sábado, 25 de julio de 2009

Un año de esta vida




Hay talento, hay curiosidad, hay sacrificio. Un joven colega cochabambino me decía el otro día que ya no recuerda cuándo se compró un par de zapatos. Un profesional que tiembla por perder el sueldo porque la crisis muerde hasta a los dueños. 'El periodismo es mi vida. Trabajaría gratis', me dijo. Le creo.

A la hora de ilustrar relatos no estamos desamparados para nada porque hay reporteros gráficos, como los hermanos Balderrama, (Los Tiempos) y otros foteros con película medida y poca gasolina en la moto. Y para ver si hay o no luz al final del túnel en el que nos han vuelto a encerrar los gringos, ahí está Pulso, el semanario paceño con calidad analítica y actitud audaz. Bajo el título de 'Campesinos como pajaritos', Pulso publicó el mes pasado un reportaje sobre un asesinato (otro más) en el Chapare. Lo firmaba Boris Miranda. 'Casimiro Huanca fue asesinado por regalar frutas, por querer dignidad, por ser dirigente y por ser Huanca', escribió Miranda. Miranda tiene 17 años.

Juan Carlos Gumucio - EL PAÍS


la mía es la Olympus (la de arriba)
Foto propia (qué manera de boludear).


Marzo de 2002. Hace siete años no atrapé el guiño que me hizo Gumucio y sí hace un año y dos días me decías que esta iba a ser la ruta que iba a agarrar te mandaba a la mierda partiéndome de la risa. Hace un año y un día visité la redacción con unas cuantas publicaciones mías y comencé a quedarme y me quedé nomás.

Bah, volví más bien. La primera vez que vi televisión por cable fue en la redacción de EFE y la primera vez que navegué en internet fue en La Razón. Sin olvidar que la primera computadora que toqué fue la del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz. Una de esas MAC inmortales que seguro que ahora debe seguir funcionando. Yo crecí en salas de redacción, la diferencia era que esta vez me tocaba el protagónico (y yo ni siquiera había leído el libreto).

El viernes 25 de mayo de 2009 sonó el celular temprano. Mi editor me indicó que tenía que ir a una donación de computadoras de la embajada chilena en un colegio en Senkata. Cuatro minibuses tuve que tomar y llegué de milagro. Esa fue mi primera nota.

Y aquí estoy, un año después. Jugado, porque este camino ya no tiene retorno y me alegra. Satisfecho pese a que pude hacer las cosas mucho mejor. Orgulloso porque, como digo siempre, la estamos remando. Agradecido como nadie porque los que propiciaron mi llegada al periódico me dieron la chance de renacer. Y firme, firme como nunca con mis convicciones, para que lo sepan los del chistecito fácil. Desde donde estoy y con quienes trabajo enfrentamos ese desafío lindo que es seguir la cotidianidad, leales con el oficio y con el país. De no ser así, ya lo dije antes, no dormiría tranquilo. Hoy me celebro, y bien lo vale, porque tengo el privilegio de poder hacer lo que me gusta, de ser feliz por el trabajo que tengo. ¡Me pagan por escribir! Carajo que este es un país generoso. ¡Salud!

Así es un turno de fin de semana.


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