domingo, 29 de agosto de 2010

Llorenti, el ojo de la tormenta

Publicado en el suplemento IDEAS de Página SIETE el 29 de agosto



Sacha Llorenti cumple hoy 222 días como el ministro de Gobierno de Evo Morales. Hasta ahora es el que lleva menos tiempo en el cargo, en comparación con sus predecesores, y sin embargo es el que mayores cuestionamientos ha enfrentado.
Hombre del entorno de Álvaro García Linera que se ganó la confianza de Evo Morales. Activista de Derechos Humanos de perfil bajo y conciliador que ahora aparece como el nuevo hombre duro del gabinete gubernamental. Es la autoridad con mayor respaldo en el Ejecutivo (parece intocable) y a la vez es la figura más cuestionada en el interior del Movimiento Al Socialismo. Sacha Llorenti siempre está en el centro de la polémica.




 Foto: Jornada
En siete meses se produjeron tres episodios que pusieron al Ministro de Gobierno en la tapa de los diarios. El enfrentamiento entre policías y colonizadores en Caranavi, el asesinato de miembros de la institución del orden en Uncía y las denuncias que realizó contra el alemán Dirk Schmidt y Gustavo Torrico. Además, tres organizaciones sociales del núcleo masista pidieron su renuncia.
La llegada de Llorenti al actual partido de Gobierno ocurre en 2004. Conocía a Morales de mucho tiempo antes, cuando hacía de mediador en las negociaciones entre los cocaleros con los distintos gobiernos que pasaron entre 1997 y 2003. En esa época era más cercano a García Linera puesto que coincidían en círculos académicos e incluso, durante un tiempo, compartieron una casa en Sopocachi.
Su primer papel dentro del aparato gubernamental era ser embajador de Bolivia en Estados Unidos con la encomienda expresa de viabilizar la extradición de Gonzalo Sánchez de Lozada. Finalmente nunca viajó a Washington y, aunque se dijo de todo, nunca se esclareció el motivo por el que no se convirtió en diplomático. Después ingresó al Órgano Ejecutivo como Viceministro de Coordinación de los Movimientos Sociales.
En su libro “Jefazo”, el argentino Martín Sivak hace una ilustrativa referencia a la función de Llorenti en ese entonces. “Es como el secretario personal de Evo”, describe el periodista que fue testigo cercano de los primeros años de gestión del Presidente para después escribir su libro. Lo cierto es que en sus tres años de Viceministro, Llorenti recorrió el país junto al Jefe de Estado y ese es el tiempo en el que se ganó la confianza presidencial.
Su presencia en el Gobierno siempre fue mirada con, al menos, desconfianza por los masistas más antiguos que él. Ya en 2005, el expulsado Filemón Escóbar lo trataba de llockalla oportunista, criterio que era compartido por otros fundadores del MAS.
Otro sector que nunca lo vio con buenos ojos, aunque nunca lo hizo conocer públicamente, fue el grupo que provenía de la izquierda del siglo XX, en el que figuraban Alfredo Rada y la familia Peredo, entre otros. La pulseta se definió, por ahora, a favor del actual Ministro. Llorenti relevó a Rada en el despacho de Gobierno y ahora enjuicia al hijastro de Antonio Peredo, Luis Fernando Prado. Otro de los hombres de la “vieja guardia”, Remberto Cárdenas, lejos de cualquier círculo de poder, lo acusa de copar la Asamblea de Derechos Humanos con gente de su entorno; su grupo es el que resultó desplazado.
La segunda gestión de Morales, con el cambio de 14 de los 20 ministros que lo acompañaron en el primer periodo constitucional, ilustra la nueva correlación de fuerzas en el Palacio de Gobierno. Los pedidos de cambio de autoridades y la amenaza de cercar a La Paz son prueba de que la disputa intestina no ha concluido.
No son pocos los adversarios políticos que tenía Llorenti cuando llegó al Ministerio de Gobierno y aparentemente no se han reducido en los meses que lleva en el cargo, todo lo contrario. Los familiares de los policías que murieron torturados en Uncía anunciaron que le iniciarán un juicio por supuesta negligencia en el rescate de los uniformados. Otro juicio se le abrió por el operativo policial en el que dos campesinos de Caranavi murieron por impacto de arma de fuego en un enfrentamiento con las fuerzas del orden. Tres informes apuntan al Ministro, el de la bancada opositora en la Cámara de Diputados, el de la Asamblea de Derechos Humanos y el del Defensor del Pueblo.
El gabinete cerró filas en torno a él y salió a descalificar las investigaciones sobre el caso Caranavi que apuntan hacia él mientras el Vicepresidente fue más elocuente, “tiene todo el respaldo”.
Gustavo Torrico, hombre de Morales desde 1999, diputado durante ocho años y ex viceministro de Régimen Interior, fue el que lo precisó con mayor claridad. En una entrevista con Página Siete afirmó que existen celos políticos que impulsan su juicio cuando se le preguntó por el papel de Llorenti en su proceso. Esa misma lógica se puede aplicar para aquellos que operan contra el nuevo hombre fuerte del Gobierno.
La administración del MAS ha mostrado las mismas características que anteriores gestiones gubernamentales en lo que se refiere a disputas internas entre facciones con el agravante de que la estructura del partido de Evo Morales es más compleja por la presencia orgánica de sindicatos y federaciones que reclaman, como cualquier miembro, su parte del paquete. Desde el primer día, Llorenti tiene los ojos de gran parte de esta estructura compleja encima, y él lo sabe. Parece que salió airoso en sus primeros 222 días, faltan otros 1612 para que concluya la gestión gubernamental.
 

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