lunes, 29 de agosto de 2011

Realidades y trampas en el TIPNIS

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Una carretera hacia una zona de nula presencia estatal donde viven más de 20.000 familias de colonizadores y 15.000 indígenas puede llevar control a un lugar donde existen avasallamientos, plantaciones ilegales y tala de árboles, o facilitar el camino para la colonización de un parque nacional, la proliferación de la coca, el narcotráfico y la explotación ilegal de madera.

A la hora de argumentar sobre la problemática del TIPNIS, como en cualquier otro tema, todo se define en el punto de vista desde donde se observe. Ahí está la trampa. La fuerza de los hechos, la rigurosidad en el análisis y la honestidad intelectual hacen la diferencia a la hora de sentar una posición. Más en realidades tan complejas como las que envuelven al Isiboro Sécure.

En la colonia Icoya, al norte del río Isiboro

Así, es peligroso hablar desde la candidez del ecologismo como de la insensibilidad del desarrollismo. 

El TIPNIS es una reserva forestal con el grado de parque nacional de máxima protección y considerado como uno de los pulmones del mundo. Al mismo tiempo, la carretera puede significar un cambio trascendental en la forma de vida de pobladores rurales de al menos tres departamentos, transformar para siempre la integración del país y consolidar una estrategia geopolítica de impactos favorables difíciles de calcular.

Todas esas afirmaciones son ciertas, pero honestamente, los dos discursos me parecen igual de peligrosos. Veamos…

El Parque Nacional tiene 402 especies de flora y se estima la existencia de más de 3.000 especies de plantas superiores. Allí habitan 108 especies de mamíferos y más de 470 especies de aves. Hay animales que allí habitan que están en peligro de extinción como el oso jucumari o la londra.

Existen 39 especies de reptiles, 53 de anfibios y 188 de peces y mamíferos nadadores, entre ellos el delfín rosado que también corre peligro de desaparecer. ¿Santuario? ¿Reserva y pulmón? Sí. ¿Galería de caza y pesca? ¿Depósito de madera? También.

En Icoya

En el TIPNIS existen cazadores, hacendados, madereros y colonos que aprovechan de los recursos que existen en la reserva forestal. Y algunos miembros de las comunidades indígenas también lo hacen. La propia Subcentral de Pueblos del Isiboro Sécure ha castigado a muchos de sus miembros por llegar a acuerdos clandestinos con traficantes.

Evo Morales tenía razón cuando dijo que “el TIPNIS ya no era tan virgen”. El ministro Wálter Delgadillo también lo dijo: el TIPNIS ya no es un lugar de gran reserva, es sólo (de) presencia indígena. Le faltó un poco de tacto al titular de Obras Públicas porque por esas palabras lo condenaron desde los medios de comunicación, pero reflejó una realidad (una de las muchas realidades). 

Así las cosas, una carretera que partiría de Villa Tunari y llegaría a San Ignacio de Moxos (y que de pasada partiría al parque Isiboro Sécure) suena como una solución razonable y hasta necesaria. Pero tampoco…

¿Quién te asegura que los colonizadores no ingresarán de manera masiva en el Isiboro Sécure? Si en las condiciones actuales ya hay cocaleros que violaron la franja pactada con los indígenas, la denominada “línea roja”, y no han cesado los avasallamientos y enfrentamientos. 

El TIPNIS está demasiado cerca del Chapare. El trópico cochabambino no solo tiene al Presidente como su máximo referente, también tiene dinero, prosperidad, tolerancia, un crecimiento demográfico descomunal y autos; la inmensa mayoría de ellos chutos y en proceso de nacionalización.

Y también está la droga y su dinero. En el avasallamiento de 2009 en San Miguelito (al sur del parque), los colonos llevaban motosierras modernas para desmonte masivo, dinamita, varios litros de combustible, armas de fuego y equipamiento para levantar un asentamiento con facilidad. No se lo oficializó, pero los indígenas no tienen dudas de que esa era una incursión con el objetivo de producir coca para el narco.

Así, la fuerza de los hechos, la rigurosidad en el análisis y la honestidad intelectual son urgentes. Aunque lo más probable es que alguno de los cálculos políticos sea el que se imponga. Ya veremos.

* Publicado en el suplemento IDEAS  de Página Siete el 28 de agosto de 2011.
** Fotos: Boris Miranda

lunes, 22 de agosto de 2011

La coca abunda en el TIPNIS

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Primer reportaje de la incursión periodistica en la parte sur del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), publicado en Página Siete el 14 de agosto de 2011.

En el sur del parque Isiboro Sécure, la mayoría son casas improvisadas de madera y casi todos los que allá habitan son inmigrantes que llegaron desde el occidente del país. Los pobladores se ganan la vida con la agricultura, aunque ya existen tiendas, talleres mecánicos, servicio de transportes e incluso un salón de fiestas. 

Hay algo más. En el TIPNIS todos lo saben, pero casi nadie lo dice. Es un secreto a voces, que algunas autoridades nacionales reconocieron pero siempre minimizaron. Las plantaciones de la hoja de coca abundan en la zona cochabambina de la reserva forestal y no sólo en la zona de colonias delimitada por la "línea roja" del polígono 7. 

Hojas secando en la comunidad Icoya

Agosto no es tiempo de lluvias y el río Isiboro alcanza apenas medio metro de altura. Una camioneta Mercedes Benz modelo 1963 cruza el caudal y conecta con una senda de tierra que se abre paso entre árboles y troncos. Desde Villa Tunari, Cochabamba, ese es el ingreso principal al Territorio Indígena y Parque Nacional.

Para ingresar a la reserva hay que subirse en movilidades cincuentenarias que parten desde la población de Isinuta; el punto de partida del tramo II de la futura carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. Página Siete llegó hasta las orillas del río Ichoa (zona central del TIPNIS, a 110 kilómetros de Isinuta), donde se acaba el camino de tierra y sólo se puede continuar a través de canoas para llegar a territorio yuracaré.

La comunidad Isiboro es una de las primeras que cruza la camioneta. Una posta de salud y una tienda de refrescos se divisan junto a otras construcciones precarias. Allí, a pocos metros de la ruta de tierra, una lona de cuatro metros de largo por tres de ancho sirve de base para que las hojas de coca puedan secar.

Nosotros no tenemos carretera y a veces hay que esperar hasta cinco días para sacar arroz, yuca o plátano al mercado del Chapare. Las naranjas se echan a perder. Es la justificación que brinda Marcial Mamani, de la comunidad Icoya (60 kilómetros al norte del ingreso al Parque). 

Fin del camino, a partir de ahí hay que seguir en canoa
Él, como una gran cantidad de colonos que llegaron a la reserva forestal hace más de tres décadas, justifica las plantaciones de coca debido a la falta de condiciones económicas. “La coca da ganancias que ningún otro producto nos da”.

La imagen de las hojas bajo el sol de la mañana se repite en la mayoría las comunidades que atravesó este medio durante su recorrido por el TIPNIS. En Isiboro, Santísima Trinidad, Patiño Norte, 1ro de Mayo, Bolívar, Nueva Aroma, San Juan de Icoya, Paraiso, Moleto e Ichoa se puede ver a la hoja de coca secando en las puertas de las casas, al borde de las carreteras, en patios y también bajo el arco de una cancha de fútbol.

Fructuoso Domínguez, que vive en la región hace más de 23 años, cuenta que la coca llegó a la reserva forestal antes que él y que las autoridades siempre lo supieron. Ahora respetamos el cato, estamos afiliados a las Seis Federaciones del Trópico, explica.

Viajando por la carretera sólo se puede ver a la hoja secar. Las plantaciones están más adentro en el monte o en lugares que nadie visita nunca como la costa del río Ichoa. Pablo Rojas, dirigente de la Subcentral Indígena del TIPNIS, asegura que en las colonias y en territorios indígenas se camufla la coca entre sembradíos de arroz.

Página Siete verificó que los cocales están detrás de casas o en los montes, en zonas de difícil visibilidad y acceso. Los sembradíos están mezclados en parcelas con otros productos como la yuca, el arroz y los árboles de naranja.

Los colonizadores argumentan que no son los únicos responsables y apuntan a uno de los cerros del otro lado del caudal; aseguran que en territorio yuracaré también hay plantaciones de coca.

Para comprobarlo se necesitaría viajar en embarcaciones y avanzar monte adentro durante al menos tres días.

Los cocaleros del Isiboro Sécure dicen que toda su producción sale trimestralmente al mercado de coca legal de Sacaba; sin embargo la hoja que se produce en el otro lado de la línea roja no es considerada legal.

Una tienda en la comunidad Icoya

Hace dos semanas, el viceministro de Defensa Social Felipe Cáceres reconoció que existen cocales en el TIPNIS, sin embargo apuntó que se trata de un fenómeno aislado y se refirió a 160 personas que habría deforestado el parque y sembrado coca en San Gabriel y en las comunidades de Sanandita y Tacopaya.

Incluso el presidente Evo Morales ha advertido que es ilegal el sembradío en los parques nacionales. Las Seis Federaciones negaron tener afiliados que planten coca más allá del polígono 7 del Isiboro Sécure, sin embargo los colonos del lugar aseguran estar afiliados en la central 15 de diciembre.

De acuerdo a las estimaciones, existen alrededor de 20.000 familias asentadas en la parte sur del Isiboro Sécure, la zona colonizada conocida como el polígono 7.

Fotos: Boris Miranda

lunes, 8 de agosto de 2011

La mañana antes de la guerra

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Síntesis del hilo conductor de "La mañana después de la guerra", libro de próxima publicación del mismo autor sobre la ruptura histórica que Bolivia vivió en 2008. Publicado el 6 de agosto de 2011, en el suplemento especial por los 2.000 días de Evo Morales en la presidencia.

El edificio del Instituto Nacional de Reforma Agraria en Santa Cruz no abrió sus puertas a las ocho de la mañana del 9 de septiembre de 2008. Nadie fue a trabajar. El rumor era cada día más fuerte y una confidencia del saqueo permitió salvar documentación invaluable. 

Cuando finalmente entraron decididos/instruidos a quemarlo todo, no sabían que muchos de los papeles más importantes estaban a más de 175 kilómetros de allí. En la madrugada que precedió a la batalla final fueron rescatados en una camioneta y llevados hasta San Julián y Cuatro Cañadas.

En el operativo, mandaron a un grupo de personas con discapacidad al frente, como línea de golpeo y escudo. Una 4x4 fue sacrificada para completar el trabajo; la usaron para terminar de derribar la puerta que impedía el paso a la “recuperación” del INRA. Esa mañana arrancaba la “departamentalización” de las instituciones. 

Probablemente fueron quemadas o tal vez estén por ahí, envejeciendo en algún depósito. Las poleras que tenían estampada la leyenda Evo asesino, RENUNCIE nunca fueron repartidas y sólo unas pocas vieron la luz. En la parte de atrás se podía leer Fuerzas Armadas, no defiendan al asesino. Si en esos días de furia había un muerto, los grupos organizados para la toma de los predios estatales iban a salir a las calles con esas camisetas negras. 

A esas horas el Gobierno intuía el peligro y optó por no sacar a los militares, el Ejército jugó un papel secundario. Policías salieron a reprimir la ola de ocupaciones y fueron rebasados fácilmente. El Ejecutivo recién descubriría el plan de las camisetas después, cuando la guerra había concluido. En esas horas definitivas ignoraba que todo un operativo de interpelación e impacto mediático estaba preparado si se producía una baja. Pudo ser mucho más grave. 

Una de esas prendas llegó a las manos de Evo cuando todo ya había concluido. También estaban listos carteles con la misma frase impresa. Los que idearon lo de las poleras esperaban que las imágenes de una multitud uniformada acusando al Presidente de asesino y pidiendo su renuncia dieran la vuelta al mundo y sean la tapa de los diarios de Bolivia. Pero nadie murió en Santa Cruz en esa semana. 

En las madrugadas, con el Palacio de Gobierno prácticamente vacío, Evo Morales, Álvaro García Linera y Juan Ramón Quintana analizaban el comportamiento de todas las unidades militares del departamento cruceño. Otro motivo por el que no se utilizó a las FFAA fue que existía un temor real de que alguno de los batallones se diera la vuelta y apoye a la movilización regional.

Existía un plan de emergencia delineado entre el Ejecutivo y el Alto Mando de las Fuerzas Armadas que tampoco se llevó a cabo, no fue necesario. La participación de los movimientos sociales resultó fundamental. Fue un momento de excepcional cohesión en el que las clases subalternas entendieron que se definía su proyecto político de inclusión. 

Una significativa mayoría de las organizaciones campesinas e indígenas dejaron de lado sus diferencias y su determinación disimuló algunas de las flaquezas que exhibía el Gobierno en su hora más difícil. Mientras en la plaza Murillo se rechazaban cartas de renuncia de ministros que decidieron bajarse del carro, en las poblaciones rurales cruceñas se multiplicaban los cabildos clandestinos para defender el proceso. Una de las asambleas se efectuó a oscuras, cuando llamaban lista no preguntaban por el nombre del dirigente sino por la comunidad o municipio que representaba.

Finalmente los movimientos sociales no cercaron Santa Cruz, los uniformados no abandonaron los cuarteles y las poleras nunca se estrenaron, pero faltó poco. Edson Ruiz, miembro de la Unión Juvenil Cruceñista, falleció el 17 de septiembre después de haber recibido un golpe en la nuca en un enfrentamiento en Tiquipaya. Bloques de la UJC fueron hasta allí para defender a la capital oriental de la marcha indígena que reclamaba la devolución de las instituciones. Era demasiado tarde, la historia ya estaba jugada y nada era lo mismo.

Rubén Costas tampoco llegaría a ejecutar su Ley de nombramiento de las máximas autoridades de las dependencias del Gobierno Nacional en la jurisdicción del Departamento Autónomo de Santa Cruz y la gaceta departamental con la publicación de esa norma desaparecería de la noche a la mañana. Ese plan (que significaba una ruptura real con el Estado) también fue abortado y los más radicales jamás le perdonarán aquel retroceso al Gobernador.

A esas alturas, Leopoldo Fernández ya dormía en una celda mientras que Costas, Ernesto Suárez y Mario Cossío estaban en Cochabamba negociando sobre la base del proyecto de nueva Constitución. El proceso constituyente comenzó a destrabarse a partir de lo que se recordará para siempre como la Masacre de Porvenir

En un solo año se registraron dos cercos al poder Legislativo, hubo cuatro referendos ilegales, uno inédito que revocó a dos prefectos, se tomaron más de 75 instituciones estatales en cinco departamentos y se registró el episodio de vergüenza y racismo exacerbado más triste en Sucre. 

Un mes y 10 días después de los hechos de Pando, el Congreso concluía el trabajo iniciado por la Asamblea Constituyente dos años antes. Casi 200 artículos del proyecto de Carta Magna aprobado en Oruro fueron modificados en mesas de trabajo públicas y clandestinas. Cuatro meses después, la Constitución era aprobada por seis de cada diez bolivianos en las urnas. La violencia política en ese año costó la vida de más de 20 personas.

Esos días intensos y decisivos son el momento de discontinuidad en la historia de Bolivia más importante desde 1952. Para encontrar la última vez que se vivió un momento de similar trascendencia a lo de Porvenir hay que retroceder hasta 1986, cuando los mineros fueron derrotados por el Ejército y se inauguró la noche neoliberal en Calamarca. Desde el horizonte de la disputa hegemónica entre bloques de poder, los ganadores de aquella vez perdieron hace tres años. En la mañana después de la guerra ya era otro país.

martes, 2 de agosto de 2011

"Sin militancia no hay futuro"

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Una de las fundadoras del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional llegó al país para el seminario "Rostros de la democracia", organizado por el PNUD, el Órgano Electoral y la FBDM. Antes guerrillera, ahora senadora, concedió una entrevista que se publicó en IDEAS de Página Siete el 31 de julio de 2011.

Una guitarra y un fusil, trapo rojinegro y una boina

La salvadoreña Norma Guevara fundó el Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional en 1980 y durante toda esa década combatió en las filas insurrectas. Ahora es senadora y el movimiento guerrillero en el que se formó está en el Gobierno. 30 años han pasado desde aquel alzamiento armado. 

En una conversación con Ideas, la parlamentaria contó cómo su movimiento sobrevivió a la intervención norteamericana, a un Ejército sin ningún límite moral o humano, a una dictadura feroz, a la larga noche neoliberal y al tiempo. El FMLN nunca descuidó la formación de su militancia, concluye Guevara.

¿Cómo hico el Frente para transitar de un ejército guerrillero a un partido de Gobierno?
Nosotros estamos en una función de Gobierno, pero no nos definimos como un partido tradicional. En nuestras filas todos tienen la convicción de que estamos caminando en un rumbo de justicia social y de profundización de la democracia, sin importar si obtenemos alguna clase de beneficio como sector. No nos asemejamos a los partidos en los cuáles los miembros u organizaciones trabajan sólo si obtienen beneficios. 

Algunos de estos elementos se asemejan a la autodefinición del partido de Gobierno en Bolivia…
La semenjanza puede estar en los fines más que en los mecanismos para la construcción. Nosotros reunimos un componente de movimientos sociales que ven en nuestro partido a su representante en la esfera política, pero también venimos de una experiencia de una organización guerrillera que tiene un régimen organizativo y moral bastante forjado.
En eso hay una diferencia. Quienes venimos de la época del conflicto bélico asumimos la importancia del sistema organizativo interno del partido, con bases sólidas y necesidad de formación política.
Veo que el MAS es, todavía, ante todo una mezcla de organizaciones, no de personas. Al FMLN se ingresa de forma voluntaria, personal. Eso dice en nuestro estatuto. Nosotros no reunimos organizaciones y entiendo que el MAS sí asume a organizaciones como parte orgánica de su partido. Yo creo que eso les otorga riqueza, pero también tiene que producir dificultades para la toma de decisiones y contradicciones internas muy fuertes.

¿Cuál es la importancia de la militancia en una organización?
Nuestra militancia la definimos como aquellas personas que conocen muy bien la organización y las funciones que tienen. Tienen una identificación ideológica y política y actúan sistemáticamente en cualquier actividad que el partido organiza y planifica.
Con las organizaciones sociales tenemos entendimientos puntuales y se hacen pactos, fundamentalmente en tiempo electoral. Pero eso no significa que ingresan al FMLN. Si lo hacen significaría que deben asumir las mismas responsabilidades y deberes que establece nuestro estatuto.

Aquí, pareciera, existe una deficiencia en la construcción de una militancia con formación política sólida…
La militancia es esencial. Las tareas que la sociedad nos impone requieren el desarrollo de capacidades. Se necesita una perspectiva nacional y programática en los cuadros para que exista coherencia en el proyecto del cual somos parte. En el Frente tenemos una Escuela Nacional de Cuadros, una de juventudes y una política de militancia. Eso no se descuida. El desafío que tenemos requiere una militancia formada, personas no sólo con capacidad técnica sino con visión política que aseguren una gestión pública acorde a los valores de nuestro partido.

¿Cómo sobrevivieron tanto tiempo?
Creo que la formación fue importante, la reflexión colectiva permanente nos permitió vivir. El Frente tiene 30 años, sin militancia no hay futuro. Con orgullo podemos decir que nuestros militantes que ocupan funciones en el Gobierno lo están haciendo muy bien, mantienen una línea de conducta para la cual se prepararon desde el primer día que ingresaron al Frente, esa línea se llama ética. Es muy caro para un proyecto político perder esa línea de conducta. 

Norma Fidelia Guevara de Ramirios

Los días de la ofensiva final…

Norma Fidelia Guevara de Ramirios lleva el nombre del líder de la revolución cubana y el apellido de su máxima figura, y no es casualidad. En los primeros días de la década del ochenta formó parte de aquel grupo de revolucionarios que lanzó la “ofensiva final” bajo la bandera rojinegra del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional.
“Estábamos en medio de un conflicto militar. Estamos hablando de un Ejército institucional y uno guerrillero enfrentados vioilentamente”, rememora quien ahora es senadora por el mismo Frente.
La guerra en El Salvador se prolongó toda esa década y 75.000 personas fallecieron. “Teníamos la intervención norteamericana, que era muy distinta en esos tiempos. No saben lo que era enfrentarse a los Estados Unidos en los ochentas”, argumenta la ex guerrillera.

La potencia alentó, financió y asesoró militarmente a la dictadura para impedir que el Frente logre el objetivo que se había alcanzado en Cuba y Nicaragua. El FMLN fue la guerrilla latinoamericana que más cerca estuvo de tomar el cielo por asalto. No pudo.
“Es una victoria no haber permitido que el enemigo nos transforme la ilusión”, resalta. “Los que estamos antes de que el Frente fuera Frente y sobrevivimos tenemos la enorme responsabilidad de asegurar que siga el hilo conductor de toda esta historia”, advierte.
Hoy, Guevara es senadora y divide el tiempo entre la Comisión de Reformas Constitucionales que preside en el Congreso de El Salvador y visitas internacionales (estuvo en La Paz para el seminario Rostros de la Democracia, organizado por el PNUD, la FBDM y el OEP).
Recuerda con orgullo los días en los que dormía con su fusil FAL, pero reconoce que fue fundamental haber protagonizado la negociación por la paz en su país y el desarme final. Hace más de dos décadas que no dispara y ya no tiene armas. Confiesa que ya no sabría cómo manejar una.
Cierra la conversación con Ideas mirando atrás, recuerda a los compañeros que quedaron en el camino desde aquel 10 de octubre de 1980 en el que fundaron al Frente. “Nunca me desprenderé de ellos, nuestras obras serán el testimonio de su vida”.