domingo, 21 de noviembre de 2010

El giro militar: el Ejército socialista y la medalla Marcelo Quiroga

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Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete el 21 de noviembre de 2010.

El idilio entre Evo Morales y las Fuerzas Armadas regaló capítulos emblemáticos. El Patria o Muerte, desfiles indígena-militares, la más reciente declaración ideológica del Ejército y la, cuando menos sorprendente, ofrenda oficialista a los militares con un galardón que lleva el nombre de uno de los desaparecidos de las dictaduras.

En la conmemoración del bicentenario de su creación, el comandante del Ejército declaró a su institución socialista, antiimperialista, y anticapitalista. Días después, esta fuerza recibió nada menos que la "Medalla al mérito democrático Marcelo Quiroga Santa Cruz” de parte de la Cámara de Diputados.

Genialidad de Al-Azar

Las novedades militares despertaron un abanico de reacciones. Desde escepticismo por la conversión al socialismo del brazo más antiguo y represivo de las Fuerzas Armadas hasta indignación por la entrega de la distinción a la entidad culpable de la desaparición del líder del Partido Socialista 1. El Gobierno, por su parte, ejercitó una explicación de este giro ideológico con una relectura histórica de lo militar en Bolivia.

El Movimiento Al Socialismo plantea una visión, cuando menos novedosa, de la historia del Ejército. Más allá de los habituales homenajes a las gloriosas Fuerzas Armadas, el Presidente señaló que los militares son antiimperialistas desde siempre. La historia demuestra que el ejército nace con una posición antiimperialista porque combatió el imperio europeo desde 1810, sentenció Evo.

El mandatario resaltó al socialismo militar post guerra del Chaco, la logia Razón de Patria (Radepa) en los albores de la revolución del 52, el “inédito hallazgo” de que David Toro fue el primer Presidente obligó a sindicalizar a los trabajadores y que Gualberto Villarroel convocó al primer congreso indígena.

Evo casi no mencionó, en su discurso de homenaje al Ejército, los 18 años de gobiernos militares, las masacres y los más de 300 muertos y desaparecidos. “No fueron decisiones del mando militar, fueron decisiones políticas. Las Fuerzas Armadas son muy disciplinadas”, dijo el Presidente a modo de perdonazo histórico. La justificación para la Ley de Obediencia Debida con la que Menem exoneró a los dictadores uniformados argentinos era muy parecida.

1971, el deber de la memoria

Unos días después a ese discurso, el presidente de la Cámara Baja, Héctor Arce, propuso otorgarle a ese brazo castrense la medalla Marcelo Quiroga. Cuando algunos parlamentarios cuestionaron la propuesta, el diputado oficialista pidió no confundir a la institución con las personas.

Dato curioso, la resolución camaral para la entrega de la medalla sucedió alrededor de la medianoche y se manejó en bajo perfil los días siguientes. La noticia salió a la luz por la indignación de asambleístas como la diputada del Movimiento Sin Miedo Marcela Revollo, quien afirmó que entregar a los militares una condecoración con el nombre del líder del PS-1 es una ofensa a la memoria.

De inmediato viene a la mente que estas mismas Fuerzas Armadas son las que evitan desde hace dos años que se conozca la verdad de los procesos dictatoriales al impedir la desclasificación de sus archivos. De inmediato uno recuerda que el cuerpo de Marcelo Quiroga sigue desaparecido. El Gobierno no puede doblegar a los militares a la hora de saldar las deudas que tienen con el pasado.

Morales siempre tuvo, aún en los años de la represión chapareña, en alto el supuesto papel patriótico de las Fuerzas Armadas. Ningún político antes, ni siquiera Banzer, resaltó con tanta convicción su servicio militar como una escuela de patriotismo. Desde que es Presidente acentuó esta reivindicación y, a partir del elogio y la dádiva, cuidó la lealtad de su tropa. De hecho, algunos ya nos planteamos si en realidad no es el Jefe de Estado el que se exhibe leal a su Ejército.

A principios de octubre, Evo echó por tierra cualquier intento de eliminar la obligatoriedad del paso de los jóvenes por los cuarteles: “No puede haber ejército sin soldados”, señaló. Esa declaración dejó en offside la futura Ley de Juventudes, que en su Anteproyecto planteaba la creación del servicio civil para aquéllos que no quieran ir a centros de reclutamiento. El documento preliminar reconoce que esta posibilidad es una demanda anterior y reiterativa de los jóvenes.

Durante la Constituyente, a pesar del respaldo de parte de la bancada del MAS, no se pudo eliminar esta obligatoriedad. Los reportajes periodísticos de aquella época hablaban de una negociación entre la cúpula gobernante y la jerarquía militar. Haber sido enlistado dentro de las Fuerzas Armadas sigue siendo uno de los requisitos constitucionales para acceder a cualquier cargo público.

Los cuestionamientos y evidencias de abusos en los cuarteles no han sido suficientes para que el oficialismo acceda a repensar el tema, así como la memoria de los desaparecidos y asesinados (y los esfuerzos de los familiares) no basta para que el Gobierno se plantee seriamente el esclarecimiento de lo sucedido en las dictaduras. Por ahora lo único que cambió es el grito de saludo y una declaración de principios que no tiene ningún vínculo con la convicción de la tropa. Ser socialista es una forma de vivir, no una postura ideológica.