Perón, sucumbió antes de cumplir el primer año de su segunda presidencia.

Venezuela vive hoy en la incertidumbre y así deberá asistir a las urnas en octubre. Los venezolanos están cerca de reelegir por cuarta vez a Hugo Chávez sin tener la certeza de que -afectado como está por un misterioso mal- culmine su nuevo mandato.

De vuelta a casa
La política boliviana no está libre de esta dura realidad. Ana María Romero fue el as de espadas de Evo en la campaña de reelección de 2009, pero este rol le costó un violento deterioro de salud y la periodista falleció casi sin poder ejercer la presidencia del Senado.

Lejos de acercarse a episodios fatales, en Bolivia los ministros también pagan la factura del poder. Javier Hurtado, Susana Rivero, Óscar Coca, Wálter Delgadillo o Iván Canelas ya no están en el Ejecutivo por la única dictadura que no admite ningún régimen opositor con perspectivas de sobrevivir: la de la salud.

El Presidente sabe del padecimiento de sus ministros y lo utiliza para provocarlos y advertirles. Ya no bromea con ellos sólo en los gabinetes de los miércoles en la madrugada, sino que lo hace cada vez más frecuentemente en público. Les recomienda que siempre será mejor que duerman solos y que prioricen las horas de sueño a, por ejemplo, el consumo excesivo de alimentos.

No es chiste. Los colaboradores que no cuidan esos aspectos no suelen durar. La puntualidad -en el Gobierno actual- es un valor superior que César Navarro y Wilfredo Chávez, por ejemplo, tuvieron que aprender a venerar para sobrevivir en sus cargos palaciegos.

Todos, en el consejo de ministros de Morales, saben que éste puede llamarlos en cualquier momento y ahí no hay pareja o celebración que se respete. No es muy lejano a la verdad afirmar que Evo sabe con quién duerme cada uno de los miembros de su gabinete.

Arrancar la jornada laboral a las cinco de la madrugada y con la temperatura por debajo de los cero grados centígrados debe ser parte de la rutina de cualquier ministro. El Presidente convoca a encuentros a esta hora todo el tiempo y no sólo sufren los del gabinete, también les toca a las altas autoridades militares, senadores y diputados.

Alguna vez los dirigentes de la prensa nacional, que no precisamente gozan de los más grandes afectos del Jefe de Estado, fueron convocados a las cinco de la madrugada. Pese a la sorpresa e incomodidad, no tuvieron más opción que aceptar el horario de la cita.

Si alguien en especial puede hablar de los padecimientos que significa acompañar al Presidente, a costa de la salud, es Óscar Coca. Sus dolencias fueron detectadas mucho antes de que deje el gabinete y pidió en más de una oportunidad su baja. Tenía que irse en enero de 2010 y Evo le aceptó la renuncia recién medio año después. Abandonó La Paz casi de inmediato.

Todos recordaron ese episodio el fin de semana pasado, cuando Morales le rechazó públicamente a Iván Canelas su carta de dimisión. No fueron pocos los que pensaron que el ex ministro de Comunicación seguiría en el cargo un tiempo más pese a que apareció muy esporádicamente en sus últimos meses de gestión, notoriamente agotado y apoyándose en un bastón para caminar.

Tensión, cansancio y un problema de ligamentos en una de sus rodillas fueron los efectos de ser el principal acompañante de Evo Morales durante cuatro años. Primero como vocero y después como autoridad ministerial, Canelas es uno de los que más viajó al lado del Presidente.

No fueron los únicos. Wálter Delgadillo escuchó el mensaje presidencial por el segundo aniversario del Estado Plurinacional desde la cama de una clínica. Su salida fue demandada por la inmensa mayoría de los movimientos sociales, pero el factor decisivo para que deje el cargo fue que no podía seguir al mismo ritmo con la enfermedad que debe sobrellevar.

Mucho antes, el ex ministro de Producción Javier Hurtado reconoció que sufrió un derrame cerebral y abandonó el gabinete apenas seis meses después de asumir. Las tensiones son el pan de cada día y por ese entonces en Palacio la versión que más circulaba era que el problema de la ex autoridad se precipitó por una dura discusión con uno de los actuales decanos del gabinete.

No son los únicos casos y entre los actuales hay uno que provoca especial preocupación en el Ejecutivo.

Y más allá de ministros, otras que pueden hablar del estrés de trabajar codo a codo son las secretarias y jefas de gabinete que ingresaron entusiastas al Palacio Quemado y salieron de ahí sintiendo que les habían robado su juventud. Los cambios en los primeros años fueron frecuentes y después de tres intentos apareció recién una jefa de gabinete capaz de manejar la agenda presidencial. Habrá que esperar a ver si mantiene ese ritmo de vértigo ahora que inicia una nueva vida como mujer casada.

Pero para Morales, este estilo de vida no es novedad. Él se lo impuso mucho antes de ser Presidente y dobló la apuesta cuando juró a su cargo actual. Con la ayuda de algunas pastillas de maca, se ha convertido en el ejemplo a seguir de todos sus colaboradores.

Ese culto presidencial al trabajo a veces provoca que se valore más el sacrificio personal que la eficiencia o la capacidad, y a sus ministros no les queda de otra que aceptar esas reglas. Así se vive en la plaza Murillo desde hace seis años.

Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete el 29 de enero de 2011.

1 comentario :

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