martes, 12 de octubre de 2010

Circo de purgas

Publicado en IDEAS de Página Siete el 10 de octubre de 2010


Es recurrente que administraciones gubernamentales y fuerzas políticas, con menor o mayor grado de paranoia, pregonen/inicien procesos de depuración internos para detectar infiltrados, espías, saboteadores, desleales, reaccionarios, consumistas, comunistas, anticomunistas, pequeñoburgueses, etc.

Y ahora, a tres meses de que el Gobierno del Movimiento Al Socialismo cumpla su quinto año en el Palacio de Gobierno, le llegó el turno al aparato de Evo Morales. El motivo, anunciado por el propio Jefe del Estado, es que los “infiltrados” frenan los proyectos gubernamentales.



A partir de ese anuncio salieron dos diagnósticos en el interior del MAS y del Gobierno. El senador Eugenio Rojas afirmó que existe, dentro del aparato estatal, personal que obedece al ex aliado Movimiento Sin Miedo, que en su momento tuvo su cuota en el Ejecutivo. Mientras que el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, hizo una lectura más descarnada, en el Gobierno sobrevive la burocracia neoliberal y sus viejos hábitos de hacer gestión.

Existe una tercera evaluación, no menos ilustrativa que las anteriores, de alguien que estuvo bien adentro y ahora está lejos. El ex vocero presidencial Álex Contreras concluyó que los infiltrados ya estaban en el primer gabinete y que en las salas de reuniones del Palacio veía como los “antiguos neoliberales” eran los que tomaban las decisiones en lugar de los movimientos sociales.

A partir de estas intimidades se desprenden dos realidades que, en vez de ser contradictorias, son harto complementarias. Uno, la afinidad política es un elemento decisivo para construir (desmontar/montar) una administración pública. ¿Se acuerda de los famosos avales o de las denuncias de tráfico de influencias entre masistas?

Y dos, hacer gestión desde la complejidad del Estado, así sea para transformarlo (montar/desmontar), requiere un know-how que no viene de la mano con la ideología o la bandera. El costo de poner en marcha la máquina que te ganaste es mantener a algunos de los antiguos dueños que saben cómo funciona. El Gobierno de Evo tuvo que recurrir a algunos de los “condenados” para puestos que requerían alta cualificación técnica como en Yacimientos o Entel.



Lo que se desprende de uno y dos es una debilidad estructural que tiene el Estado boliviano que antecede a la plurinacionalidad, al liberalismo de mercado y al nacionalismo revolucionario. El campo político en Bolivia no quiere y/o es incapaz de constituir una administración pública que tenga relativa autonomía de su propio universo. Lo político barra la composición de la función pública y eso impide que se siembre una camada de administradores de lo público que pueda trascender, así sea medianamente, a los avatares de la correlación de fuerzas en la plaza Murillo.

Las consecuencias las vemos ahora y las vimos antes. En medio de la consolidación de un proceso de transición de bloques históricos, con élites políticas y económicas propias, saltan pugnas y purgas, fundamentalmente en el bando de los vencedores.

El MAS no tuvo piedad en varias reparticiones estatales, “esto está lleno de neoliberales”, sin embargo no siempre tuvo con quienes llenar tanto espacio que ganó. El fugaz paso de ser el partido del cocalero a ser el partido del Gobierno, en menos de diez años, le jugó en contra porque no tenía tantos cuadros. Además le tocó asumir el mando bajo las reglas del anterior establishment, una administración pública corrompida, oportunista y extremadamente pragmática a la hora de apoyar a alguna autoridad para sobrevivir. “Todos se han vuelto masistas” se escuchaba en los pasillos de los ministerios en los primeros meses de 2006.

Y casi cinco años después, de la boca del Presidente, escuchamos que esta renovación de la administración pública no ha concluido, que siguen allí los culpables del pasado y que ahora frenan el proceso de cambio. Esas palabras bastaron para poner en alerta a todo el partido y a los movimientos sociales. Basta leer una de las conclusiones del último encuentro departamental del MAS en la sede de gobierno. “Identificar y expulsar a los infiltrados neoliberales, que están pertrechados en el Organo Ejecutivo, Legislativo, gobernaciones y alcaldias”. Con algo parecido empezó lo de Stalin.


La magnitud del desafío del bloque que gobierna la brindó el viceministro Navarro: el MAS tiene que ser capaz de generar su propia burocracia que revolucione la forma de administrar al Estado. Es la gran oportunidad de autonomizar, siempre en la corta medida de lo posible, a la gestión de la política. Con la correlación de fuerzas a su favor, el Gobierno tiene la oportunidad de hacer lo que no se pudo en 10 años de tecnocracia, construir la institucionalidad que ponga en marcha al nuevo Estado.

Sin embargo, el oficialismo ya dio dos malas señales. Tiene congelada la Ley de Gestión Pública, desarrollada durante buena parte de 2009, que traza el camino hacia una gestión pública descolonizada y plurinacional (más allá del discurso) y frenó la Ley del Servidor Público, que pretende extirpar el clientelismo y el oportunismo dentro de la administración estatal. Hasta ahora ningún gobierno se ha propuesto ordenar en serio su burocracia interna porque eso supone renovarla. Nadie aún se ha querido cargar ese muerto.

1 comentario :

  1. A la mierda!!! POLEMCIO ARTICULO joder...me gusta tus apreciaciones....lametablemente hablar de la supuestas "crisis" "fisura" "recomposicion" al interior del MAS ahora es una moda, esto ya lo veiamos venir, pero había que andarse con cuidado, y mucho tino, al referirse al Proceso de Cambio que cobró un matiz inmaculado, de intocable por el riesgo a ser tildado de derechoso, pro oligarca, medialunero, camba racista, entristas, 5ta columna, etc. y ttodo los improperios del partido azul. Ahora son inobjetables sus evidente contradicciones....A DÓNDE VAMOS, NO LO SÉ, creo que este cuestionamiento conlleva mas riesgo del qeu nos imaginamos...esto es lo jdodido, al final, los masistas terminaron heciendole el juego a la derecha, hoy me rebota en la cabeza esa frase tilinga de los clasemedieros estúpidos y des- ilustrados: "se rifaron el 53%" chinga su madre qué bronca me da!!

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