lunes, 18 de abril de 2011

Chile gana más de 3.000 millones de dólares por el Silala

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Reportaje central del suplemento IDEAS de Página Siete, publicado el 17 de abril de 2011.

Boris Miranda, enviado especial a Chile

En 2010, Chile, el primer productor mundial de cobre, obtuvo ganancias por 5.799 millones de dólares por la comercialización del mineral rojizo. El 55,6% de éstas (más de 3.000 millones de dólares) proviene de las minas Chuquicamata, Radomiro Tomic y Sur, las que no podrían funcionar sin el flujo de agua que baja de la cordillera y que se alimenta principalmente del manantial boliviano Silala.

Esta cifra a favor del país vecino proviene solamente de los beneficios que se obtienen de la industrialización y comercialización de cátodos de cobre. Otros son los dividendos que resultan de la privatización del agua boliviana y el consumo que hacen los ciudadanos chilenos que habitan la Segunda Región (que abarca las provincias de Antofagasta, Calama y Tocopilla).

Página Siete visitó aquellos centros mineros que, desde que fueron nacionalizados por el Gobierno socialista de Salvador Allende a principios de los años 70, son administrados por la Compañía Nacional del Cobre de Chile (Codelco).

Los números positivos que estas vetas lograron en 2010 superaron en un 45% a los de 2009 y la previsión para 2011 es aún más auspiciosa. Pese a dar el monto de las utilidades netas por el cobre, los encargados de Codelco, no brindaron las cifras totales de la exportación del mineral ni la cantidad.

Se trata de minas que fueron halladas en suelo que antes fue boliviano más de dos décadas después de la Guerra del Pacífico. Vetas de mineral que Chile ganó sin saber gracias al apoyo y estímulo de los ingleses que, paradójicamente, dejaron el cobre servido en bandeja a los estadounidenses. La potencia norteamericana aprovechó a gusto y placer de la riquísima mina de Chuquicamata entre 1915 y 1971.

La mina Chuquicamata (Foto: Boris Miranda)

Algo de contexto
Entre 1884 y 1888, con la Guerra del Pacífico todavía fresca en la memoria de bolivianos y chilenos, el Gobierno trasandino dispuso la creación de canales que desvíen el curso del agua que bajaba desde los bofedales del cantón Quetena en Potosí.

El objetivo: abastecer del recurso hídrico a la londinense Bolivian Railway Co. (hoy Ferrocarril Antofagasta – Bolivia, FCAB) dado que el río Loa debía abastecer a las poblaciones de Antofagasta y Calama.

Unos 120 años después, lo que fue la Railway ahora es una empresa que administra y maneja -desde sus oficinas en Antofagasta, Santiago y Londres- la distribución del agua potable (incluyendo la que desciende del Silala) de toda la segunda región de Chile.

Hace mucho tiempo que dejó de proveer sólo servicios de transporte. Ahora es dueña de Aguas del Antofagasta, la terminal/shopping de esta ciudad, una compañía de barcos de transporte interoceánico y una empresa de fabricación y reparación de piezas para locomotoras, entre otros negocios.

El moderno FCAB pertenece al grupo Lúksic, un consorcio minero-empresarial poderoso a nivel continental y el principal beneficiario del manantial Silala, junto a la Codelco Norte. El Ferrocarril consume en promedio 100 litros de agua por segundo, fundamentalmente para la venta a terceros, mientras que la estatal del cobre se aprovecha de 150 litros cada segundo.

Tras una serie de reclamos, en 2000, ambas empresas avisaron a Bolivia que no discutirán ninguna clase de reconocimiento económico a una entidad privada o estatal del país y desde entonces gozan del cobijo diplomático de la Cancillería chilena, que negocia por ellas.

¿Qué hacen con el agua?
No es fácil entrar a Chuquicamata; como cualquier gran zona industrial tiene el acceso restringido para particulares. Sólo se puede ingresar en una de las visitas guiadas que ofrece Codelco, para la que hay que registrarse cuando menos con un día de anticipación y cuyos cupos están reservados para el turismo y los agentes del mercado asiático, el principal consumidor de cobre del mundo. Mina Sur y Radomiro Tomic se encuentran en la misma región, al norte de Calama.

En las ricas vetas se hallan dos tipos de rocas de las que se extrae el cobre. En los primeros 300 metros de la superficie se encuentran unas piedras verduscas que tienen mineral oxidado mientras que en las profundidades se encuentran los depósitos de sulfuro de cobre.

De cada 100 kilos que salen de las minas se obtiene apenas uno de cobre puro, y, sin agua, nada de esto sería posible. “Aún así es un negocio rentable”, bromea el ingeniero de Codelco frente a los visitantes asiáticos y otros turistas que visitan la mina Chuquicamata.

Los dos tipos de roca requieren procedimientos distintos para la extracción del mineral. En el caso de las piedras verdes, el cobre se separa gracias a un tratamiento denominado lixiviación, mientras que para lo extraído de las profundidades se utilizan fundidoras que alcanzan temperaturas no menores a los 1.200 grados Celsius.

Se requieren 14 días de fundición continua para la purificación de un cátodo de cobre, y el agua -en grandes cantidades- es imprescindible en ambos procesos.

La lixiviación separa al cobre del resto de los elementos una vez que las piedras se vierten en un compuesto líquido mezcla de agua con sulfuro. En el otro caso, los hornos fundidores funcionan con diésel y vapor y, aunque sea difícil de creer, no se apagan nunca.

La estatal chilena del cobre no da tregua, las tres minas trabajan las 24 horas del día y no detienen la producción ni en domingos o feriados. Los trabajadores son relevados de acuerdo con un complejo sistema de turnos, pero las máquinas jamás dejan de funcionar. Codelco informó a este medio que solamente la mina Chuquicamata produce un promedio de 1.500 toneladas de cobre puro por día.

Encargados de la empresa informaron que el 80% del agua utilizada en la lixiviación es reciclada y se la recupera para un nuevo uso; sin embargo, de acuerdo con los datos del diario El Mercurio, la estatal del cobre no ha disminuido su consumo promedio de 150 litros de agua por segundo.

Esto se debe a que el recurso hídrico no sólo es usado para la extracción y purificación del cobre; la estatal chilena tiene plantas termoeléctricas propias para dar funcionamiento a su complejo industrial y éstas también requieren de agua para su funcionamiento.

En la planta productiva que rodea a Chuquicamata se puede ver unas piscinas gigantes con la solución líquida verdusca que se usa para extraer el cobre.

Codelco Norte ya anunció que en los próximos años tendrá lista la planta de energía solar más grande de Latinoamérica para reducir su alto consumo de agua, pero hasta entonces mantendrá los elevadísimos márgenes de consumo actuales. Además planea abastecerse de agua de mar.

En el mirador de Chuquicamata (Foto: turista francesa)


Proyección
Hace dos semanas, el presidente ejecutivo de la compañía, Diego Hernández, adelantó que las ganancias en esta gestión superarán aún más los márgenes obtenidos en el balance 2010. El motivo: la reconstrucción de Japón tras el terremoto de marzo.

Actualmente, el cobre se cotiza en 4,3 dólares por libra, el precio más elevado en las últimas décadas y la tendencia es que el valor del mineral siga subiendo por la demanda asiática. El año pasado, China compró el 42% de la producción chilena y el resto de Asia un 17%. Pero ahora, expertos estiman que la tragedia en Fukushima puede duplicar la compra.

En este panorama –por demás próspero para la industria y el tesoro general del Estado chileno- no hay muchas perspectivas de que la Codelco y el FCAB comiencen a pagar por el uso actual del agua del Silala y mucho menos por la deuda histórica que tiene sus orígenes hace más de cien años.

El 12 de abril, el presidente Evo Morales afirmó que la compleja negociación por el Silala fue, al igual que el diálogo bilateral por el mar, una “pérdida de tiempo” y anticipó un cambio de estrategia.

Unos días antes, las amenazas de autoridades potosinas de desviar el flujo del manantial provocaron la condena inmediata de las autoridades chilenas. Los alcaldes de Calama, Esteban Velásquez, y de Antofagasta, Marcela Hernando, censuraron la medida y pidieron a Bolivia no usar el “factor Silala” como medida de presión.

Por ahora Sebastián Piñera y su cuerpo diplomático han guardado silencio al respecto, pero los diputados y senadores del oficialismo chileno ya adelantaron la tendencia: la agenda de los 13 puntos y los avances en la negociación por el Silala vuelven a foja cero.

Así las cosas, los 17.000 dólares diarios que las dos principales empresas beneficiadas por el recurso hídrico iban a pagar a Bolivia, están cada vez más lejos.

Que Chile honre la deuda histórica, el motivo por el que los pobladores del sudoeste potosino rechazaron la firma del convenio inicial y frenaron el inicio de los desembolsos (muy a pesar del Gobierno), se vislumbra todavía más remoto.

La factura que Chile debe pagar por este concepto, según cálculos de la Comisión de Política Internacional del Congreso, asciende a 900 millones de dólares por la explotación del manantial desde 1908. Es poco menos de la tercera parte de lo que ganó el año pasado la empresa estatal del cobre de Chile por explotar, usando agua que nace de Bolivia, las minas que están en suelo que hasta 1879 fue boliviano.

domingo, 3 de abril de 2011

Zizek en Bolivia: Los intelectuales de izquierda son increiblemente narcisistas

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Entrevista publicada en Página Siete el 28 de marzo de 2011

Slavoj Zizek, el pensador contemporáneo del momento, estuvo en Bolivia
“Lo que amo de América Latina es que la izquierda evoca el pasado, lo ancestral”

Eduardo Paz y Boris Miranda

Honestidad brutal. Europa no tiene un proyecto político de izquierda y los pensadores que vienen de allá y de Estados Unidos alaban los procesos políticos latinoamericanos únicamente como una idealización de su sueño sobre nosotros.

Lo dijo Slavoj Zizek, el psicoanalista y filósofo esloveno que estuvo en Bolivia la anterior semana. Durante su conferencia en La Paz llenó el auditorio del Banco Central de Bolivia y en países como Argentina lleva cantidades de gente similares a las que convoca un cantante consagrado.

El pensador contemporáneo del momento conversó con Página Siete y, sin ninguna clase de filtro, se despachó contra la intelectualidad europea y norteamericana, dio un avance de su próxima obra en la que busca salir del conflicto político y volver a refugiarse en la filosofía, además de explicar las razones de su admiración por el proceso de Bolivia y de otros países de América Latina.

- Parece que en sus últimos libros, como Bienvenidos a tiempos interesantes y Primero como tragedia y después como farsa, existe un giro en su trabajo. Ya no podemos encontrar más exposiciones sobre conceptos psicoanalíticos pero sí análisis sobre la conflictividad política. ¿Este giro puede verse como una urgencia de pasar al acto?
En la Cinemateca
- No. Temo que con esto voy a decepcionarlos. Me estoy cansando de esta basura política. Durante los últimos dos años he estado escribiendo un libro extenso sobre Hegel y Lacan que tendrá cerca de 800 páginas.

Estoy, definitivamente, retornando al trabajo puramente filosófico con un libro muy agresivo. Voy a tratar de reinterpretar la física cuántica y sacarla de una visión oscurantista con una relectura materialista, voy a re-enfrentar a Hegel con Marx, voy a mostrar a un Marx más idealista que Hegel.

Es frecuente que la gente me haga consultas sobre cuestiones políticas. Estas opiniones que yo vierto no son más que mi deber ciudadano, por decirlo de alguna forma, por mi rol de supuesto intelectual, pero mi verdadero amor es la filosofía. Me estoy volviendo lo suficientemente viejo y quiero retornar a ello, a la discusión puramente filosófica.

Por supuesto pasan cosas en el mundo y yo quiero reaccionar a ellas y opino. Pero, por ejemplo, en mi último libro todavía no traducido, Living in the end times, lo único que realmente me gusta de él es un largo capítulo de crítica a la economía política de Marx y Hegel.

- Sin embargo, la conferencia que brindó acá en La Paz fue más política y estuvo bastante alejada del bagaje conceptual del psicoanálisis, uno de sus fuertes'

- Sí, pero aquí hay un problema. Cuando reúnes a más de 300 ó 400 personas para una conferencia tienes dos opciones: la política o la comedia. Por experiencia te digo que no puedes hablar de Hegel en un auditorio así, pierdes la atención de manera instantánea. Un filósofo profesional como yo, aún cuando pretendo ser popular, suele presumir que la gente tiene conocimientos elevados. No puedes contar con eso. Tenemos que darnos cuenta de esa realidad.

- Entonces, ¿cuál es la importancia del seguimiento a los procesos políticos que atraviesa América Latina en su trabajo?

- No quiero engañar a nadie. La razón por la que me gusta acompañar estos procesos es porque de todas estas evocaciones al pasado o viejas tradiciones que hay en el mundo, las de acá están conectadas con proyectos izquierdistas. Esto me parece absolutamente fascinante porque es exactamente lo opuesto a lo que sucede en Europa. De donde vengo, los proyectos locales, nacionalistas o tradicionalistas son usualmente reaccionarios.

Por ejemplo, en mi país (Eslovenia), los pensadores de derecha son los que evocan a la nación y al pasado. Yo respondo con la mejor definición de nación, que viene del francés positivista Ernest Renán, un buen tipo.

Él dice que una nación es un grupo de personas que comparte las mismas mentiras acerca de su pasado, los mismos odios contra sus vecinos actuales y las mismas ilusiones acerca de su futuro. Esto es absolutamente verdadero para Europa. Los eslovenos hemos inventado absolutamente todo acerca de nuestro pasado, cuán grandes fuimos, nuestras ilusiones de ser Suiza y la historia del odio a nuestros enemigos.

América Latina es la única esperanza de que evocar las tradiciones ancestrales no sea parte de un proyecto nacionalista de derecha y reaccionario. Yo amo esto. Esto no puede suceder ni en África. Esto es lo que conozco de acá y lo admiro. Vemos de forma milagrosa cómo vienen juntas las tradiciones ancestrales con las tendencias modernas. Me fascina cuando ustedes hablan con un representante de algún pueblo indígena y después él te dice que puedes visitar su sitio web.

- Sin embargo, usted es muy crítico con los intelectuales izquierdistas de Europa y Estados Unidos que vienen a Bolivia y al resto de América Latina'

- Muchos de ellos seguramente se muestran fascinados con lo que acá sucede, pero la verdad es que los pensadores de izquierda son increíblemente narcisistas. Ellos pueden humillarse a ellos mismos y alabarlos a ustedes, pero en realidad están alabando su propio sueño sobre ustedes.

En Europa son muy buenos celebrando al otro, pero no se trata realmente de “el otro”, es puramente una fantasía racista de “el otro”. Yo no digo que todos sean así, pero digo que si ellos fueran honestos intelectualmente reconocerían que no pueden resolver sus problemas por ustedes y vendrían a aprender.

Y no hablo de venir a repetir esa basura “new age” de vanagloriar la sabiduría ancestral, deberían venir a aprender cómo ustedes se las arreglan hoy. Esto pasa porque en Europa la izquierda no tiene un proyecto político serio, lo único que hay es una propuesta pragmática de la socialdemocracia y discursos que hablan de una catástrofe global, un tránsito a una sociedad totalitaria y que sólo espera que un milagro nos pueda salvar.

- Llegan intelectuales y dicen “estamos fascinados con Bolivia” pero en universidades europeas y norteamericanas no hay espacio para diálogo con intelectuales de América Latina, Asia o África'

- Por supuesto que no, ellos quieren que ustedes se queden con nociones estúpidas de tradición y no con lo que están haciendo aquí ahora. Yo siempre he dicho esto: la forma más pérfida de racismo hoy en día no es el odio a los “otros”, sino la falsa celebración de los “otros”. Un verdadero racista viene y dice “¿por qué quieren acoplarse a la modernidad si ésta es corruptora? ¿Por qué no regresan a su antigua sabiduría incaica?”.

Entonces ustedes están totalmente en lo correcto. Eso es lo que me gusta de aquí, por los pocos contactos que he tenido, éste no es un país del Tercer Mundo donde voy y enseño que hay un psicoanalista que se llama Jacques Lacan o lo que sea. Más bien puedo hablar con ustedes con normalidad. En EEUU voy a universidades donde son mucho más primitivos.

Intenten seguir de manera cercana lo que pasa en estos países en la línea de la alta teoría de elite y resulta que estos países resisten mejor los grandes poderes occidentales. Entonces aquí tienen esperanzas, les toca ser arrogantes.

- ¿Es deseable establecer un dialogo entre América Latina, Asia y África excluyendo a los intelectuales europeos?

- No. A mí no me gusta esta idea de “nosotros en los márgenes debemos conformar un eje excluyendo a Europa”. ¿Saben por qué? Voy a decir lo que me gusta de Europa, y casi voy a sonar eurocéntrico. Muchas luchas anticoloniales comenzaron no con un retorno a “nuestras raíces ancestrales” sino con “queremos ser más europeos que los europeos” en el sentido de “ustedes europeos predican sobre la igualdad, entonces dónde está la igualdad para nosotros”.

Entonces aquí hay que admitir que Europa, en el mejor de los casos, tiene esta fuerte habilidad crítica para cuestionar sus propias tradiciones.

Todavía hay que engranar en un diálogo con Europa, pero no bajo la forma de “enséñennos”, sino en el sentido de “lo que ustedes intentaron, nosotros lo lograremos de mejor manera”. Esto es, dialogar con cierta arrogancia, como lo hicieron los esclavos durante la revolución en Haití cuando enfrentaron al ejército de Napoleón.

Éste es un momento sublime: el Ejército francés escuchó cantar a los esclavos, y supusieron que era una forma de canto primitivo para luego darse cuenta que los esclavos estaban cantando la Marsellesa.

Los esclavos estaban declarando “nosotros somos los verdaderos herederos de la Revolución francesa, no ustedes”. Y el efecto fue sorprendente, muchos soldados del Ejército cambiaron de lado, se unieron a los esclavos, que finalmente ganaron.

Entonces ésta debería ser la actitud: “ustedes en Europa tienen cosas interesantes, pero nosotros somos los únicos que pueden realizarlas”. “Ustedes, Europa -a menudo, pero no siempre- fueron muy estúpidos para darse cuenta de las cosas buenas que habían descubierto, ustedes necesitan nuestra ayuda para concretarlo”.

Y esto es mucho más productivo que el juego etnocéntrico de disputar quién tiene la sabiduría más grande, Europa, los incas o quien sea.

Después de la entrevista