lunes, 3 de enero de 2011

¿Quién ganó con el gasolinazo?

Nota que se publicó resfriada en IDEAS el domingo, el suplemento se había cerrado un día antes de que se abrogue el 748. Aún así considero que tiene datos relevantes a la hora de evaluar los motivos por los que se dictó el Decreto y por los que, cinco días después, fue dado de baja.


A una semana de la oficialización de una medida que, para bien o para mal, puede ser un parteaguas para la historia del Gobierno es imposible determinar si la población salió beneficiada o, una vez más, tuvo que correr con el gasto. Sin embargo, tras la promulgación del Decreto 748 asoma un grupo al que puede considerarse ganador, una facción que logró imponerse.
 
A pesar de la oleada de declaraciones públicas uniformes, es poco probable que detrás de la decisión más polémica e impopular de la administración de Evo Morales exista adhesión de todo el Ejecutivo. Las diferencias ideológicas entre las facciones que conviven dentro del aparato gubernamental vuelven muy difícil creer esta posibilidad.

Ideas publicó hace tres meses la existencia de siete corrientes en el interior del partido de Gobierno. Las fuentes a las que acudió este medio, todas del seno masista, apuntaron que una de ellas era reconocida como “la derecha del MAS”. Se trata del grupo responsable de las políticas económicas e hidrocarburíferas.

En aquella oportunidad identificaron fundamentalmente al actual ministro de Economía y Finanzas Públicas Luis Arce Catacora, uno de los protagonistas y defensores de la promulgación del decreto que incrementó el precio de los hidrocarburos hasta el 83 por ciento.


Sin referirse a nadie en particular, dos hombres que estuvieron hasta hace poco dentro del Ejecutivo señalaron que el gasolinazo viene de un sector que aún opera desde los principios que dicta el neoliberalismo.
El primero fue el ex embajador de Bolivia ante la Organización de Estados Americanos, José Enrique Pinelo, quien en una columna de opinión señaló que operadores del pasado neoliberal sobreviven dentro del proceso de cambio. “Los que la diseñaron son núcleos del pasado infiltrados en el Gobierno. De ellos no se podía esperar otro tipo de decisión. Un gasolinazo, sinónimo de FMI; hoy es impulsado desde dentro del Gobierno”.


“Los mecanismos ‘neoliberales’ para la toma de decisiones están intactos. Siguen funcionando los reglamentos de las leyes de planificación e inversión. La centralidad en la toma de decisiones es la misma. El poder de decidir el destino de los recursos sigue en muy pocas manos”, acusa Pinelo, quien fue parte del equipo diplomático de Evo Morales hasta hace sólo unas semanas.
Otra voz critica salió del ex embajador de Bolivia ante la Organización de Naciones Unidas (2007- 2009) Hugo Síles Alvarado, quien lamentó la línea noventera que se mantiene desde espacios estratégicos del Estado.


“El gasolinazo es una consecuencia de la política que siguen sus principales colaboradores. Particularmente a ministros de áreas delicadas como hidrocarburos y el área económico financiera. No quiero dar nombres pero lamentablemente los que trabajan en esos sectores tienen una visión estrictamente neoliberal de favorecer a los que tienen más y perjudicar a los que tienen menos”.

Horas después de que se consumara el gasolinazo, Arce Catacora afirmaba que en el Gobierno estaban conscientes de las duras consecuencias para la población que traería el alza de precios. Especulación en los precios, subida de alimentos y transportes, desaparición de productos, filas inimaginables por azúcar o arroz y escenas impactantes de madres de familia esperando desde las dos de la mañana para abastecer sus hogares.
¿Hubo voces de resistencia a una medida que, cuando menos, se puede calificar de poco sensible? Hugo Siles duda que todo el gabinete ministerial hubiese estado de acuerdo con la medida. Pinelo deja menos espacio a las suspicacias. “Hay algo que todos sabemos. En el MAS no existe la posibilidad de discutir. No existe espacio para la crítica y la autocrítica. No existe instrumento organizado para evaluar el rumbo de políticas adoptadas o por adoptar”.


Por primera vez en cinco años, el Gobierno suspendió la reunión anual de evaluación de su gestión, que debía realizarse en el Chapare el mismo día en el que se anunció el gasolinazo. Morales justificó la decisión señalando que había perdido mucho tiempo en los últimos meses por la recuperación de su rodilla operada. Esa tarde de domingo estuvo en Venezuela, Álvaro García Linera fue quien explicó el alza de precios.
En las dos últimas semanas de 2010, el Presidente se dedicó a repartir cheques para municipios en varios puntos del país. Días antes y después de la promulgación del decreto 748, Evo Morales apareció en las pantallas de la televisora estatal en actos de entrega de recursos a alcaldes y sectores sociales.


Hasta ahora no se conoce si la decisión ha resquebrajado la unidad del equipo gubernamental. Mucho menos si las consecuencias provocarán una llamada consciente a la autocrítica dentro de las filas oficialistas. Quien escribe esto conoce que dentro del Gobierno hay figuras que miran con recelo a los impulsores del gasolinazo, pero, por ahora, nadie lo manifestará públicamente.
Lo que sí se ha visto es que buena parte de los descontentos salieron del “Pacto de Unidad” y la Conalcam. Los movimientos sociales no actuaron con la misma homogeneidad con la que lo hicieron los ministros.


La decisión fue temeraria. Ningún gobierno neoliberal llegó tan lejos en la protección a las reservas fiscales como ningún gobierno de izquierda, si los hubo, arriesgó tanto su respaldo con una medida así de impopular.

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