viernes, 1 de julio de 2011

Mosetenes esclavizados por un televisor

Publicado en Página Siete el 29 de mayo de 2010.
ESTRATEGIA. Comerciantes colonizadores otorgan electrodomésticos y dinero a mosetenes, y éstos a cambio deben entregar madera, generando un círculo de deuda sin final.

Marín Huasna es un comunario mosetén que pasa la mayoría de los meses del año en el interior del bosque, dedicado a la tala de árboles para cumplir la deuda que tiene con comerciantes colonizadores.

Como él, una buena parte de las familias de su comunidad asumieron compromisos casi impagables por un televisor o un refrigerador y ahora están obligadas a extraer madera de sus bosques a favor del tráfico ilegal para tratar de salir, casi siempre en vano, de aquel círculo de endeudamiento.

“A veces se les da dinero, combustible, equipos o víveres. Así ellos están ‘vendidos’, ya no son libres de vender su producto a otro porque ya están ‘habilitados’”, confiesa Ungui Vera, uno de los traficantes de madera que es parte de este círculo sin final que tiene atrapado al pueblo indígena que habita en el norte paceño, cerca de Palos Blancos.

Un taller mosetén en la mitad del bosque

Este reconocimiento -“ellos están vendidos, ya no son libres”- no es una exageración. Los colonizadores, en su mayoría llegados desde tierras altas, generaron un sistema de endeudamiento que condiciona a los mosetenes y los obliga a tributar en madera de forma permanente. Esta práctica se conoce en la región como “habilito”.

“La falta de capital de los comunarios para realizar la extracción de madera de manera independiente los obliga a recurrir a un maderero, quien a su vez será el comprador de la madera que el comunario saque del monte. Para los gastos operativos, el maderero entrega al comunario un ‘habilito’, que es un adelanto del pago por la madera que será entregada”, explica Daniela Ricco, antropóloga que investigó la relación entre madereros y mosetenes.

Prisioneros

“Se contrae una deuda y el que les da el ‘habilito’ los tiene como prisioneros”, relata Orlando Morales, también mosetén.

Los comerciantes no perdonan una y cobran hasta las herramientas para efectuar la tala y extracción, como la motosierra o la gasolina para hacerla funcionar. Además entregan “a crédito” electrodomésticos, que son necesarios para mejorar la calidad de vida de la comunidad. Televisores, refrigeradores, ventiladores llegan hasta la población -muchas veces con sobreprecios- y cuya única forma de pago es con más madera.

“Los comunarios nunca van a decir ‘no’ a algo que les están regalando, parece que fuera regalo pero es una forma estratégica”, explica Vicente Moy, ex presidente de la Organización del Pueblo Indígena Mosetén (OPIM).

Sin embargo, las “dádivas” otorgadas por los comerciantes están lejos de ser tales. A los comunarios les venden una motosierra en 12.000 bolivianos, cuando su valor en el mercado es la mitad.

Lo mismo sucede con los alimentos, combustible, electrodomésticos y hasta con la antena parabólica que instalaron para toda la comunidad. Un mosetén debe pagar hasta la gasolina y el alquiler del camión, en el que el maderero se lleva el recurso natural.

“El ‘habilito’ incluye motosierra, gasolina, víveres y dinero. Todo tiene que incluir el ‘habilito’ y nosotros tenemos que corresponder con madera”, cuenta Marín Huasna.

Prebendas

Chuck Sturtevant, quien junto a Ricco produjo el documental Habilito: deuda de por vida, explicó que los comerciantes lograron ganar poder dentro de la comunidad mosetén a partir del dinero y las prebendas.

El material audiovisual (disponible en la web de Página Siete) es uno de los primeros trabajos que revela la realidad que vive esta población indígena.

“El hecho de que el maderero es quien regala un trofeo para el campeonato de fútbol, por ejemplo, le da autoridad dentro de la población. Los ‘regalos’ juegan un papel muy importante, así tienen una posición distinta”, cuenta el investigador y antropólogo.

La Tierra Comunitaria de Origen (TCO) mosetén está alejada de los núcleos urbanos del norte de La Paz y su acceso es difícil por lo precario de los caminos.

Los colonizadores de tierras altas, con hábitos de comercio muy arraigados, aprovechan esta precariedad y su capacidad económica mucho mayor para condicionar a los indígenas. Ellos mismos son los proveedores de medicinas, alimentos enlatados, vestimentas y otros artículos de consumo.

“Aprovecho la relación que tengo con ellos (los mosetenes), los conozco porque casi hemos crecido juntos. Me he enraizado acá y eso me ha permitido crecer, aumentar mi trabajo. Me he convertido como en un inversionista para ellos”, comenta Ungui Vera, comerciante que alquila maquinaria y camionetas a los mosetenes a cambio de madera.

La madera tanbién se lleva en botes


La tala y el fin

Los indígenas ingresan al bosque en grupos. Después de que el comerciante cumplió con el “habilito” y otorgó motosierras, gasolina, víveres y algún dinero a los indígenas, éstos ingresan al área forestal de su Tierra Comunitaria de Origen (TCO) y comienza la tala.

Una vez derribado el árbol, con valiosa madera -mara o quina- los comunarios hacen incluso la obra fina. Si las dimensiones de los tablones difieren de la medida exigida, los colonizadores se niegan a reconocer el valor y la deuda contraída sigue en crecimiento.

Los adultos cargan y utilizan las motosierras para derribar los árboles, mientras que los más jóvenes se dedican a la pesca para que las mujeres preparen la comida. En el monte se instalan casas improvisadas con troncos y plásticos, donde duermen todos.

Meses después, lanchas y camiones cargados con tablones salen del bosque. La madera será vendida en La Paz y fuera del país a precios mucho más altos que el que se reconoció al comunario. En muchos casos la venta se hace directamente en dólares o euros.

Más del 90% de la madera que sale de los bosques mosetenes no cuenta con el Certificado Forestal y la tala no sigue el plan de reforestación, dado que no hay suficiente personal de la Autoridad de Bosques y Tierras.

Darío Chairique, un mosetén mayor, dice que “el ‘habilito’ eterno va a acabar con el bosque mosetén y sólo va a enriquecer al maderero”.

Fotos: Chuck Sturtevant

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