lunes, 3 de octubre de 2011

Marchas: En Bolivia se hace camino al andar (Cuando la historia se escribe con los pies)

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Una marcha que partió con menos de 400 personas hace más de 45 días amenaza con convertirse -si es que no lo es ya- en un parteaguas del proceso de cambio. Veinticinco años antes, la derrota de otra -la Marcha por la vida- significó el inicio de la era neoliberal.

Bolivia es un país que, literalmente, marcha para escribir su historia. Pasos de mineros, cocaleros, campesinos e indígenas forjaron/forjan episodios que significaron el inicio o el fin de procesos políticos de diferente data y características. 

(Abecor)

Analistas y protagonistas coinciden en que este fenómeno es una peculiaridad “muy boliviana” que se repite con recurrencia y que en una importante cantidad de casos cambia el rumbo de las cosas. 

El neoliberalismo, la irrupción indígena, el liderazgo de Evo Morales y la defensa de la hoja de coca; la nueva Constitución y, últimamente, la defensa de la Madre Tierra, son episodios de la historia reciente del país que vienen marcados por marchas.

Un país que marcha...
Quizás uno de los discursos más emotivos y lúcidos de Evo fue pronunciado en Caracollo el 13 de octubre de 2008, en la partida de la “Marcha por la refundación de Bolivia”, cuyo objetivo era asegurar la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política del Estado. 

Marchista fogueado en caminatas de represión y de hambre, el Presidente alternó su intervención entre la exposición de la significación histórica de la movilización y el relato de sus experiencias personales para derrotar al cansancio de los kilómetros.

“Es una marcha para refundar el país. No es una marcha de dolor, sino de orgullo. Tiene que ser disciplinada porque es una marcha pacífica”, pidió Morales antes de pasar a explicar cómo aliviar los callos y curar las heridas con una botellita de alcohol, y cómo soportar el hambre con una bolsa de hojas de coca.


Esa caminata logró su objetivo. Poco después del mediodía del 20 de octubre ingresó a la plaza Murillo y aguardó allí hasta que, unas horas después, el Congreso anunció el acuerdo que viabilizó el referéndum para aprobar la nueva Carta Magna.

Según el sociólogo Ricardo Calla, basta una revisión fugaz de la historia para advertir que en Bolivia se producen, cada cierto tiempo, marchas que resignifican procesos políticos y transforman las realidades. 

“Las marchas cambian el rumbo de la historia y las luchas en la vida de Bolivia. A partir de la de 1990, por ejemplo, ya sabíamos que la reivindicación de los pueblos indígenas iba a marcar el desarrollo de la resistencia frente al capital”.

Aquella “marcha por el Territorio y la Dignidad” es recordada como la caminata que visibilizó a los pueblos originarios del oriente de Bolivia y como uno de los primeros antecedentes de demanda de una modificación al texto constitucional para incorporar a los indígenas al “país oficial”.

Bienvenido Zacu y Jaime Paz Zamora, uno dirigente y otro Presidente, estuvieron enfrentados en aquella oportunidad. Hoy ambos coinciden en que la movilización cambió la historia del país.

“Nosotros no nos imaginábamos que se iba a lograr tal efecto. Antes a los pueblos de tierras bajas no nos tomaban en cuenta los políticos de izquierda, ni de derecha. Después de esa marcha nos conocieron en el país y hasta logramos la creación del TIPNIS”, señaló el líder originario en una charla con Ideas.

“El Decreto 226 lo elaboramos con los pueblos indígenas y todo mi gabinete. Decidimos crear un parque nacional. Históricamente, se incorporó al proceso democrático a los indígenas de la Amazonia”, dijo el ex mandatario recordando cómo entonces fue al encuentro del bloque de marchistas antes de que ingrese a la sede de Gobierno.

De todas formas, antes de aquel encuentro hubo amagues de su administración para frenar la movilización indígena con represión.

La derrota histórica
Antes de la transición constitucional y la inauguración del Estado plurinacional, autonómico y comunitario, el antecedente de ruptura histórica más importante para el país es la derrota minera de marzo de 1986, en Calamarca.

Cuando la “marcha por la Vida” desistió de avanzar más, se inauguró definitivamente el periodo neoliberal que se extendió por más de 25 años. La noche larga...

Los mineros tuvieron que claudicar después de que el Gobierno de Víctor Paz Estenssoro había decidido defender el Decreto 21060 a sangre y fuego: Instaló tanques frente a los marchistas y aviones sobrevolaban el altiplano. Entonces, Filemón Escóbar, Simón Reyes y otros dirigentes decidieron, para preservar las vidas de sus compañeros, que las bases volverían a sus centros

Con la derrota de la Federación de Mineros y la COB se instaló el neoliberalismo y se advino la relocalización de las minas, la libre contratación y las privatizaciones/capitalizaciones. También significó  la debacle de los sindicatos y la clase obrera boliviana, que fue desmantelada. El campo popular tardaría más de 15 años en volver a levantar la cabeza. 

Sociólogos y politólogos locales, entre ellos el vicepresidente Álvaro García Linera, interpretaron a la derrota de Calamarca como el fin de una época  histórica para la lucha sindical. 

La bandera recién fue recogida por indígenas y campesinos en la Guerra del Agua de abril de 2001, que finalmente devino en la llegada a la presidencia de Evo Morales.

La irrupción de Morales
En ese marco, Álex Contreras, parte del entorno cercano del Morales cocalero-diputado y primer vocero de su Gobierno, recordó que la “marcha por la coca y la soberanía nacional” (1994), fue decisiva para la irrupción de la figura de Evo.

“Los pilares de este proceso son las marchas como la protagonizada por los pueblos del oriente, Chaco y Amazonia en 1990 y las del movimiento cocalero, a mediados de los 90. Con Evo empecé a marchar en esa época, ahí nos conocimos y presencié cómo nació su liderazgo”, señaló Contreras a Ideas.

La era de la Madre Tierra
A tiempo de evaluar la importancia de la actual marcha de los indígenas en defensa del TIPNIS, la socióloga Silvia Rivera comparó a la intervención policial del anterior domingo con las producidas desde principios del siglo pasado. 

Señaló que las caminatas desde el campo a las ciudades tienen una capacidad de interpelación más fuerte porque los gobiernos siguen “la premisa del salvaje” para justificar la violencia y la represión.

“Al igual que Bautista Saavedra en la masacre de Jesús de Machaca o los gobiernos liberales, el actual Ejecutivo reprimió a los indios, con lo que dio a entender que estos no tienen derecho a pensar por sí mismos. Ellos acusaron a mestizos de ser los azuzadores, como si los indígenas no tuvieran derecho a indignarse y a pensar”.

Rivera señaló que ahora “los salvajes” son aquellos que defienden su relación con la tierra y el cuidado de la naturaleza. 

Con todas estas evidencias históricas, y las que permiten un análisis coyuntural, Calla no duda de que la movilización del TIPNIS es la inauguración de una nueva era de resistencia. "Somos partícipes de un nuevo tiempo de resistencia frente al capital y esta vez está relacionada con la defensa de la Madre Tierra. Esta lucha nació en Bolivia".

Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete el 2 de octubre de 2011