lunes, 8 de agosto de 2011

La mañana antes de la guerra

Síntesis del hilo conductor de "La mañana después de la guerra", libro de próxima publicación del mismo autor sobre la ruptura histórica que Bolivia vivió en 2008. Publicado el 6 de agosto de 2011, en el suplemento especial por los 2.000 días de Evo Morales en la presidencia.

El edificio del Instituto Nacional de Reforma Agraria en Santa Cruz no abrió sus puertas a las ocho de la mañana del 9 de septiembre de 2008. Nadie fue a trabajar. El rumor era cada día más fuerte y una confidencia del saqueo permitió salvar documentación invaluable. 

Cuando finalmente entraron decididos/instruidos a quemarlo todo, no sabían que muchos de los papeles más importantes estaban a más de 175 kilómetros de allí. En la madrugada que precedió a la batalla final fueron rescatados en una camioneta y llevados hasta San Julián y Cuatro Cañadas.

En el operativo, mandaron a un grupo de personas con discapacidad al frente, como línea de golpeo y escudo. Una 4x4 fue sacrificada para completar el trabajo; la usaron para terminar de derribar la puerta que impedía el paso a la “recuperación” del INRA. Esa mañana arrancaba la “departamentalización” de las instituciones. 

Probablemente fueron quemadas o tal vez estén por ahí, envejeciendo en algún depósito. Las poleras que tenían estampada la leyenda Evo asesino, RENUNCIE nunca fueron repartidas y sólo unas pocas vieron la luz. En la parte de atrás se podía leer Fuerzas Armadas, no defiendan al asesino. Si en esos días de furia había un muerto, los grupos organizados para la toma de los predios estatales iban a salir a las calles con esas camisetas negras. 

A esas horas el Gobierno intuía el peligro y optó por no sacar a los militares, el Ejército jugó un papel secundario. Policías salieron a reprimir la ola de ocupaciones y fueron rebasados fácilmente. El Ejecutivo recién descubriría el plan de las camisetas después, cuando la guerra había concluido. En esas horas definitivas ignoraba que todo un operativo de interpelación e impacto mediático estaba preparado si se producía una baja. Pudo ser mucho más grave. 

Una de esas prendas llegó a las manos de Evo cuando todo ya había concluido. También estaban listos carteles con la misma frase impresa. Los que idearon lo de las poleras esperaban que las imágenes de una multitud uniformada acusando al Presidente de asesino y pidiendo su renuncia dieran la vuelta al mundo y sean la tapa de los diarios de Bolivia. Pero nadie murió en Santa Cruz en esa semana. 

En las madrugadas, con el Palacio de Gobierno prácticamente vacío, Evo Morales, Álvaro García Linera y Juan Ramón Quintana analizaban el comportamiento de todas las unidades militares del departamento cruceño. Otro motivo por el que no se utilizó a las FFAA fue que existía un temor real de que alguno de los batallones se diera la vuelta y apoye a la movilización regional.

Existía un plan de emergencia delineado entre el Ejecutivo y el Alto Mando de las Fuerzas Armadas que tampoco se llevó a cabo, no fue necesario. La participación de los movimientos sociales resultó fundamental. Fue un momento de excepcional cohesión en el que las clases subalternas entendieron que se definía su proyecto político de inclusión. 

Una significativa mayoría de las organizaciones campesinas e indígenas dejaron de lado sus diferencias y su determinación disimuló algunas de las flaquezas que exhibía el Gobierno en su hora más difícil. Mientras en la plaza Murillo se rechazaban cartas de renuncia de ministros que decidieron bajarse del carro, en las poblaciones rurales cruceñas se multiplicaban los cabildos clandestinos para defender el proceso. Una de las asambleas se efectuó a oscuras, cuando llamaban lista no preguntaban por el nombre del dirigente sino por la comunidad o municipio que representaba.

Finalmente los movimientos sociales no cercaron Santa Cruz, los uniformados no abandonaron los cuarteles y las poleras nunca se estrenaron, pero faltó poco. Edson Ruiz, miembro de la Unión Juvenil Cruceñista, falleció el 17 de septiembre después de haber recibido un golpe en la nuca en un enfrentamiento en Tiquipaya. Bloques de la UJC fueron hasta allí para defender a la capital oriental de la marcha indígena que reclamaba la devolución de las instituciones. Era demasiado tarde, la historia ya estaba jugada y nada era lo mismo.

Rubén Costas tampoco llegaría a ejecutar su Ley de nombramiento de las máximas autoridades de las dependencias del Gobierno Nacional en la jurisdicción del Departamento Autónomo de Santa Cruz y la gaceta departamental con la publicación de esa norma desaparecería de la noche a la mañana. Ese plan (que significaba una ruptura real con el Estado) también fue abortado y los más radicales jamás le perdonarán aquel retroceso al Gobernador.

A esas alturas, Leopoldo Fernández ya dormía en una celda mientras que Costas, Ernesto Suárez y Mario Cossío estaban en Cochabamba negociando sobre la base del proyecto de nueva Constitución. El proceso constituyente comenzó a destrabarse a partir de lo que se recordará para siempre como la Masacre de Porvenir

En un solo año se registraron dos cercos al poder Legislativo, hubo cuatro referendos ilegales, uno inédito que revocó a dos prefectos, se tomaron más de 75 instituciones estatales en cinco departamentos y se registró el episodio de vergüenza y racismo exacerbado más triste en Sucre. 

Un mes y 10 días después de los hechos de Pando, el Congreso concluía el trabajo iniciado por la Asamblea Constituyente dos años antes. Casi 200 artículos del proyecto de Carta Magna aprobado en Oruro fueron modificados en mesas de trabajo públicas y clandestinas. Cuatro meses después, la Constitución era aprobada por seis de cada diez bolivianos en las urnas. La violencia política en ese año costó la vida de más de 20 personas.

Esos días intensos y decisivos son el momento de discontinuidad en la historia de Bolivia más importante desde 1952. Para encontrar la última vez que se vivió un momento de similar trascendencia a lo de Porvenir hay que retroceder hasta 1986, cuando los mineros fueron derrotados por el Ejército y se inauguró la noche neoliberal en Calamarca. Desde el horizonte de la disputa hegemónica entre bloques de poder, los ganadores de aquella vez perdieron hace tres años. En la mañana después de la guerra ya era otro país.

7 comentarios :

  1. interesante el libro... cosas q ni sabia q estaban x suceder!!

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  2. Precisamente por todas esas historias que quedaron en el camino decidí hacer esta investigación.

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  3. paso de gigante Bo!!! felicidades, ya había leido esto, ahora el libre?? increíble!! tu narración es extraordinaria!

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  4. El libro lo presentaremos el 25 de julio, si cumplo con el calendario que programamos con la editorial. Gracias por las palabras.
    Disculpa la falta de respeto, pero ¿quién eres?

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  5. Hola Boris, hubiera sido 'hermoso' que para junio salga, para la feria de sta cruz. De todas maneras me parece emocionnte el libro y bueno para la editorial El cuervo que abra paso a la no fiction. Estaría interesante también que lo subas al amazon y se pueda leer en el kindle. salud y suerte!

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