domingo, 3 de abril de 2011

Zizek en Bolivia: Los intelectuales de izquierda son increiblemente narcisistas

Entrevista publicada en Página Siete el 28 de marzo de 2011

Slavoj Zizek, el pensador contemporáneo del momento, estuvo en Bolivia
“Lo que amo de América Latina es que la izquierda evoca el pasado, lo ancestral”

Eduardo Paz y Boris Miranda

Honestidad brutal. Europa no tiene un proyecto político de izquierda y los pensadores que vienen de allá y de Estados Unidos alaban los procesos políticos latinoamericanos únicamente como una idealización de su sueño sobre nosotros.

Lo dijo Slavoj Zizek, el psicoanalista y filósofo esloveno que estuvo en Bolivia la anterior semana. Durante su conferencia en La Paz llenó el auditorio del Banco Central de Bolivia y en países como Argentina lleva cantidades de gente similares a las que convoca un cantante consagrado.

El pensador contemporáneo del momento conversó con Página Siete y, sin ninguna clase de filtro, se despachó contra la intelectualidad europea y norteamericana, dio un avance de su próxima obra en la que busca salir del conflicto político y volver a refugiarse en la filosofía, además de explicar las razones de su admiración por el proceso de Bolivia y de otros países de América Latina.

- Parece que en sus últimos libros, como Bienvenidos a tiempos interesantes y Primero como tragedia y después como farsa, existe un giro en su trabajo. Ya no podemos encontrar más exposiciones sobre conceptos psicoanalíticos pero sí análisis sobre la conflictividad política. ¿Este giro puede verse como una urgencia de pasar al acto?
En la Cinemateca
- No. Temo que con esto voy a decepcionarlos. Me estoy cansando de esta basura política. Durante los últimos dos años he estado escribiendo un libro extenso sobre Hegel y Lacan que tendrá cerca de 800 páginas.

Estoy, definitivamente, retornando al trabajo puramente filosófico con un libro muy agresivo. Voy a tratar de reinterpretar la física cuántica y sacarla de una visión oscurantista con una relectura materialista, voy a re-enfrentar a Hegel con Marx, voy a mostrar a un Marx más idealista que Hegel.

Es frecuente que la gente me haga consultas sobre cuestiones políticas. Estas opiniones que yo vierto no son más que mi deber ciudadano, por decirlo de alguna forma, por mi rol de supuesto intelectual, pero mi verdadero amor es la filosofía. Me estoy volviendo lo suficientemente viejo y quiero retornar a ello, a la discusión puramente filosófica.

Por supuesto pasan cosas en el mundo y yo quiero reaccionar a ellas y opino. Pero, por ejemplo, en mi último libro todavía no traducido, Living in the end times, lo único que realmente me gusta de él es un largo capítulo de crítica a la economía política de Marx y Hegel.

- Sin embargo, la conferencia que brindó acá en La Paz fue más política y estuvo bastante alejada del bagaje conceptual del psicoanálisis, uno de sus fuertes'

- Sí, pero aquí hay un problema. Cuando reúnes a más de 300 ó 400 personas para una conferencia tienes dos opciones: la política o la comedia. Por experiencia te digo que no puedes hablar de Hegel en un auditorio así, pierdes la atención de manera instantánea. Un filósofo profesional como yo, aún cuando pretendo ser popular, suele presumir que la gente tiene conocimientos elevados. No puedes contar con eso. Tenemos que darnos cuenta de esa realidad.

- Entonces, ¿cuál es la importancia del seguimiento a los procesos políticos que atraviesa América Latina en su trabajo?

- No quiero engañar a nadie. La razón por la que me gusta acompañar estos procesos es porque de todas estas evocaciones al pasado o viejas tradiciones que hay en el mundo, las de acá están conectadas con proyectos izquierdistas. Esto me parece absolutamente fascinante porque es exactamente lo opuesto a lo que sucede en Europa. De donde vengo, los proyectos locales, nacionalistas o tradicionalistas son usualmente reaccionarios.

Por ejemplo, en mi país (Eslovenia), los pensadores de derecha son los que evocan a la nación y al pasado. Yo respondo con la mejor definición de nación, que viene del francés positivista Ernest Renán, un buen tipo.

Él dice que una nación es un grupo de personas que comparte las mismas mentiras acerca de su pasado, los mismos odios contra sus vecinos actuales y las mismas ilusiones acerca de su futuro. Esto es absolutamente verdadero para Europa. Los eslovenos hemos inventado absolutamente todo acerca de nuestro pasado, cuán grandes fuimos, nuestras ilusiones de ser Suiza y la historia del odio a nuestros enemigos.

América Latina es la única esperanza de que evocar las tradiciones ancestrales no sea parte de un proyecto nacionalista de derecha y reaccionario. Yo amo esto. Esto no puede suceder ni en África. Esto es lo que conozco de acá y lo admiro. Vemos de forma milagrosa cómo vienen juntas las tradiciones ancestrales con las tendencias modernas. Me fascina cuando ustedes hablan con un representante de algún pueblo indígena y después él te dice que puedes visitar su sitio web.

- Sin embargo, usted es muy crítico con los intelectuales izquierdistas de Europa y Estados Unidos que vienen a Bolivia y al resto de América Latina'

- Muchos de ellos seguramente se muestran fascinados con lo que acá sucede, pero la verdad es que los pensadores de izquierda son increíblemente narcisistas. Ellos pueden humillarse a ellos mismos y alabarlos a ustedes, pero en realidad están alabando su propio sueño sobre ustedes.

En Europa son muy buenos celebrando al otro, pero no se trata realmente de “el otro”, es puramente una fantasía racista de “el otro”. Yo no digo que todos sean así, pero digo que si ellos fueran honestos intelectualmente reconocerían que no pueden resolver sus problemas por ustedes y vendrían a aprender.

Y no hablo de venir a repetir esa basura “new age” de vanagloriar la sabiduría ancestral, deberían venir a aprender cómo ustedes se las arreglan hoy. Esto pasa porque en Europa la izquierda no tiene un proyecto político serio, lo único que hay es una propuesta pragmática de la socialdemocracia y discursos que hablan de una catástrofe global, un tránsito a una sociedad totalitaria y que sólo espera que un milagro nos pueda salvar.

- Llegan intelectuales y dicen “estamos fascinados con Bolivia” pero en universidades europeas y norteamericanas no hay espacio para diálogo con intelectuales de América Latina, Asia o África'

- Por supuesto que no, ellos quieren que ustedes se queden con nociones estúpidas de tradición y no con lo que están haciendo aquí ahora. Yo siempre he dicho esto: la forma más pérfida de racismo hoy en día no es el odio a los “otros”, sino la falsa celebración de los “otros”. Un verdadero racista viene y dice “¿por qué quieren acoplarse a la modernidad si ésta es corruptora? ¿Por qué no regresan a su antigua sabiduría incaica?”.

Entonces ustedes están totalmente en lo correcto. Eso es lo que me gusta de aquí, por los pocos contactos que he tenido, éste no es un país del Tercer Mundo donde voy y enseño que hay un psicoanalista que se llama Jacques Lacan o lo que sea. Más bien puedo hablar con ustedes con normalidad. En EEUU voy a universidades donde son mucho más primitivos.

Intenten seguir de manera cercana lo que pasa en estos países en la línea de la alta teoría de elite y resulta que estos países resisten mejor los grandes poderes occidentales. Entonces aquí tienen esperanzas, les toca ser arrogantes.

- ¿Es deseable establecer un dialogo entre América Latina, Asia y África excluyendo a los intelectuales europeos?

- No. A mí no me gusta esta idea de “nosotros en los márgenes debemos conformar un eje excluyendo a Europa”. ¿Saben por qué? Voy a decir lo que me gusta de Europa, y casi voy a sonar eurocéntrico. Muchas luchas anticoloniales comenzaron no con un retorno a “nuestras raíces ancestrales” sino con “queremos ser más europeos que los europeos” en el sentido de “ustedes europeos predican sobre la igualdad, entonces dónde está la igualdad para nosotros”.

Entonces aquí hay que admitir que Europa, en el mejor de los casos, tiene esta fuerte habilidad crítica para cuestionar sus propias tradiciones.

Todavía hay que engranar en un diálogo con Europa, pero no bajo la forma de “enséñennos”, sino en el sentido de “lo que ustedes intentaron, nosotros lo lograremos de mejor manera”. Esto es, dialogar con cierta arrogancia, como lo hicieron los esclavos durante la revolución en Haití cuando enfrentaron al ejército de Napoleón.

Éste es un momento sublime: el Ejército francés escuchó cantar a los esclavos, y supusieron que era una forma de canto primitivo para luego darse cuenta que los esclavos estaban cantando la Marsellesa.

Los esclavos estaban declarando “nosotros somos los verdaderos herederos de la Revolución francesa, no ustedes”. Y el efecto fue sorprendente, muchos soldados del Ejército cambiaron de lado, se unieron a los esclavos, que finalmente ganaron.

Entonces ésta debería ser la actitud: “ustedes en Europa tienen cosas interesantes, pero nosotros somos los únicos que pueden realizarlas”. “Ustedes, Europa -a menudo, pero no siempre- fueron muy estúpidos para darse cuenta de las cosas buenas que habían descubierto, ustedes necesitan nuestra ayuda para concretarlo”.

Y esto es mucho más productivo que el juego etnocéntrico de disputar quién tiene la sabiduría más grande, Europa, los incas o quien sea.

Después de la entrevista

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