lunes, 27 de septiembre de 2010

Santa Cruz, una élite en retirada o Un mal diagnóstico y un plan descabellado

Publicado en el suplemento IDEAS de Página SIETE el 26 de septiembre de 2010.


“No vamos a seguir gastando pólvora en gallinazo, vamos a decirle al señor excelentísimo asesino Presidente que la paciencia tiene un límite y se está acabando”.

Rubén Costas le mandó ese mensaje el 16 de agosto de 2008 a Evo Morales mientras le advertía que el próximo comandante departamental de la Policía debía estar bajo la tuición de la Prefectura de Santa Cruz.


de Trond

Dos años después, ambas autoridades –reelectas en el interludio— aparecen sonrientes en la entrega de una carretera que, anuncian, será la primera de muchas obras que trabajarán en equipo. El Presidente parece olvidar el pasado cuando le suelta un simbólico “compañero” al Gobernador. ¿Qué sucedió entre ambos extremos?

Días después de aquella incendiaria amenaza de Costas, la institucionalidad cruceña apostó por un plan que, si bien nunca fue consensuado del todo, tenía un libreto general bajo el rótulo de departamentalización de las instituciones. Una élite atrincherada en las principales entidades departamentales optó por desentenderse del Estado a través de sus estatutos autonómicos y la ocupación de las oficinas públicas.

El lunes 8 de septiembre de ese año, grupos cívicos, universitarios, barras de fútbol y la numerosa Unión Juvenil Cruceñista (UJC) iniciaron una serie de tomas de instituciones previamente planificada. Los activistas, por ejemplo, se ensañaron con el edificio del Instituto Nacional de Reforma Agraria y quemaron todos los papeles que hallaron. Meses después se supo que los documentos que certificaban que terratenientes cruceños obtuvieron tierras irregularmente, en pleno proceso de saneamiento, fueron retirados del predio del INRA un par de días antes por el rumor de la irrupción.

Hasta ese día, el Presidente no podía pisar suelo cruceño sin que la UJC se movilice para impedir su llegada. Lo mismo sucedía en Tarija, Cobija, Trinidad y, en menor medida, Sucre, ciudades donde también existían colectivos que se agrupaban cada vez que Morales anunciaba su visita.

Los medios de comunicación contabilizaron alrededor de 75 entidades estatales tomadas hasta el 11 de septiembre. Después de Santa Cruz fue el turno del resto de la “media luna” e incluso Sucre se plegó a la ocupación de instituciones. Medio centenar de inmuebles fueron ocupados en suelo cruceño, únicamente unos pocos, los más simbólicos como el edificio del INRA, fueron con violencia.

Sólo en 2008 y antes de llegar a ese septiembre, Bolivia había presenciado referendos autonómicos al margen de la norma en cuatro departamentos, la tristemente célebre vejación a campesinos en la capital un día antes de su aniversario, una consulta revocatoria de autoridades y la articulación de ese eje cívico-prefectural denominado Consejo Nacional de Defensa de la Democracia (CONALDE).

Santa Cruz era la vanguardia de toda la ofensiva opositora. Contaba con grupos de resistencia organizados barrialmente, el aparato público departamental a su servicio y el respaldo económico de poderosas instituciones que aglutinaban a políticos, empresa privada, ganaderos y dueños de la tierra. Todavía se recuerda el ofrecimiento de uno de los más acaudalados que, en una reunión con los líderes de la revuelta, llegó a ofrecer hasta el 25 por ciento de su fortuna para “frenar al comunismo”.

¿Quién pagó estos escudos? ¿De dónde salieron?

En esas condiciones es que toda esa articulación se lanza en el plan más ambicioso y peligroso que efectuó la élite cruceña, comenzar a funcionar al margen del resto del país. Días después de las tomas, la Prefectura cruceña anunció que precintaría todas las instituciones y se realizarían inventarios en el interior de los inmuebles.

Aunque nunca hubo actos oficiales, la prensa llegó a conocer los nombres de algunas de las autoridades interinas que serían nombradas por el Ejecutivo Departamental en las semanas siguientes.

Existe una Gaceta Departamental, del 12 de septiembre (un día después de Porvenir), que se tuvo que retirar raudamente de las calles de Santa Cruz. Contenía una “ley” promulgada por Rubén Costas, “de nombramiento de las máximas autoridades de las dependencias del Gobierno Nacional en la Jurisdicción del Departamento Autónomo de Santa Cruz”.

Esa norma, amparada bajo los estatutos autonómicos, viabilizaba el funcionamiento de todas las oficinas tomadas bajo la tuición de la Prefectura de forma interina y daba los lineamientos para la reinstitucionalización definitiva de esas entidades como parte del aparato departamental. Ese era el plan que no fue.

Ardió Entel y volaron tarjetas y celulares
El Día

La violencia que se desató en Pando y la cantidad de muertes en Porvenir provocó el retroceso del CONALDE, que apostó por polarizar y terminó pidiendo el diálogo, acorralado por el cierre de filas de la mayoría del país con el Gobierno y el respaldo internacional total para Evo.

Han pasado 24 meses de ese episodio y la tensión bajó. Sin embargo, los más radicales todavía no perdonan a quien clamaban “Gobernador” aquella reunión en la residencia de San Jorge en la que éste accedió a devolver las oficinas tomadas.

Finalmente ese bloque se desarticuló. Algunos siguieron probando, otros bajaron el perfil y volvieron a la actividad privada, varios dejaron el país, unos cuantos ingresaron a la política de partidos y no faltan los que se convirtieron al MAS. Esa élite dirigencial que creció con las dictaduras militares; se fortaleció, directa o indirectamente, gracias a la economía del narcotráfico y cogobernó durante el neoliberalismo ahora luce en retirada. Se jugó las últimas fichas en ese intenso, histórico y definitivo septiembre de 2008.

Rubén Costas insistió, en plena celebración del Bicentenario de Santa Cruz, que su postura sigue siendo la de un firme opositor. Sin embargo, el de ahora dista mucho de aquel que clamaba que “el león despertó” e invitaba a sus rivales a que “sigan temblando”.

1 comentario :

  1. Solamente puedo afirmar algo, en las manos de Ruben Costas no hay ni sangre ni cocaina. Y eso no es algo que se puede decir de los que estan ahora sentados en el Palacio Quemado.

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