domingo, 4 de julio de 2010

África desoyó el instinto

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Publicado el 4 de julio en el suplemento IDEAS de Página SIETE.


Nigeria decepcionó mal, el Camerún de Eto’o está muy lejos de los leones indomables de Milla, Sudáfrica de local fue el insoportable ruido de vuvuzellas, Costa de Marfil se rompió más que un brazo y Argelia aparecerá en la estadística por la estricta rigurosidad del archivista. Ghana, en cuartos de final, es la excepción que confirma la regla.

Emotivo. Yekini grita con todo uno de sus goles. Fue en el Mundial de Estados Unidos 1994

Los países africanos eligieron Europa como su modelo de desarrollo y pagaron con sus fracasos. Mandaron allá a sus mejores exponentes, siguieron las ideas de varios de sus más destacados estrategas, ajustaron su calendario porque quisieron vivir como ellos, pero las cosas no marcharon. Y lo mismo les pasó en el fútbol. Las fórmulas del viejo continente fallaron en el sur del mar Mediterráneo en la economía, la política, en las calles y también ahí, en el verde césped (Labruna dixit). Curiosa realidad que no es para nada sorprendente sino plagada de obviedades.

Arranquemos por el fútbol. Este debía ser el Mundial más africano de la historia. No sólo por la sede de las canchas y por la cantidad de equipos presentes: seis (uno más que Sudamérica) sino también por el reconocimiento global que alcanzaron sus estrellas. Los Drogba, Essien, Eto’o, Mikel, Touré o Muntari dieron vueltas olímpicas en todos los torneos top de Europa hace un mes, la Premier inglesa, el Calcio italiano, la Bundes alemana, y la Superliga española. También hubo botines africanos en el Inter de Milán que levantó la Champions League.

En el siglo XVIII, Europa necesitaba materias primas africanas para impulsar su Revolución Industrial (el desfalco a América ya era insuficiente) así como el suizo Joseph Blatter necesitaba votos para presidir la FIFA en 2002 y el portugués José Mourinho un delantero que sea capaz de jugar detrás de Diego Milito en 2010. Entonces marcharon animales, madera, y otros insumos para manufacturas; 53 votos de las federaciones de fútbol de ese continente para la continuidad del mandamás de la FIFA a cambio de que un africano sea la sede del Mundial 2010 y Samuel Eto’o abandonó su rol protagónico en el Barcelona multicampeón para segundear (admirablemente) al ex jugador de Racing de Avellaneda.

Hasta 1950, Alemania, Italia, Portugal y el Reino Unido de Gran Bretaña pretendieron construir estados modernos “a la europea” en el suelo africano antes de hablar de la independencia de sus países. Ese era el verso, ¿conocido verdad? Sin embargo un país se independizó, y luego otro, y otro en gestas épicas donde el civilizado y humanista viejo continente de la posguerra mostró su faceta más despiadada. Ahí la Unión Soviética también metió la mano. Todos los que intervinieron lo hicieron a título de ayuda cuando en realidad todos defendían los intereses de su camiseta.

Alegría. Roger Milla bailó en los mundiales. Después vendió la idea a Coca Cola.

Finalmente África fue conquistando su independencia en los papeles aunque nunca dejó de depender de Europa. Otra vez todos se metieron, desde la Organización de Naciones Unidas hasta el Che Guevara, quien se fue a protagonizar su guerrilla más triste en el Congo. En plena guerra fría nacieron estados marxista leninistas.

Varios eligieron el socialismo influenciados por la URSS y algunos intelectuales europeos. Basta fijarse en la bandera de Angola, la rueda dentada y el machete en fondo rojinegro son un disimulo de la hoz y el martillo. El tema es que el Las fórmulas no eran propias y los proyectos emancipatorios, utópicos, románticos, humanos y loables fracasaron. Colonización mental le dicen.

El tema es que socialismo implantado, postizo y sovietizado no caminó. A los africanos les pasaron un resumen (seguro de la Agencia de Prensa Novosti) del Manifiesto de 1848 que no incluía la partecita en la que Marx y Engels hablan de que existen condiciones objetivas que hacen de base material para la construcción del comunismo.

Y ahora los que siguen los designios de la economía (anti) social de mercado tampoco la tienen fácil. Los que siguieron el capitalismo desde el minuto cero tuvieron que comerse años de guerras civiles patrocinadas por intereses europeos. Ahora existe un émulo de la UE de estados africanos que copió hasta la carta fundacional.

La cooperación internacional, condicionada como siempre, es vital para mantener la institucionalidad en varios países. Y siguen sin poder romper el molde. Llegan unos pesos (la deuda externa y la inflación también) a cambio de que siga la búsqueda de estados bien occidentales, modernos y de buenas costumbres.

Parece que los africanos no lo saben, pero ellos en el fondo no quieren eso para sus tierras. Sus líderes, en lo político como en lo futbolístico, cuando van ganando fama van cambiando las imágenes de las calles desordenadas donde crecieron para abrazar un idealizado Londres que pueden visitar pero que jamás podrán construir.

En este Mundial cuatro de los seis equipos africanos llamaron a técnicos europeos. Nigeria limpió a su DT (nacional) cuando se enteró que Lars Lagerbäck fracasó con Suecia en las eliminatorias. El sueco, amante de la táctica y la disciplina ya está de vuelta en Estocolmo. Paul Le Guen, francés y amarrete fracasó con Camerún. En su época de jugador fue defensor y se notó que al frente no fue nunca. Plagiando a Mourinho, a Eto’o lo mandó a un costado para que Webo juegue de nueve y demuestre que no es Milito. El ex entrenador de Inglaterra dirigió a los elefantes marfileños. Sven-Goran Ericsson, admirador de Arrigo Sacchi y del 4-4-2, ya había fallado antes con México. Milovan Rajebac, técnico de Ghana, es serbio y desconocido. Le fue mejor que a los otros tres europeos que tienen muchos más pergaminos.

Sudáfrica eligió al brasileño Carlos Alberto Parreira mientras que el único país africano en llevar DT nacional fue Argelia que rescató a su leyenda local, Rabah Saädane, quien poco pudo hacer contra el neocolonialismo inglés y el imperialismo yankee en el grupo C.


Desazón, Eto'o se brindó completo pero la táctica de su entrenador mató su juego.

El fútbol africano no apareció y mucho hicieron ellos mismos para que eso pase. En la cancha, su natural aventurero descompaginó con el dibujo táctico. Los seis equipos de este 2010 tenían mucho más recorrido, mundo, experiencia y cartel que las selecciones de anteriores mundiales pero ninguno fue la mitad del Camerún de Milla, N’kono y Biyic o la Nigeria de Jay Jay Okocha, Yekini y Finidi George. No se vio esa alegría noventera en las canchas sudafricanas a pesar de que tenían el viento a favor.

No fueron ellos, ganó el miedo, no creyeron que era posible, se impuso la mezquindad cuando el escenario pintaba para fiesta. Así, recurriendo a Benedetti, la desilusión no fue más que otro absurdo previsible, un dolor mal calculado.

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sábado, 3 de julio de 2010

Yo también metí un gol con la mano o la historia de Luis Bonaparte, Fabiano y Suárez

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Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.
Qué pedazo de entrada se mandó Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Y bueno, sí lo dice Carlitos es para tenerlo en cuenta. El que piensa que Marx no tenía un finísimo sentido literario y estético en sus obras se va de narices con esta apertura.

Luis Bonaparte, digo Fabiano

Las manos en este Mundial son un hit. En el Campeonato del Mundo más latino desde 1930 no podían faltar las avivadas. Ahí les pido no caer en moralismos, está en la sangre. O acaso conocen algún europeo que sea más canchero que un sudaca de barrio, potrero o playa. No pueden, se mueren de ganas pero no les sale. Rooney tiene la actitud pero lo traiciona la flema inglesa, con eso también se nace.

Luis Fabiano, en este caso, viene a ser el Luis Bonaparte de la épica maradoniana, comparten hasta el nombre. El brasileño metió un derechazo después de haber bajado el balón con doble mano para volver a la media cancha a las risitas con el arbitro. Así no vale, hasta para hacer trampa tienes que tener ética y parte de los códigos de la cancha es no transar jamás con el arbitro. Y luego remata la jugada declarando que fue una "mano sagrada de Dios". Qué falta de respeto a si mismo. Es peor que apellidar como Napeleón (Lucho era su sobrino) y querer repetir mal su obra. Hoy Brasil está fuera del Mundial (adeu Dunga) y el tanque del Sevilla fue reemplazado cuando su equipo iba en desventaja.

La Gran Tulio recordarán otros para confirmar otra vez que ésta es la farsa de algo que ya pasó con verdadera gloria.

Y hay un tercer Luis en esta historia. Con la patriada que se mandó Suárez al atajar el balón por lo menos durante una noche será, en Uruguay, un prócer de la talla de Artigas. Aquí Luis III se despachó con una frase de verdad, el héroe de la tarde del viernes dijo "fue la atajada del Mundial", nada más correcto. Era poner la mano o alistar las maletas. Hoy Uruguay está en semifinales después de 40 años. En este caso hay dos precedentes a la gesta. Mario Kempes se mandó una en el Argentina 78 y Maradona le sacó otra a los soviéticos en Italia 90. El primero fue campeón, el segundo perdió en la final. Quisiera decir lo contrario pero aparentemente ni Diego Armando escapa a la sentencia marxista.

Y como siempre hay una versión local y una farsa aún más grande les dejo esta perlita del archivo. YO también hice un gol con la mano y lo tengo relatado por el mismísimo D10S. 2006, creo que en agosto o septiembre, en la horrible canchita que tiene la UMSA.




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