jueves, 28 de octubre de 2010

Anamar quiso representar la concertación en la política

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Doña Anita quiso, quiso mucho, pero no pudo cumplir con el último papel que escogió jugar: ser la promotora del diálogo y concertación dentro de la política nacional como presidenta del Senado.

“Cuando me invitó a postularme como senadora, el presidente Morales me pidió que lo ayudara a concertar y tender puentes. Siento como una obligación moral contribuir a que este proceso sea exitoso, inclusivo”, comentó la flamante presidenta del Senado en una entrevista.
 

La ex Defensora del Pueblo, militante de los derechos humanos, promotora de la mediación, la conciliación, el diálogo intercultural y la paz, decidió volver a la política (había sido ministra de Informaciones de Wálter Guevara en 1979) para constituirse en el “otro que escucha”, en un símbolo de concertación. Para eso suspendió su descanso, ese que había iniciado después de ceder la Presidencia de la Fundación Unir, y se embarcó en una campaña electoral.
 

Ella era el nexo que necesitaba el presidente Evo Morales (que a finales del año pasado redoblaba esfuerzos para arrasar en las elecciones) para estrechar el lazo del Movimiento Al Socialismo con las clases medias y sectores urbanos del país. Su trayectoria le otorgaba el perfil ideal para ayudar al oficialismo en las ciudades principales.

Desde el momento en que Romero dio el sí, en los círculos oficialistas nadie dudaba quién presidiría la Cámara Alta. Morales celebró por todo lo alto la aceptación e incluso confesó que, gracias a ello, había ganado 6.000 dólares en una apuesta con una diplomática boliviana que cumplía misión en Argentina.

Con Ana María en el carro masista, el partido de Gobierno logró el 83% de los votos de La Paz. Participó en spots televisivos, cuñas radiales, caminatas y caravanas oficialistas. Detrás de Morales fue la principal figura de la campaña en el departamento paceño y hasta los candidatos a diputaciones uninominales usaron su imagen para levantar sus votaciones.

Meses después diría que fueron esos intensos meses de campaña que antecedieron a la elección del 6 de diciembre de 2009 los que provocaron que descuide su estado de salud.
Tan sólo unas semanas después del cambio de periodo constitucional (22 de enero) pidió su primera licencia. En febrero fue operada, de acuerdo al parte médico de entonces, por una infección gastrointestinal. Retornó a la presidencia del Senado cuando aún se debatían los reglamentos legislativos.
 
Para cuando el oficialismo aprobó, en sesiones maratónicas, la Ley de Transición hacia las entidades del Órgano Judicial, que permitía al Presidente nombrar discrecionalmente autoridades del Tribunal Constitucional y la Corte Suprema de Justicia, Romero ya estaba postrada en una clínica. Fueron menos de 75 días en los que presidió no pocas sesiones legislativas.
En esos días no cambió su forma de ser, atendió siempre que pudo a la prensa e invitó al debate con actitud militante. En medio de correteos y reuniones conversó con un periodista y le confesó un sueño que, a pesar de todo, cumplió mientras estuvo. “Quisiera ser una buena parlamentaria”. Lo fue.

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Publicado en Página Siete el 27 de octubre de 2010.

lunes, 25 de octubre de 2010

El factor cocalero, rebeldes y consentidos de la hoja emblema del proceso de cambio

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Publicado en el suplemento IDEAS de Página Siete el 24 de octubre de 2010


Hijastros”. Los productores de coca de los Yungas, en mitad del bloqueo de caminos que protagonizaron durante las últimas dos semanas, no dudaron en utilizar ese término para definir como sienten que son tratados por el presidente Evo Morales.

El corte de carretera, que ingresó en cuarto intermedio hasta el 5 de noviembre, es el tercer conflicto en bastiones masistas en lo que va del año (antes Caranavi y Potosí) y el primero que involucra al bloque de cocaleros que mayor rebeldía muestra frente a los lineamientos del oficialismo.

Para los yungueños, Morales trata a sus pares del Chapare como a sus “hijos predilectos”; aquéllos que se benefician con proyectos de desarrollo, obras y ventajas para la plantación de cocales y la comercialización de los mismos.


Caricatura de Abecor

Sin embargo algunos elementos tienen en común, rebeldes y consentidos. En su momento, ambos han logrado imponer sus demandas ante el Gobierno y tienen representantes en el Órgano Ejecutivo y Legislativo. Además, en los dos bloques ya existen focos disidentes e indisciplinados.

El conflicto reciente destapó que la relación entre los dos polos más importantes de producción de la hoja emblema del proceso de cambio está rota. No vamos a discutir con ellos (las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba), no han estado con nosotros en este conflicto, así que no podríamos, sentenció Claudio Manríquez, secretario permanente de la Asociación Departamental de Productores de Coca (Adepcoca).

En realidad la relación ha sido conflictiva desde que el Chapare irrumpió en el mercado tradicional de la hoja, tradicionalmente controlado por los yungueños, y se agudizó a partir de la llegada del cocalero más famoso del trópico cochabambino al Palacio de Gobierno. Ya en la primera gestión de Morales, el ex senador del Movimiento Al Socialismo y ahora líder de la disidencia Lino Villca denunciaba instructivos gubernamentales que favorecían la comercialización de coca chapareña por encima de la yungueña.

“Siempre los Yungas y el trópico de Cochabamba han recibido un tratamiento diferente, a pesar de que la coca yungueña tiene realmente un contenido de identidad cultural y la hoja del chapare es ilegal, según la Ley 1008”, asegura Villca, quien reivindica que en su región no se ha detectado que operen bandas de narcotraficantes. “Ni los anteriores gobiernos ni el actual entraron a los Yungas para erradicar, porque no hubo motivo. El narcotráfico está en Cochabamba y en Santa Cruz. En los Yungas no se encontró cocaína”.

Según el ex parlamentario, el desarrollo alternativo es prácticamente inexistente en Yungas, mientras que en Cochabamba se erige ya una planta para industrializar la hoja de coca.



Villca, que fue dirigente yungueño y fundó el Movimiento Al Socialismo junto a Morales y otros dirigentes sindicales y campesinos, ahora tiene un propio partido político que ya le propino unos cuantos reveses al oficialismo.

El 4 de abril, el Movimiento Por la Soberanía (MPS) obtuvo seis alcaldías en la región yungueña, mientras que Adepcoca (que también participó en los comicios regionales con sigla propia) se impuso en dos municipios; todas esas comunas fueron bastiones del MAS hasta esa elección. Todos los alcaldes electos y concejales salieron desplazados del seno del masismo después de que no pudieron ser candidatos del partido de Gobierno por las fuertes disputas internas.

La más reciente elección, además, es la primera en la que un movimiento cocalero se desprende del liderazgo de Evo Morales. En aquella oportunidad, los Yungas castigaron al candidato masista para la Gobernación paceña, César Cocarico, que se impuso con “apenas” el 50 por ciento de los votos (Morales, unos meses antes alcanzó el 83 por ciento de respaldo en La Paz). Los productores de coca yungueños propusieron que su dirigente, Félix Barra, sea el postulante oficialista.

En julio, Villca convocó a otros ex referentes del Movimiento Al Socialismo para “reconstruir el instrumento político”. En aquel encuentro estuvieron Filemón Escóbar, Román Loayza, Óscar Chirinos y otros dirigentes de regionales campesinas contrarias al oficialismo como Rufo Calle. El próximo encuentro, para definir las características del nuevo proyecto partidario, será en noviembre.

El Chapare tampoco es más un plato de leche, si es que algún día lo fue. Desde 1999 que el MAS no perdía un municipio en el trópico de Cochabamba, sin embargo en Colomi, el Movimiento Sin Miedo le ganó al partido de Evo Morales por 72 votos (3.984 votos del MSM contra 3.912 votos a favor del oficialismo). Mismo fenómeno, líderes regionales optaron por participar con otra fuerza política después de que quedaron al margen de las listas de candidatos masistas.

El pasado fin de semana, en Lauca Ñ, Cochabamba, Morales recriminó fuertemente a los cocaleros del Chapare. "Algunas federaciones se han convertido en un negocio, ustedes saben que una parte de nuestra coca es desviada al problema ilegal". Es la primera vez que el Presidente reconoce que el narcotráfico alimenta sus operaciones con la coca que se produce en el trópico donde se constituyó en líder.

Medios de comunicación de todo el mundo replicaron las declaraciones del cocalero devenido en primer mandatario, sin embargo en el Chapare todos los productores de la hoja conocían esa realidad. En los oídos de ellos retumbó mucho más el durísimo llamado de atención de Evo, que les enumeró sus faltas disciplinarias y “trampas” para multiplicar los cocales.


 Chapare...

Las Seis Federaciones de Productores de la Hoja de Coca del Trópico de Cochabamba jamás permitieron que Morales renuncie a la Secretaría Ejecutiva de ese sector y lo ratificaron sistemáticamente en todos sus congresos ordinarios a pesar de que es Presidente del Estado. La última vez que fue reelegido fue en junio de este año y ya lleva 14 años a la cabeza de los cocaleros del Chapare.

Si bien el Jefe de Estado señaló que su nombramiento como máximo líder del sector “es más que nada simbólico" porque sus obligaciones presidenciales le impiden tener una vida sindical activa se comprometió a reunirse cada dos meses con los demás dirigentes cocaleros.

Las Seis Federaciones cuentan con 40.000 afiliados mientras que en Adepcoca existen 35.000 miembros orgánicos, sin embargo uno de los dos grupos casi siempre lleva las de ganar.

Dos de los tres principales cargos públicos del área son ocupados por representantes de los cocaleros de Cochabamba. Se trata de Felipe Cáceres, viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, y Luis Cutipa, principal responsable de la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (Digcoin), en tanto que el Viceministerio de la Coca y Desarrollo Integral es dirigido por el yungueño Germán Loza.

Cáceres es una de las pocas autoridades gubernamentales que se mantiene en el cargo desde el primer día de Gobierno de Evo Morales y no goza de la simpatía de los cocaleros del norte de La Paz.

Precisamente de este despacho se emitió una norma, aprobada el 14 de junio de 2007, que avala un convenio logrado el 30 de mayo de ese año en Sacaba por representantes de la Digcoin, las seis federaciones del trópico cochabambino y de los detallistas. Adepcoca no fue invitada a participar en esa reunión.

Los cocaleros de los Yungas paceños, en 2009, denunciaron que no conocían aquella Resolución Administrativa del Viceministerio de la Coca, que obliga a los vendedores al detalle a adquirir mensualmente cinco paquetes, equivalentes a 500 libras de la hoja que se produce en el Chapare bajo sanción para quienes no la acaten de perder la licencia de comercialización.

Los dirigentes de Adepcoca rechazan desde entonces las decisiones tomadas por el Gobierno para forzar a los consumidores habituales de la coca a acullicar o tomar mates con el producto del Chapare. "Esas hojas no parecen de coca, sino de un cafeto. Son grandes y tienen un sabor amargo", afirmaron.

Estas diferencias, cada vez más marcadas, han obligado al Gobierno a practicar una suerte de equilibrismo para mantener satisfechos a ambos polos de productores de coca. Los chapareños, aparentemente, resultan ser los beneficiados y esto le ha significado al oficialismo la pérdida de alcaldías, dirigentes y respaldo en el norte de La Paz.

El factor cocalero, dentro de la gestión gubernamental, se vislumbra más complejo en adelante, cuando inicie la redacción del proyecto de Ley de la Coca, la que reemplazará a la emblemática 1008. El tratamiento de esta norma empezará cuando se concluya con el estudio de consumo de coca encargado al Instituto Nacional de Estadística.

En los Yungas y en el Chapare ya se alistan para participar en este debate, que para ellos será toda una batalla.

lunes, 18 de octubre de 2010

Puerto Rico sueña con ser la capital boliviana de la pesca

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LUCHA. Un municipio que combate con la historia y con la naturaleza para mejorar su situación.

1986, el Gobierno de Víctor Paz Estenssoro decide elegir a Puerto Rico como el sitio “ideal” para confinar a los líderes sindicales que encabezaban las protestas contra un Decreto Supremo que estaba por cambiar al país, el 21060. El MNR escogió esa población pandina por su difícil accesibilidad, ubicación geográfica, inexistencia de telecomunicaciones y principalmente por el despiadado calor del lugar.
2010, Puerto Rico, a tan sólo 138 kilómetros de Cobija, ha mejorado significativamente en cuestión de servicios aunque en otros aspectos todavía exhibe las mismas precariedades de la época en la que allí trasladaban a los opositores a la administración del MNR.

24 años después, este municipio pandino no quiere ser más recordado como un campo de concentración y aspira a convertirse en la capital boliviana de la pesca. Es por eso que, desde hace tres años, organiza el Torneo Internacional de Pesca en Bote, el más importante que se realiza en el país.


Paiche, la pesca del día. ¡¡Era más alto que yo!!

La partida de Cobija es en la madrugada, minutos antes de la salida del sol. El camino, desde la capital pandina, sigue siendo de tierra y así también son casi todas sus calles. Aunque existen varias construcciones modernas, con alcantarillado y luz eléctrica, todavía se encuentran casas improvisadas de madera que sobreviven al polvo, la humedad y las décadas.

El calor que “padecieron” los viejos líderes sindicales, de acuerdo a los testimonios que dieron cuando volvieron, tampoco ha cedido, todo lo contrario (calentamiento global le dicen). Es normal en esta región que la temperatura supere los 35 grados centígrados la mayor parte del día.

Poco después de las 11 de la mañana, momento en el que se produce la partida de los botes, el calor es agobiante. Varias cañas, hilo plástico trenzado, baldes con agua salada, cuchillos y palos acompañan a los equipos de pescadores que llegaron desde Brasil, Perú, Canadá, Japón y diversos puntos del país, fundamentalmente de tierras orientales.

Las pequeñas embarcaciones surcarán los tres ríos que se juntan exactamente frente a la población: el Orthon, el Tahuamanu y el Manuripi. Seis horas después deberán volver al punto de partida con la pesca del día para que los jurados definan al ganador de este año.

Esta población existe como asentamiento desde 1903 y fue la primera capital de Pando cuando se creó el departamento amazónico en 1938. Sus primeros pobladores fueron parte de la Columna Porvenir, que protagonizó la Guerra del Acre con Brasil.

La agricultura fue, desde siempre, la principal actividad de Puerto Rico, si no la única, gracias a las extensas y bondadosas tierras que lo rodeaban. Sin embargo, en los últimos años el descalabro ecológico y el abuso de los suelos (chaqueos y desmontes masivos) provocaron que la pesca se convierta en la mejor alternativa para la subsistencia. Lamentablemente el impacto ambiental ya afectó, también, a los ríos.

Abel “Choco” Ferreira es el dirigente de la Federación de Pescadores de Puerto Rico y ya son 15 años que vive de la pesca en los ríos Manuripi, Tahuamanu y Orthon. Esto está muy fregado, sentencia con conocimiento de causa. Él es uno de los que debe constatar a diario lo que los ingenieros ambientales diagnosticaron hace meses. Ya no hay muchos peces, se fueron a Brasil en busca de refugios por la falta de agua.

El “Choco” no participa de los torneos de pesca y los organizadores respiran aliviados por eso. “Conoce todos los secretos de los ríos”, comentan.

La unión de los tres colosos del Amazonas
Foto propia.

En las orillas del Manuripi todo es fiesta. Mientras los pescadores pasan hilos por cañas, amarran los ganchos y reman, la gente aguarda su retorno con música pandina y latas de cerveza. Algunos bailan mientras un grupo de mujeres prepara las ensaladas y guarniciones para el festejo de la noche. Son las 3 de la tarde y el sol no da tregua.

Precisamente es el calor el responsable del drama que azota a Puerto Rico. Los focos de calor y el efecto invernadero global han comenzado a afectar los niveles del agua en los ríos entre los meses de abril y noviembre (el resto del año el peligro son las inundaciones).

La directora de Medio Ambiente del gobierno departamental de Pando, Ericka Navarro, que asiste todos los años al Torneo, comenta las cifras del descalabro. Según explica, la altura de los ríos bajó hasta ocho metros este año y la subida anual de las temperaturas complicará más el panorama en el futuro.

Rodrigo Loza, un ingeniero ambiental responsable de monitorear las variaciones en el ecosistema de la región, no es más optimista. Cuenta que los incendios han contaminado el agua y eso merma la cantidad de peces en los ríos.

El pacú y el surubí son los favoritos de la mayoría por su exquisito sabor, fritos o en chicharrón. Cada vez hay menos pirañas y ya casi no quedan dorados y xananas. Sin embargo, el que concita la atención de todos es el famoso “paiche”, un pez gigante que puede llegar a medir más de dos metros y pesar más de 70 kilos.

Para pescar uno hay que usar hilo plástico doble porque si no se rompe por su fuerza. Además, en la faena, deben participar todos los tripulantes de la embarcación. El paiche enloquece cuando siente que fue enganchado y comienza a saltar a la superficie.

Hay que apuntarle a la boca o a la frente y soltarle el “palazo” para atontarlo y así poderlo agarrar. Ése es su punto más sensible. El peligro es que muchas veces el paiche terminó volteando las embarcaciones antes de que alguien pueda atinarle con un remo en la cabeza.

Este año no se rompió la marca de un ejemplar que medía 2 metros y pesaba 72 kilos. Sin embargo, un equipo logró pescar uno de estos peces y, lógicamente, se hizo del premio. Pesó 56,2 kilos y tenía de altura 1,83 metros. En la noche se convirtió en tres pailas de chicharrón. Otra costumbre es que todo lo pescado en el torneo se destine para la ceremonia de premiación en la noche.

El festejo de la noche, seis tipos de pescado e interminables cervezas Bahía
Foto propia.

Doble motivo para celebrar, el equipo que ganó el premio este año es de Conquista, otro municipio pesquero que queda a 56 kilómetros de Puerto Rico.

“Nosotros no dañamos el medio ambiente con el torneo, más bien lo que queremos es mejorar la calidad de vida del departamento y dar un impulso al turismo”, aclara Daphne Espinoza, docente de Biología, coordinadora rural de la Universidad Amazónica y principal organizadora del Torneo Internacional de Pesca de Puerto Rico.

Espinoza destaca que la iniciativa -promovida por la Gobernación de Pando, el municipio de Cobija, la Universidad Amazónica y algunas empresas privadas- apunta a fomentar el turismo y consolidar a Puerto Rico como una región pesquera. Este año participaron equipos de Trinidad, Riberalta, Santa Cruz, La Paz, Conquista y Cobija, además de los equipos internacionales.

“Tenemos tres ríos a la vuelta de la esquina, es una fortaleza que debemos explotar”, sentencia Espinoza al tiempo que la gente comienza a disfrutar los platos elaborados con seis clases de pescado. Parece ironía pero es la realidad, en esta población apuestan todo a las cañas y a las redes a pesar de que los peces se van.

Puerto Rico, este ex campo de concentración de clima inclemente, está decidido -desde sus instituciones hasta sus pobladores- a combatir a la historia y al calentamiento global, de ser preciso, para cumplir su objetivo de ser la capital boliviana de la pesca. Hace años que comen de ese sueño.

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Publicado en Página Siete el 12 de octubre de 2010.

martes, 12 de octubre de 2010

Circo de purgas

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Publicado en IDEAS de Página Siete el 10 de octubre de 2010


Es recurrente que administraciones gubernamentales y fuerzas políticas, con menor o mayor grado de paranoia, pregonen/inicien procesos de depuración internos para detectar infiltrados, espías, saboteadores, desleales, reaccionarios, consumistas, comunistas, anticomunistas, pequeñoburgueses, etc.

Y ahora, a tres meses de que el Gobierno del Movimiento Al Socialismo cumpla su quinto año en el Palacio de Gobierno, le llegó el turno al aparato de Evo Morales. El motivo, anunciado por el propio Jefe del Estado, es que los “infiltrados” frenan los proyectos gubernamentales.



A partir de ese anuncio salieron dos diagnósticos en el interior del MAS y del Gobierno. El senador Eugenio Rojas afirmó que existe, dentro del aparato estatal, personal que obedece al ex aliado Movimiento Sin Miedo, que en su momento tuvo su cuota en el Ejecutivo. Mientras que el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, hizo una lectura más descarnada, en el Gobierno sobrevive la burocracia neoliberal y sus viejos hábitos de hacer gestión.

Existe una tercera evaluación, no menos ilustrativa que las anteriores, de alguien que estuvo bien adentro y ahora está lejos. El ex vocero presidencial Álex Contreras concluyó que los infiltrados ya estaban en el primer gabinete y que en las salas de reuniones del Palacio veía como los “antiguos neoliberales” eran los que tomaban las decisiones en lugar de los movimientos sociales.

A partir de estas intimidades se desprenden dos realidades que, en vez de ser contradictorias, son harto complementarias. Uno, la afinidad política es un elemento decisivo para construir (desmontar/montar) una administración pública. ¿Se acuerda de los famosos avales o de las denuncias de tráfico de influencias entre masistas?

Y dos, hacer gestión desde la complejidad del Estado, así sea para transformarlo (montar/desmontar), requiere un know-how que no viene de la mano con la ideología o la bandera. El costo de poner en marcha la máquina que te ganaste es mantener a algunos de los antiguos dueños que saben cómo funciona. El Gobierno de Evo tuvo que recurrir a algunos de los “condenados” para puestos que requerían alta cualificación técnica como en Yacimientos o Entel.



Lo que se desprende de uno y dos es una debilidad estructural que tiene el Estado boliviano que antecede a la plurinacionalidad, al liberalismo de mercado y al nacionalismo revolucionario. El campo político en Bolivia no quiere y/o es incapaz de constituir una administración pública que tenga relativa autonomía de su propio universo. Lo político barra la composición de la función pública y eso impide que se siembre una camada de administradores de lo público que pueda trascender, así sea medianamente, a los avatares de la correlación de fuerzas en la plaza Murillo.

Las consecuencias las vemos ahora y las vimos antes. En medio de la consolidación de un proceso de transición de bloques históricos, con élites políticas y económicas propias, saltan pugnas y purgas, fundamentalmente en el bando de los vencedores.

El MAS no tuvo piedad en varias reparticiones estatales, “esto está lleno de neoliberales”, sin embargo no siempre tuvo con quienes llenar tanto espacio que ganó. El fugaz paso de ser el partido del cocalero a ser el partido del Gobierno, en menos de diez años, le jugó en contra porque no tenía tantos cuadros. Además le tocó asumir el mando bajo las reglas del anterior establishment, una administración pública corrompida, oportunista y extremadamente pragmática a la hora de apoyar a alguna autoridad para sobrevivir. “Todos se han vuelto masistas” se escuchaba en los pasillos de los ministerios en los primeros meses de 2006.

Y casi cinco años después, de la boca del Presidente, escuchamos que esta renovación de la administración pública no ha concluido, que siguen allí los culpables del pasado y que ahora frenan el proceso de cambio. Esas palabras bastaron para poner en alerta a todo el partido y a los movimientos sociales. Basta leer una de las conclusiones del último encuentro departamental del MAS en la sede de gobierno. “Identificar y expulsar a los infiltrados neoliberales, que están pertrechados en el Organo Ejecutivo, Legislativo, gobernaciones y alcaldias”. Con algo parecido empezó lo de Stalin.


La magnitud del desafío del bloque que gobierna la brindó el viceministro Navarro: el MAS tiene que ser capaz de generar su propia burocracia que revolucione la forma de administrar al Estado. Es la gran oportunidad de autonomizar, siempre en la corta medida de lo posible, a la gestión de la política. Con la correlación de fuerzas a su favor, el Gobierno tiene la oportunidad de hacer lo que no se pudo en 10 años de tecnocracia, construir la institucionalidad que ponga en marcha al nuevo Estado.

Sin embargo, el oficialismo ya dio dos malas señales. Tiene congelada la Ley de Gestión Pública, desarrollada durante buena parte de 2009, que traza el camino hacia una gestión pública descolonizada y plurinacional (más allá del discurso) y frenó la Ley del Servidor Público, que pretende extirpar el clientelismo y el oportunismo dentro de la administración estatal. Hasta ahora ningún gobierno se ha propuesto ordenar en serio su burocracia interna porque eso supone renovarla. Nadie aún se ha querido cargar ese muerto.