lunes, 11 de junio de 2012

La última sinfonía de Pep y el penal contra Bolivia

151 opiniones
No era penal. Carlos Borja siguió un balón profundo junto a Felipe; el boliviano tropezó hacia un lado y el español se elevó hacia el otro. El árbitro costarricense creyó en el vuelo del mediocampista del Tenerife y pitó pena máxima a los 19 minutos del primer tiempo.

El ejecutor fue Josep Guardiola, quien con 23 años era una de las figuras de la escuadra ibérica en el mundial de Estados Unidos. Nadie sospechaba aún que, tres lustros después, ese muchacho sería el director de orquesta del ciclo más brillante que el fútbol hubiese conocido jamás.
La entrada para el match de ese Mundial


El remate fue pésimo. El jugador catalán dio cinco pasos y golpeó el balón casi con apatía. Le salió un tiro anunciado, suave y al medio. Si Carlos Trucco se hubiese quedado quieto lo habría contenido sin problemas, pero en ese Mundial la fortuna no le regaló ni cinco centavos a Bolivia.

Pep anotó cinco goles con su selección y uno de ellos fue al equipo mundialista boliviano. Ese 27 de junio de 1994 fue la única vez que enfrentó a la Verde (aunque a nivel de clubes coincidió en las canchas con Juan Manuel Peña, Julio César Baldivieso y Erwin Sánchez).

Su actuación aquella tarde también fue mala. Guardiola supo en estos años reprochar con dureza a su deslumbrante Barcelona, pero como jugador era demoledor a la hora de autoevaluarse.

Tienes que criticarme”, le dijo a Santiago Segurola, el enviado especial de El País, de Madrid, minutos después del partido en Chicago. El cronista describió que Pep se mostró abatido durante toda la cena, con los pensamientos todavía perdidos en lo que había sucedido en aquella tarde.

Estaba herido porque nadie asume un compromiso más rotundo con lo que hace en el campo que el medio centro del Barcelona. El malestar de Guardiola tenía que ver con una forma de interpretar el fútbol. España había ganado y acababa de conquistar un puesto en los octavos de final. Una postura cínica de Guardiola le hubiera permitido agarrarse al resultado (3-1) para rebajar su sentimiento de culpa. Al fin y al cabo, hay gente que considera que lo único importante en el fútbol es el resultado”, narró el periodista en su diario.

Con su Barcelona, el debutante director técnico mantuvo un duelo silencioso con los pragmáticos resultadistas. Y dio una lección formidable. Con fútbol generoso, solidario y una irrenunciable obstinación ofensiva, el equipo de Guardiola ganó 14 de las 17 competiciones en las que participó.
La UpperDeck de Pep (1994)

En los pocos partidos en los que la máquina culé no engranaba, bastaban los chispazos de la novísima geometría que se forjó entre los pases de Andrés Iniesta y Xavi para dejar que Messi se regocije sacrificando a un inocente arquero. El equipo podía jugar mal colectivamente, pero no era posible que todos tengan su mala tarde en la misma fecha. Si no era el zurdo rosarino, la embocaba Pedro, David Villa o Alexis Sánchez.

En 1994 sucedió algo similar contra Bolivia. España jugó mal; el periodismo de aquel país se ensañó con el andar errático de Pep y agradeció a la providencia goleadora de José Luis Caminero.

Guardiola, que había salido como un héroe del partido con Alemania, nunca pudo llevar el juego. Tapado por Melgar, estuvo desconectado en unas fases y descriteriado en otras. Su juego fue muy plano, un defecto sorprendente en un jugador notable, capaz de leer con precisión el desarrollo de los partidos. (') Melgar salió triunfante ante Guardiola. Tuvo más claridad y más presencia. Dirigió con criterio a sus compañeros y puso la primera piedra para la apreciable actuación de Bolivia”, se leyó en El País un día después del lance.

El 3 a 1 con el que la furia roja despachó a la Verde fue criticado en Madrid y en el resto del mundo. “España se enfrentará a Suiza en octavos de final tras superar a Bolivia con un juego mediocre”, rezaba la portada de El País, mientras que el otro gran diario madrileño, El Mundo, titulaba que Javier Clemente, técnico del cuadro europeo, reconocía un “pésimo juego ante Bolivia”.

La pelota fue más boliviana que española, quizá porque tenía más definido su modelo. Es un equipo que sabe a lo que juega, pero que paga sus limitaciones. España ganó el partido por la diferencia de categoría de sus jugadores. Donde España tenía a José Luis Pérez Caminero para resolver el encuentro, Bolivia no encontraba a nadie. Esa fue la diferencia mayor”, resumió El Mundo.

Caminero, quien en ese entonces tenía 27 años y militaba en el Atlético de Madrid, convirtió los otros dos goles que nos liquidaron. Erwin Sánchez marcó la solitaria anotación nacional en ese partido y en todo el mundial.

Mientras tanto, la novata prensa futbolera estadounidense hacía énfasis en la cuestionable actuación arbitral en el Soldier Field. “Rodrigo Badilla ayudó a España facilitándole un gol temprano. La repetición demuestra que el contacto fue accidental”, sentenció el USA Today. El diario Washington Post reclamaba que “las 27 faltas señaladas contra España frente a las 11 para Bolivia no pueden pasar de largo”. “Pareciera que el Príncipe Felipe da buena suerte a los españoles”, cerró con mala leche el diario de la capital de Estados Unidos.

El New York Times prefirió recordar la famosa maldición que antes se atribuía a los seleccionados españoles de fútbol.

“A pesar de su notable talento y su rica tradición, España no ha alcanzado altas metas en ningún mundial. En las ocho comparecencias previas nunca ha pasado de los cuartos de final y aunque la victoria por 3-1 impresione sobre el papel, la verdad es que los españoles tuvieron que luchar durante la mayor parte del tiempo contra un oponente claramente inferior, y tendrá que mejorar si pretenden superar las marcas del pasado”, señaló el diario neoyorquino como premonición certera. Los ibéricos retornaron a casa en cuartos de final después de que Roberto Baggio sentenciara el 2 a 1 a favor de Italia, que sería subcampeona del torneo.

En Sudáfrica, la columna vertebral del Barcelona de Pep hizo posible que se rompiera aquel mito que castigaba a la Roja. La escuadra triunfó cuando dejó de ser la Furia para convertirse en orquesta bajo el influjo del eje Piqué-Iniesta-Xavi. La mano de Guardiola era indisimulable. Fueron los representantes de Catalunya, y no los de Madrid, los que permitieron que la Copa sea ofrendada por primera vez al Rey.

Pep ascendió al trono como heredero natural de Rinus Michel y Johan Cruyff, y su reinado duró cuatro años. A la filosofía holandesa del fútbol total le sumó poesía y el resultado fue el mejor equipo de todos los tiempos. Se despidió un 25 de mayo de 2012, cansado porque el éxito también agota.

“De aquí en unos años recordaremos, que hace tiempo en un país, hubo un grupo de gente tocando el cielo. / Canciones entonarán, que un día hace muchos años. Un hombre los llevaba de la mano. / Danzando al primer toque en el césped, creando la sinfonía más perfecta”. Toni Beiro, desde luego catalán, es uno de los primeros trovadores de la proeza culé.

Contra Bolivia, el USA Today le otorgó a Pep una lapidaria calificación: 5 sobre 10. Jugó mal y salió reemplazado a los 69 minutos por José María Bakero. No pudo jugar el partido de segunda fase por acumulación de tarjetas amarillas. Fue una tarde para el olvido, salvo por el detalle que ese pésimo remate que no pudo contener Trucco fue su único gol en mundiales.

Publicado en Página Siete el 1 de junio de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Los mozos de Equipetrol (o como filtraron a La Torre)

33 opiniones
Los “autonomistas” que fueron parte del grupo conspirador La Torre todavía no saben que todas las reuniones que efectuaban en un exclusivo restaurante de Equipetrol eran escuchadas por mozos que trabajaban para un grupo de inteligencia.

Cuando la unidad especial detectó que ese local de comida japonesa -que aún sigue funcionando- era el punto de encuentro del colectivo opositor, infiltró a seis de sus miembros, quienes trabajaron allí durante casi un año.

Aclaración: Este plato nada tiene que ver con las historias que acá se cuentan

Era el año final de la conspiración (2008) y muchos de los planes de las élites cruceñas fueron anticipados gracias a los señores que servían el sushi y el sashimi en la mesa de los opositores.

Los nombres de los operadores políticos y empresariales que participaban en La Torre eran registrados antes de que ellos terminen el postre. Esa información era procesada y los reportes llegaban a Palacio en tiempo récord. De haberlo sabido, muchos de los comensales seguramente se habrían atragantado con el sake.

Y también ocurría a la inversa. En el Ejecutivo no sospechaban, en ese entonces, que los mandos policiales que pusieron en Santa Cruz eran gente que respondía a Rubén Costas y realizaba seguimiento a los referentes masistas en tierra cruceña.

Cuentan también que, mucho antes de que llegue Evo Morales a la Presidencia, existían informantes en la plaza Murillo que enviaban detallados reportes a Santa Cruz. Nadie puede asegurar que esos personajes desaparecieron en tiempos del MAS.

El espionaje, los infiltrados y los informantes son casi tan antiguos como la política. La traición ya era parte de la cotidianidad en las esferas de poder cuando los griegos escribían sobre ética. Jesús fue traicionado por uno de sus apóstoles, es decir, uno de los miembros de su “gabinete”.

También en Bolivia este fenómeno fue una constante en el periodo republicano y sigue presente en la era plurinacional.

Hubo agentes de inteligencia que primero eran reclutados por la CIA y que después aparecían en las antípodas ideológicas. Antonio Arguedas, uno de ellos, pasó del servicio de inteligencia estadounidense a entregar un policopiado del diario del Che Guevara a Fidel Castro.

Ese documento estaba destinado a ser uno de los más importantes trofeos de guerra de la historia del Ejército boliviano, pero en cambio terminó en poder de los comunistas y lo conoció todo el mundo.

Incluso se conoció que la CIA pensaba modificar el último legado del argentino-cubano. No pudo hacerlo debido a que una copia del libro de combate ya había llegado a La Habana; junto al documento también fueron entregadas las manos del comandante.

El operativo de Arguedas es digno de una película. Más de 30 años después, este agente, espía, infiltrado, ex ministro del Interior, o como quieran llamarlo, murió en Obrajes. Una bomba le explotó en las manos y hasta ahora pocos saben las verdaderas circunstancias.

Y fue otra boliviana, mitad alemana, la que vengó la muerte del Che.

Era 1971 cuando esta hermosa mujer de ojos celestes, hija del fotógrafo de Hitler y militante del Ejército de Liberación Nacional, descargó su revólver contra Roberto Quintanilla en el consulado boliviano que éste dirigía en Berlín occidental. Se llamaba Mónica Ertl.

Cuatro años antes, el diplomático fue quien consumó el asesinato de Guevara e incluso tuvo la osadía de amputarle las manos. Éstas fueron envueltas en formol por una vallegrandina de nombre Lina. Era agente de la CIA.

La Imilla (el nombre de guerra de Ertl) viajó 11.000 kilómetros para vengar aquella afrenta.

Pero a ella también le llegó la hora. La guerrillera era considerada la mujer más buscada del mundo y cometió el error de volver a Bolivia.

Por esos días el Carnicero de Lyon, Klaus Barbie, trabajaba para la dictadura de Hugo Banzer. La eterna amistad que lo unía con el padre de la Imilla no fue obstáculo para que su equipo de inteligencia la encuentre y elimine. Los restos de Ertl todavía no fueron hallados.

Y para no romper la cadena, Barbie también cayó en desgracia debido al trabajo de espías y agentes de inteligencia. El ex jefe de la Gestapo en Francia fue seguido silenciosamente durante diez años por los esposos Klarsfeld, los “cazadores de nazis”.

Una acción temeraria de un grupo de élite del Ejército boliviano permitió que el alemán fuera deportado y condenado.

El nacimiento de la democracia contemporánea en Bolivia no eliminó esta clase de prácticas y el narcotráfico dio pie a que los informantes e infiltrados sean cada vez más habituales.

El caso Huanchaca lo puso en evidencia. El primer megalaboratorio de cocaína del que se supo en Bolivia destapó los nexos de políticos locales, las agencias antidroga estadounidenses y los capos del narcotráfico.

Investigaciones posteriores establecieron que parte de las ganancias de la venta de la droga producida en la serranía de Caparuch era parte del escándalo del Irangate. Junto con el crack que circulaba en Estados Unidos, financiaba a los “contras” de la revolución sandinista.

El ministro del Interior de ese entonces, Fernando Barthelemy, fue el principal involucrado. Murió después de años de desvaríos y crisis nerviosas que empezaron con el caso Huanchaca.

Fueron informantes del Gobierno de Víctor Paz Estenssoro los que filtraron a los periodistas la información que salpicó con el escándalo a la DEA.

La droga también jodió -literalmente- al Gobierno de Jaime Paz Zamora. Uno de los cerebros del MIR, Óscar Eid, se lo dijo al lugarteniente del narco Édgar “Oso” Chavarría, cuando éste le llamó desesperado para pedirle ayuda.

Los teléfonos de los capos miristas estaban pinchados por la embajada de Estados Unidos y así, de a poco, se cerraba el círculo de lo que se conoció como los narcovínculos. “Jodidos estamos todos” es la frase inmortal que le grabaron a Eid.

Para evitar estas infidencias, en su retorno “democrático” a la Presidencia, Hugo Banzer instruyó a Marco Marino Diodato que limpie los micrófonos de todo el Palacio de Gobierno.

De nada sirvió. Tiempo después apareció una grabación del general presuntamente acompañado por una mujer que no era Yolanda Prada. El audio fue entregado por Carlos Mesa (entonces periodista) al ministro Guillermo Fortún (ahora preso) y se pudo contener el escándalo.

Diodato es un personaje emblemático en estas lides. El italiano era un experto en manejo de armas, grabaciones a opositores y clonación de teléfonos. Además estaba casado con una sobrina de Banzer y tenía grado militar honorario.

Cayó detenido sospechoso de varios delitos, entre ellos el asesinato, vía coche-bomba, de una fiscal que lo investigaba. Escapó caminando el rato que le dio la gana. Nadie puede asegurar que murió o que salió de Bolivia. Sus compañeros de juerga en Santa Cruz ahora pasean por la Monseñor Rivero y Equipetrol.

Algunos de ellos comieron en ese restaurante, cuya especialidad es la comida japonesa. Los mozos los vieron allí, pero no informaron al Palacio porque no sabían quiénes eran...

Publicado en Página Siete el 20 de mayo de 2012. La historia completa del restaurante japonés se relata en La mañana después de la guerra, libro que saldrá con Editorial El Cuervo en los próximos meses.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Pese a la represión, el Gobierno siguió con el "operativo evacuación"

18 opiniones
En la residencia presidencial estaba todo el gabinete político. Era de noche y la reunión se tensionó por las noticias del bloqueo en San Borja y las imágenes televisivas del “operativo evacuación” en Chaparina. Pese a las malas noticias, el Ejecutivo optó por seguir con la intervención a la marcha.

Página Siete conversó con dos personas de alta jerarquía que estuvieron presentes en el domicilio del presidente Evo Morales el 25 de septiembre de 2011 y que pidieron mantener sus nombres en reserva. Seis meses después de la represión a la movilización en defensa del Territorio del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), contaron cómo se tomó la decisión de continuar con el fallido intento para desarticular la marcha.


(archivo AFP)

En el encuentro intervinieron Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, el canciller David Choquehuanca, los entonces ministros Iván Canelas (Comunicación), Sacha Llorenti (Gobierno), Cecilia Chacón (Defensa), Carlos Romero (era de Presidencia y ahora es de Gobierno) y el actual viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales César Navarro, además de colaboradores de la plana mayor del oficialismo.

Los reportes iniciales de Llorenti eran auspiciosos. La ex autoridad insistía en que no había bajas de ningún lado.

García Linera, en una declaración registrada por el diario digital Oxígeno, confirmó que el ahora ex ministro de Gobierno mantuvo al Ejecutivo al tanto de lo que sucedía en Yucumo ese domingo.

“Toda la información del día ha venido del propio ministro (Sacha Llorenti)”, reconoció García Linera el 25 de noviembre.

Semanas antes dijo que el Ejecutivo ya conocía quién había dado la instrucción de intervenir la marcha. Además, el viceministro Navarro había reconocido mucho antes que la decisión de intervenir la marcha “vino del Gobierno”. Este desliz fue negado después por otras autoridades del Ejecutivo y desde entonces se habla de la “ruptura en la cadena de mando”.

Cambio de planes
Todo el ambiente de la reunión en la residencia presidencial cambió cuando el bloqueo de San Borja obligó a los buses a girar con rumbo a Rurrenabaque.

Ya de noche, los celulares de Sacha Llorenti no dejaban de sonar con reportes de la Policía y de los funcionarios del Ministerio de Gobierno desplegados en la zona.

Cuando Gigavisión y PAT comenzaron a difundir las filmaciones del operativo, en la que se vio a indígenas golpeados, maniatados y amordazados con cinta masking, el ex ministro comenzó a hablar de un enfrentamiento entre uniformados y originarios que jamás sucedió. Meses después, dijo que recibió esa información errónea de algunos policías.

La investigación de la Defensoría del Pueblo, con testimonios y facturas de venta, reveló que fueron funcionarios del Ministerio de Gobierno los que compraron el masking y otros instrumentos usados en la represión.

El operativo debe seguír
A esas alturas, los miembros del Ejecutivo habían visto las imágenes de la represión y se optó por seguir adelante con la “evacuación”. En ese momento se decidió gestionar aviones con la Fuerza Aérea. Hasta ahora Cecilia Chacón, quien renunció a su cargo horas después, no aclaró si tuvo que ver con la partida de las naves.

Quien sí hizo una declaración que incomodó al Ejecutivo fue el actual comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Tito Gandarillas. En octubre, cuando encabezaba la Fuerza Aérea, dijo que la orden se “coordinó” con el Comandante de las FFAA, que en ese tiempo era Armando Pacheco. En enero de este año, Gandarillas tuvo que retractarse y afirmó que él dispuso la movilización de las naves por iniciativa propia.

ERBOL informó, en septiembre del año pasado, que desde Palacio se solicitó otro avión a la agencia estadounidense NAS.

El intento por evacuar a la marcha por vía aérea también fracasó. Los pobladores de Rurrenabaque se enteraron de la llegada de los buses en la madrugada del 26 de septiembre y tomaron la pista. Los aviones no pudieron aterrizar y los detenidos fueron rescatados.

En la residencia presidencial se decidió que al día siguiente se debían “copar” los medios de comunicación. Canelas tenía que estar en Cochabamba; Romero, en Santa Cruz; Chacón, en Trinidad (nunca fue) y el resto se quedaría en La Paz. Uno de los argumentos que se pretendió usar fue que el operativo se realizó por la instrucción de un fiscal después que el 24 de septiembre se intentó “secuestrar” al canciller.

La difícil reunión concluyó antes de la medianoche.

San Borja y Rurrenabaque impidieron la “evacuación”
La intervención de los pobladores de San Borja y Rurrenabaque impidió que la Policía lograra desarticular la marcha en defensa del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y logró el rescate de los indígenas.

Videos que se grabaron en aquella noche muestran como, después de la represión, policías trataban de tranquilizar a los marchistas diciéndoles que serían llevados a sus poblaciones mientras eran subidos a buses y camionetas.

Varios de los originarios estaban amordazados y enmanillados con cinta masking.

El objetivo del operativo lo relata el ex viceministro de Régimen Interior Marcos Farfán, en el informe que presentó ante la Fiscalía. El término de “evacuación” fue usado precisamente por la ex autoridad gubernamental cuando relató la instrucción de movilizarse a Yucumo horas antes de aquel episodio que recibió del entonces ministro de Gobierno Sacha Llorenti.

Más adelante, en el mismo informe, Farfán señala que Llorenti indicó que los marchistas serían llevados a sus poblaciones. “Me dijo que estaba gestionando aviones para que de Rurrenabaque trasladen la los indígenas a sus lugares de origen”.

El informe de la Defensoría del Pueblo sobre el operativo reveló que funcionarios del Ministerio de Gobierno fueron los que contrataron a los buses. Además, se hallaron facturas que prueban que el masking fue comprado por personal de ese despacho.

Sin embargo, el bloqueo en San Borja hizo que los buses tuvieran que cambiar de rumbo. Al cerrar el camino, los pobladores de esta localidad impidieron el paso del convoy a Trinidad. Desde allí se tenía que enviar a los indígenas a sus comunidades.

La reacción en Rurrenabaque terminó por desmoronar el intento de desarticular la marcha de la CIDOB. La Policía accedió a liberar a los marchistas retenidos en los vehículos contratados por el Gobierno. Los indígenas aguardaron allí al resto del bloque que logró escapar de la intervención y unas semanas después ingresaron a La Paz.

Publicado en Página Siete el 25 de marzo de 2011

domingo, 22 de abril de 2012

[1952-1986-2008] Las revoluciones del MNR y el MAS

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Cada inauguración de un ciclo hegemónico recrea horizontes, ejes ideológicos que definen las perspectivas y programas de los proyectos políticos de cada tiempo determinado. Sucedió en la Revolución Nacional de 1952 cuyo ciclo se cerró con la debacle popular de 1986 y, recientemente, volvió a ocurrir a partir de la derrota de las élites conservadoras en 2008.
(de Abecor)

Es así como la rebelión popular que encarnó el Movimiento Nacionalista Revolucionario, a mediados de siglo pasado, estableció que el eje ideológico dominante fuera precisamente el nacionalista y revolucionario.

Luis Antezana, en un artículo fundamental titulado Sistemas y procesos ideológicos en Bolivia (en Bolivia Hoy, Siglo XXI editores, 1983) habla del “ideologuema del N-R”.

A partir del proceso revolucionario nacionalista y modernizador de 1952 (algunos dicen que parte en 1946, con Villaroel) se constituye una “herradura ideológica” con dos polos -nacionalista y revolucionario- hegemonizantes para el espacio ideológico y el campo político boliviano.

La “herradura” abarcaba así a los proyectos de derecha e izquierda y éstas debían moverse en este universo cerrado. En aquel entonces las expresiones de la “anti-nación” que representaban a la oligarquía minera, por ejemplo, quedaron fuera. Cuando menos de forma temporal.

El proceso político actual también logró consolidar un momento de ruptura en el que un bloque histórico es cualitativa y cuantitativamente superado por el otro. Sin necesidad de un derrocamiento y una insurrección popular -como nos acostumbraron los ejemplos de Cuba, Nicaragua o nuestro 1952- podemos decir que el Movimiento Al Socialismo encarnó una revolución.

Paréntesis necesario. Desde luego que encarnar un proceso no representa que el partido sea el único referente o dueño.

El MNR administró el Estado conquistado por la insurrección más importante del siglo pasado, así como ahora el MAS detenta el poder que conquistaron los movimientos sociales. Sin los mineros del 52 y sin los indígenas y campesinos en 2008 no se habrían consolidado los momentos revolucionarios.

El “abril” del MAS es septiembre de 2008. Cuando el oficialismo resistió la ofensiva final de las fuerzas conservadoras atrincheradas en los departamentos de oriente y sur e impuso su proyecto de transición constitucional hacia un nuevo Estado.

Las acciones de movimientos sociales que primero cercaron Santa Cruz y después enfilaron hacia La Paz fueron imprescindibles.

En 2008 se produjo el momento de discontinuidad más importante -en la historia de Bolivia - desde 1952. Y para encontrar un episodio de ruptura que haga de puente entre las revoluciones del MNR y el MAS hay que volver a 1986, cuando otra generación del partido rosado abrió las puertas a las expresiones de la “anti-nación” con la inauguración de la noche neoliberal.

1952 abrió un horizonte nacionalista y revolucionario; 1986 sepultó aquel intento de Estado y al campo popular del siglo XX; y 2008 abrió un nuevo ciclo hegemónico con un renovado eje ideológico que abarca lo intercultural, autonómico e indigenista.

Tal vez hallemos en la comprensión/asimilación de este ciclo hegemónico la explicación de los recurrentes fracasos de la oposición que, desde 2008, no puede proponer otro país.

Así como la izquierda no pudo proponer nada nuevo durante toda la década de los 90; ahora le toca a la derecha vagar por un momento de vacío e incapacidad.

La izquierda del siglo XX ya no tenía lugar en la historia después de la capitulación de Calamarca (1986), al igual que las élites del neoliberalismo no tienen perspectivas de recuperar al país después de que fueron derrotadas en Porvenir (2008).

Se morirán de tristeza, pero no volverán.

El proceso de cambio todavía no ha construido a sus fantasmas propios, no ha engendrado a su nueva clase política y consecuente élite partidaria (o de movimientos sociales). Pero ya es algo en gestación.

No es descabellado pensar que en algún espacio se viene creando una derecha autonómica, intercultural y plurinacional (vale aclarar que ésta no es, como acusa el Gobierno, el Movimiento Sin Miedo o la Confederación de Indígenas del Oriente).

Se vienen recreando las contradicciones internas en los choques entre visiones de país que tienen campesinos e indígenas, en las diferentes comprensiones de lo que es economía plural, en el proceso agrario, en la soberanía alimentaria...

Y así como le pasó al bloque de Víctor Paz , a los pocos años de la “ruptura”, comenzaron a emerger las contradicciones en el seno mismo de la revolución. Como ya pasó antes, ahora es tiempo de disidencias y lecturas antagónicas dentro de un mismo proceso. Y también, más temprano que tarde, será tiempo de una nueva ruptura histórica.

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Publicado en Página Siete el 9 de abril de 2012, a 60 años de la Revolución Nacional de 1952.

miércoles, 18 de abril de 2012

Domitila fue imprescindible para pasar de las botas a las urnas

23 opiniones
El 17 de enero de 1978 fue un día que Domitila Barrios de Chungara nunca olvidó. Fue cuando escuchó la resolución presidencial que decretaba amnistía general, desmilitarización de las minas y liberación de los presos.

La huelga “de las mujeres” triunfaba sobre una dictadura que comenzaba a despedirse y en el piquete se mezclaban abrazos, risas y llantos.

Ya se habían anunciado las elecciones presidenciales para julio de ese año y Domitila, como muchas otras veces, desplegaba esa sonrisa invicta que la acompañó hasta el final de su vida. Ganaron. Ganó.

Los impulsos eléctricos (la famosa picana) que recibió en las torturas y las botas militares le costaron buena parte de la dentadura, pero ella jamás dejaba aquel gesto amable que exhibía piezas postizas y algún vacío. Era imposible no sonreír después de poner fin al banzerato.

A Bolivia le costó mucho volver a la democracia y el piquete de huelga que iniciaron Luzmila Rojas de Pimentel, Nelly Colque de Paniagua, Aurora Villarroel de Lora y Angélica Romero de Flores fue uno de los episodios decisivos (Chungara fue primero coordinadora y se unió después al grupo que ayunaba).

Fueron 18 años de cuartelazos, represión y masacres (1964-1982) que tuvo que resistir la emblemática líder del Comité de Amas de Casa de Siglo XX, la organización que crearon las esposas de los mineros para apoyar en la labor política en los centros mineros del norte de Potosí.

(1967) “El ampliado de los secretarios debía inaugurarse el día 25 de junio. Pero la víspera, al amanecer del 24, que es la fiesta tradicional de San Juan, cuando se hacen fogatas y todos acostumbramos servirnos unas copas con los vecinos, cantar y bailar, entró el Ejército y mató a mucha gente. Y a todas las personas que, según ellos, habíamos apoyado a las guerrillas nos agarraron, nos apalearon, nos maltrataron y a varios les mataron. A mí, por ejemplo, a patadas me hicieron perder a mi hijito en la cárcel, porque decían que yo era enlace guerrillero”.

Así relató Domitila lo que fue la masacre de San Juan en la entrevista que le hizo la brasileña Moema Viezzer y que se publicó en 1977 como el libro Si me permiten hablar...

Muchos años después, en 2004, Domitila creó el Movimiento Guevarista. La pérdida de un hijo, la cárcel y la masacre no lograron extinguir su compromiso con las ideas del Che.

Por ese tiempo también comenzó a impulsar la Escuela Móvil de Formación Política. La enfermedad, que la acompañó desde 1984, le impidió consolidar estos dos últimos proyectos.

Sus males empezaron en los días de tortura. Su insuficiencia renal, que le demandaba costosos tratamientos de hemodiálisis, fue por culpa de su paso por las celdas policiales y centros de reclusión de los militares.

Pese a que siempre dijo que prefería Catavi o Siglo XX antes que París o Estocolmo, tuvo que instalarse en la capital sueca en los años del exilio. Allí fue cuando compartió con Gabriel García Márquez, quien llegó a esa ciudad a recibir nada menos que el premio Nobel de Literatura.

De vuelta al país tuvo un paso corto por la democracia de partidos. Fue candidata a la Vicepresidencia de la República por el Frente Revolucionario de Izquierda. Sin embargo, 1985 no era tiempo para opciones desde el campo popular.

Esa vez sufrió el machismo y la discriminación de la partidocracia naciente. En las paredes escribían que ella y su compañero de fórmula tenían amoríos.

Nunca más participó en procesos electorales. Fue una luchadora social que siempre aclaró que no peleó para que los políticos se enriquezcan. “Ésta no es la democracia por la que luchamos”, le dijo a estudiantes en una visita que hizo a un colegio paceño a finales del siglo pasado. Su sonrisa invicta seguía allí.

Lo suyo no era la plata. Por eso fue que necesitó de la solidaridad cubana y de ex autoridades, como el ex ministro Óscar Coca, en estos últimos años.

Sin su vida militante, la democracia no cumpliría 30 años de vida ininterrumpida en este año.


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Publicado en Página Siete en marzo de 2012

miércoles, 1 de febrero de 2012

La factura del poder: seguir el ritmo de Evo

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Nardi Suxo no tuvo más opción que acudir a los energizantes, Iván Canelas acabó con los ligamentos de la rodilla destrozados y Wálter Delgadillo ni siquiera pudo asistir a sus últimos actos como ministro de Obras Públicas, pues ya estaba hospitalizado.

Son sólo tres ejemplos de cómo quedaron algunos de los que pasaron por el gabinete y se vieron obligados a (tratar de) seguir el frenético ritmo de trabajo del presidente Evo Morales. Todos coinciden en algo, muy pocos le pueden igualar el paso. Uno de ellos acaba de volver al kilómetro cero, se llama Juan Ramón Quintana.

(de Abecor)

Seis años después de la llegada del Presidente a Palacio de Gobierno, sólo quedan dos ministros que lo acompañan desde el primer día: el canciller David Choquehuanca y Luis Arce Catacora, de Economía y Finanzas. Muchos se fueron por ineficiencia, otros por las feroces pugnas internas y alguno porque le gustaba tomarse un trago de más de vez en cuando; pero también están los que se tuvieron que bajar del carro porque su cuerpo así lo demandaba.

La adicción al poder, la falta o el exceso de afectos y vivir siempre a deshoras no es para todos. La política no va de la mano con la salud y eso se conoce en todo el mundo.

En el planeta...
Stalin murió de una apoplejía causada por hipertensión aguda y en sus últimos años al frente de la URSS su memoria le fallaba constantemente. Charles de Gaulle apenas sobrevivió dos años más después de soportar el legendario mayo francés en 1968 y se fue por los mismos motivos que el ruso.

Se sabe que el ex mandatario argentino Néstor Kirchner falleció porque no quiso bajar el ritmo pese a que -en secreto- ya había sido hospitalizado por afecciones cardiacas en varias oportunidades. Mucho antes, su referente político, Juan Domingo Perón, sucumbió antes de cumplir el primer año de su segunda presidencia.

Venezuela vive hoy en la incertidumbre y así deberá asistir a las urnas en octubre. Los venezolanos están cerca de reelegir por cuarta vez a Hugo Chávez sin tener la certeza de que -afectado como está por un misterioso mal- culmine su nuevo mandato.

De vuelta a casa
La política boliviana no está libre de esta dura realidad. Ana María Romero fue el as de espadas de Evo en la campaña de reelección de 2009, pero este rol le costó un violento deterioro de salud y la periodista falleció casi sin poder ejercer la presidencia del Senado.

Lejos de acercarse a episodios fatales, en Bolivia los ministros también pagan la factura del poder. Javier Hurtado, Susana Rivero, Óscar Coca, Wálter Delgadillo o Iván Canelas ya no están en el Ejecutivo por la única dictadura que no admite ningún régimen opositor con perspectivas de sobrevivir: la de la salud.

El Presidente sabe del padecimiento de sus ministros y lo utiliza para provocarlos y advertirles. Ya no bromea con ellos sólo en los gabinetes de los miércoles en la madrugada, sino que lo hace cada vez más frecuentemente en público. Les recomienda que siempre será mejor que duerman solos y que prioricen las horas de sueño a, por ejemplo, el consumo excesivo de alimentos.

No es chiste. Los colaboradores que no cuidan esos aspectos no suelen durar. La puntualidad -en el Gobierno actual- es un valor superior que César Navarro y Wilfredo Chávez, por ejemplo, tuvieron que aprender a venerar para sobrevivir en sus cargos palaciegos.

Todos, en el consejo de ministros de Morales, saben que éste puede llamarlos en cualquier momento y ahí no hay pareja o celebración que se respete. No es muy lejano a la verdad afirmar que Evo sabe con quién duerme cada uno de los miembros de su gabinete.

Arrancar la jornada laboral a las cinco de la madrugada y con la temperatura por debajo de los cero grados centígrados debe ser parte de la rutina de cualquier ministro. El Presidente convoca a encuentros a esta hora todo el tiempo y no sólo sufren los del gabinete, también les toca a las altas autoridades militares, senadores y diputados.

Alguna vez los dirigentes de la prensa nacional, que no precisamente gozan de los más grandes afectos del Jefe de Estado, fueron convocados a las cinco de la madrugada. Pese a la sorpresa e incomodidad, no tuvieron más opción que aceptar el horario de la cita.

Si alguien en especial puede hablar de los padecimientos que significa acompañar al Presidente, a costa de la salud, es Óscar Coca. Sus dolencias fueron detectadas mucho antes de que deje el gabinete y pidió en más de una oportunidad su baja. Tenía que irse en enero de 2010 y Evo le aceptó la renuncia recién medio año después. Abandonó La Paz casi de inmediato.

Todos recordaron ese episodio el fin de semana pasado, cuando Morales le rechazó públicamente a Iván Canelas su carta de dimisión. No fueron pocos los que pensaron que el ex ministro de Comunicación seguiría en el cargo un tiempo más pese a que apareció muy esporádicamente en sus últimos meses de gestión, notoriamente agotado y apoyándose en un bastón para caminar.

Tensión, cansancio y un problema de ligamentos en una de sus rodillas fueron los efectos de ser el principal acompañante de Evo Morales durante cuatro años. Primero como vocero y después como autoridad ministerial, Canelas es uno de los que más viajó al lado del Presidente.

No fueron los únicos. Wálter Delgadillo escuchó el mensaje presidencial por el segundo aniversario del Estado Plurinacional desde la cama de una clínica. Su salida fue demandada por la inmensa mayoría de los movimientos sociales, pero el factor decisivo para que deje el cargo fue que no podía seguir al mismo ritmo con la enfermedad que debe sobrellevar.

Mucho antes, el ex ministro de Producción Javier Hurtado reconoció que sufrió un derrame cerebral y abandonó el gabinete apenas seis meses después de asumir. Las tensiones son el pan de cada día y por ese entonces en Palacio la versión que más circulaba era que el problema de la ex autoridad se precipitó por una dura discusión con uno de los actuales decanos del gabinete.

No son los únicos casos y entre los actuales hay uno que provoca especial preocupación en el Ejecutivo.

Y más allá de ministros, otras que pueden hablar del estrés de trabajar codo a codo son las secretarias y jefas de gabinete que ingresaron entusiastas al Palacio Quemado y salieron de ahí sintiendo que les habían robado su juventud. Los cambios en los primeros años fueron frecuentes y después de tres intentos apareció recién una jefa de gabinete capaz de manejar la agenda presidencial. Habrá que esperar a ver si mantiene ese ritmo de vértigo ahora que inicia una nueva vida como mujer casada.

Pero para Morales, este estilo de vida no es novedad. Él se lo impuso mucho antes de ser Presidente y dobló la apuesta cuando juró a su cargo actual. Con la ayuda de algunas pastillas de maca, se ha convertido en el ejemplo a seguir de todos sus colaboradores.

Ese culto presidencial al trabajo a veces provoca que se valore más el sacrificio personal que la eficiencia o la capacidad, y a sus ministros no les queda de otra que aceptar esas reglas. Así se vive en la plaza Murillo desde hace seis años.

Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete el 29 de enero de 2011.

martes, 3 de enero de 2012

Candombe, fútbol y letras: En el país que combina a Benedetti con Forlán

7 opiniones
El bar Fun Fun es el más antiguo de las cantinas que sobreviven en el muy bohemio Montevideo. Allí se mezclan candombes, milongas y tangos con vino de la casa y grappamiel.

(Abecor)

En los muros del local, entre policopiados de tapas de las novelas de Juan Carlos Onetti y los poemas de Mario Benedetti y Daniell Viglietti publicados en periódicos de hace más de 30 años, aparece una foto del periodista y escritor Julio Toyos con su “amigo”, nada menos que el gran Obdulio Varela. El “Negro Jefe”, héroe del Maracanazo.

El gran Obdulio en una pared del Fun Fun...


Cuando arranca la música, uno de los muchos intérpretes que pasan por el escenario del Fun Fun entona los primeros versos de una de las más emblemáticas murgas del montevideano Jaime Roos.

Cuando juega Uruguay, juegan tres millones. // Corren las agujas, corre el corazón...

Y los asistentes se levantan y brindan a gritos, porque en fútbol se saben y se creen, como dice la letra de Roos, campeones de América y del mundo.

La canción sigue y recuerda la frase más emblemática de Obdulio. Como dice el Negro Jefe, los de afuera son de palo.

La historia cuenta que Varela quedó muy impactado después de haber silenciado a 203.850 brasileños en el Maracaná -tras la final del Mundial de Fútbol de 1950- y que, casi pidiendo disculpas, pasó esa noche brindando con los derrotados en los bares de Río.

Cuando me reconocieron, pensé que me iban a matar. Por suerte fue todo lo contrario, me felicitaron y nos quedamos bebiendo juntos, recordaría después de aquel mítico partido.

Varela, sin quererlo, definió la estampa del fútbol uruguayo: con el cuchillo entre los dientes, los de afuera son de palo.

Mucho tiempo después, un amargado Obdulio renegaba de aquella victoria y repetía insistentemente que la victoria del ímpetu uruguayo sobre el talento brasileño sólo habría sido posible por una casualidad.

Gracias a eso, el diario El País de Montevideo inventó en aquel tiempo la tesis Varela-Benedetti. El gran poeta llegó a decir lo mismo del momento más glorioso del fútbol uruguayo. Aparentemente era lo único en lo que coincidían el vate y el jugador.

El Negro Jefe jugó 12 años en Peñarol, el gran rival del Nacional, del que era hincha Benedetti. Sin embargo, el poeta estaba lejos de interpretar aquel antagonismo como una relación de odio bélico (muy usual en estos días), sino más bien como un idilio trágico en la pobreza.

Que un hincha de Peñarol se enamore de un chica de Nacional, o viceversa, puede originar resentimientos familiares de envergadura, que los conviertan en los Montescos y Capuletos del subdesarrollo, escribió.

Peñarol, en un museo de Montevideo


Benedetti nunca lo reconoció en vida y tuvo que ser Eduardo Galeano quien lo delate. Cuando me despertaba, el encanto concluía y yo volvía a ser el pata dura de siempre. Esa fue una de mis coincidencias con Mario, los dos habíamos nacido gritando ¡Gol!, los dos hubiéramos deseado ser grandes jugadores de fútbol, pero fuimos vergüenzas de la cancha.

Otro que era realmente malo con el balón fue Juan Carlos Onetti. El autor de La vida breve veía el fútbol con la misma desesperanza con la que ambientaba sus cuentos.

Onetti, que antes de empezar en el periodismo fue peón de albañil, pintor de paredes, portero de un edificio, vendedor de máquinas de sumar y de neumáticos, encontró el peor oficio de su vida en la venta de entradas para partidos de fútbol en el estadio Centenario.

¿Qué es un vendedor de entradas si no un promotor de la esperanza? Una magnífica ironía hizo que el puesto recayera en un inventor de derrotas, dijo Juan Villoro cuando se enteró de ello.

Sin embargo, los escritores de mala pata (con respeto) no son lo único que produce Uruguay. Y tampoco todo su fútbol es áspero y vehemente, como el que lucía Varela.

De tierras uruguayas salió uno de los más finos y artísticos jugadores que dio América Latina. El francés Zinedine Zidane bautizó Enzo a su hijo porque aprendió a jugar viendo a Franccescoli.

El relator uruguayo Víctor Hugo Morales lo bautizó El Principe, por la estética y acabado que exhibía en su juego.

De hecho, en el equipo del Maracanazo jugaban varios artistas. El mejor de ellos fue Juan Alberto Schiaffino, mediocampista ofensivo de la celeste, quien "tenía un radar en lugar de cerebro" (Cesare Maldini dixit.). Aquel jugador que brilló en Milán y la Roma es uno de los antecedentes imprescindibles de lo que después fueron los enganches, especie que tristemente ahora está en extinción.

El Pepe Schiaffino le ganó al Principe de River Plate la pulseta por quién fue el mejor uruguayo del siglo XX. Atrás quedaron muchos grandes como Scarone, Andrade o Rubén Sosa, el poeta del gol. Adelante vendrían muchos otros talentosos hasta llegar a esta auténtica generación de oro liderada por Diego Forlán y dirigida por el Maestro Óscar Washington Tabárez. Uno de los últimos sabios del fútbol, si los hay.

Sin embargo, yo me quedo con otro. Uno que para mí se insinúa como una mezcla de todo lo anterior. Alguien que combinó talento, candombe, baile, huevos, picardía, maldad y poesía épica en el último gol que metió en un campeonato del mundo.

La mejor definición de aquella gesta del Loco Sebastián Abreu la hizo Martín Caparrós. “Algo así, supongo, es el arte”, dijo después de sentenciar a ese tanto como el mejor del pasado mundial de Sudáfrica. Lo apoyo plenamente.

Uruguay volvió al primer mundo del fútbol gracias a aquel campeonato y sus habitantes lo respiran a diario, como si quisieran explotar al máximo el momento de gloria que viven después de más de 50 años de austeridad.

Es así que en Ciudad Vieja, el barrio de la bohemia, donde en los cafés se lee a Benedetti, se mezclan jóvenes con poleras de Luis Suárez y de Diego Forlán, el capitán que, hoy por hoy, está apenas una grada por debajo de Artigas.



El Gol de Sebastián Abreu...

Era el momento decisivo: el último tiro de una serie, el que podía definirla y darle al Uruguay su mejor posición en medio siglo. Cualquiera hubiera hecho la ortodoxa: fuerte, media altura, si posible esquinado –y, de últimas, si el arquero se la para nadie le echaría culpas graves, mala leche. En cambio picarla es puro despilfarro: si sale bien es un gran chiste, carcajada del Guasón; si sale mal es la crucifixión sin tercer día, el fin sin revancha posible.

Abreu se mandó porque tenía ganas de joder, de ser el que se jugó la vida a un cuatro de copas y ganó, de romper con la lógica de la producción, de cagarse en la tapa del piano. Algo así, supongo, es el arte.

(Fragmento de “Un final –un principio, un medio”, de Martín Caparrós, julio de 2010)


Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete, el 1 de enero de 2012.