sábado, 12 de marzo de 2011

La noche en que la Selección mundialista protagonizó una fiesta de solidaridad en el Siles

Crónica del partido de solidarindad con los damnificados del megadeslizamiento que protagonizaron los jugadores que llevaron a Bolivia al Mundial de 1994. Publicada en el suplemento Campeones de Página SIETE el 11 de marzo de 2011.

Arriba: Baldivieso, Ramallo, Morales, Rimba, Sánchez, Soria y Sandy
Abajo: Melgar, Trucco, Borja (c), Cristaldo, Etcheverry, Villarroel y Torrico
Y un día se reencontraron. No estuvieron todos pero nunca antes coincidieron tantos como anoche. Los últimos bolivianos en llevarnos a una Copa del Mundo, y jugarla, se pusieron la camiseta de la Selección y salieron al verde césped para ponerle el hombro a la solidaridad.

El partido terminó 3 - 2 a favor del equipo histórico pero eso no es lo más importante. Tampoco que al frente estuvo un combinado armado con jugadores de clubes paceños. Anoche ganó Bolivia, ganó La Paz y se impuso la solidaridad para que se favorezcan los más de 6.000 damnificados que dejó el deslizamiento más grande en la historia reciente de sede de Gobierno.

La gente no fue indiferente a la invitación. La tentadora posibilidad de volver a ver juntos a los ídolos indiscutibles de hace dos décadas llevó a más de 35.000 personas al Hernando Siles, el templo de aquellos domingos noventeros. Todos pusieron diez bolivianos que servirán a cubrir las grandes necesidades que tienen los refugiados. 

Enorme Trucco!
En el equipo inicial sólo estuvo uno que no fue parte del equipo que jugó en el partido inaugural del Mundial del 1994 contra Alemania. Era el presidente Evo Morales, quien por esos días ya era dirigente cocalero y le faltaba poco para volverse conocido.

En el partido de ayer, el mandatario le sacó la 10 al Diablo pero no pudo quitarle el cintillo al capitán Carlos Borja. En el fútbol no valen las credenciales.

El espectáculo dio la talla desde el principio. Antes de que se cumplan los cuatro minutos de juego, Ramallo volvió a volar para conectar el gol de cabeza y marcar el primero de Bolivia. Fue un centro desde la derecha de Luis Cristaldo para el movimiento acrobático de quien fue conocido como el Goleador de América

Todo el estadio, con las barras de Bolívar y The Strongest presentes, apoyaba a los de la camiseta verde. Prueba de ello fue que los goles de Yuri Villarroel o Mauricio Baldivieso (hijo de Julio) pasaron desapercibidos; en cambio todas las atajadas de Carlos Trucco fueron ovacionadas.

El arquero que brilló en Bolívar fue, de lejos, el más aclamado de la noche. Cuando fue sustituido, en el segundo tiempo, su nombre retumbó desde los cuatro sectores del gigante de Miraflores. El cariño al carismático portero está intacto y él lo devolvió regalando al público sus guantes.

Otro de los más reconocidos fue el Diablo Etcheverry. Él correspondió con amagues (dejó sentado a un jovencito en uno de ellos), un zurdazo que pegó en el travesaño y la habilitación para el segundo gol de Ramallo a los 14 minutos.

Ramallo convirtió dos goles, pero complicó a la defensa rival en muchas más oportunidades. Desde la punta izquierda o el centro rompía la línea de fondo del combinado paceño para recibir los balones profundos de especialistas como Julio Baldivieso, Milton Melgar, el propio Etcheverry o Erwin Sánchez. 

El tercero de Bolivia fue precisamente del ex técnico de la Selección. Una combinación entre el Presidente y el Diablo dejó libre a un Sánchez que definió con categoría por encima del arquero.

¡Gol de Bolivia y volvimos a 1993!

En el segundo tiempo no hubo más goles y bajó el ritmo de juego. Evo Morales no volvió a la cancha y tampoco al banco de suplentes. Mientras estuvo trató de participar en las jugadas como delantero pero nunca pudo compaginar con un equipo que se conoce desde hace tres décadas. El público le pasó la factura con dureza y silbó cada vez que tocaba el balón. Ningún político, ni siquiera el más popular de los últimos tiempos, puede competir con el cariño a los futbolistas que nos llevaron a un Mundial.

El cierre del partido fue igual de emotivo que el principio. Como en aquellos días mejores, todas las gargantas del Siles celebraban una victoria indiscutible y una actuación brillante. “Es una fiesta muy linda porque es por una cuestión de solidaridad”, recordaba un emocionado Marcos Sandy. Antes de dejar el estadio, el Emperador Baldivieso liquidó el partido declarando al ganador. “El gol fue de la gente que vino a apoyar, nosotros no podíamos defraudarlos”.

Fotos: Página Siete

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