miércoles, 1 de agosto de 2007

Mi amigo bolivarista y el Toluca

El gol al minuto que los mexicanos le encajan al Bolivar fue la última de las tragedias, pero pudo ser la primera herida de una carnicería. Puede ser el primero de muchos le dije a un amigo bolivarista mientras veíamos al Toluca festejando mientras comíamos. El caos era la única constante entre los cuatro del fondo celeste. En los siguientes treinta minutos al gol de Da Silva el Toluca lo tuvo, lo tuvo pero no quiso. El Bolivar fue de menos a más y, obvio, de atrás para adelante. A medida que la defensa iba superando su andar errático –patadas mediante– los medios lograban conectarse con las puntas. Por suerte nos tocó un arbitro que era demasiado buen tipo, el venezolano debió expulsar a Reyes antes de que acabe el primer tiempo. Sin embargo parece que a los bolivianos nos tiene en muy alta consideración, perdonó a muchos. Por suerte, porque esa patada sacó del partido a Zinha que estaba desquiciando a todos atrás. Luego solo había que pedir Thiago y Viglianti se pusieran de acuerdo en el medio para que los once más vapuleados de toda la Libertadores parezcan un equipo.

Ya habían pasado los sofocones antes de que el hermano venezolano decrete el final del primer tiempo. En ese momento ya muy pocos pensaban en una masacre y los más optimistas, incluyendo a mi amigo, fantaseaban con el empate. En la segunda parte trataron de atropellar de entrada como al principio pero esta vez ya no se pudo. Aparecía Melgar, cortaba Reyes y cerraba Tordoya. Que bien que se paró Tordoya, ya antes de que acabe el primer tiempo empezó a contagiar confianza y fuerza. Juárez y García se despertaron y mostraron mayor solvencia por los costados. Poco a poco empezaba a andar el equipo y aun con el marcador adverso lo que hacían los celestes ya era muy digno.

Tampoco es para decir que la estirpe de la Academia salió a flote, pedir eso era demasiado. Toluca mantenía la iniciativa pero con escasa profundidad. Zinha era solo gambeta estéril, como la de mi amigo, y Vicente Sánchez fracasaba por las dos bandas. Y luego gol, gol con merecimiento cuestionable pero gol al fin. El empate dejaba tranquilo hasta al bolivarista más sediento. El empate significaba, entre otras cosas, que le iban a llover pelotas a Zayas. Tocaba esperar que los mexicanos se desesperen y que no fusilen al arquero, además el Bolivar ni siquiera tenía arquero suplente. Y luego gol, el Bolivar llegó con tanta mala fortuna a esa noche y ese gol era como una síntesis en imagen. Pero fue al otro lado, la tortilla se volcó en contra de los mexicanos. El bueno de Ponce metió una habilitación perfecta para Sillero que ponía a los celestes arriba. Dos a uno ganando el visitante. De inmediato sacaron al compañero Ponce mostrando gran solidaridad con el malaventurado e ingresó un nuevo delantero. Ahora si el Toluca iba a ir al frente con todo. Quedaban treinta minutos, los treinta minutos más largos en la vida de un bolivarista.

El primero en ponerse nervioso fue mi amigo y luego uno por uno fueron contagiándose todos los mexicanos. La hinchada mexicana rugía y eso incrementaba el clima de desesperación, el arquero quería cobrar los tiros libres en media cancha; ahora la tragedia era del otro equipo. Y los rojos se fueron con todo, pero ese segundo gol de Sillero parecía ser la confirmación de que la maldición contra el cuadro boliviano estaba rota. Y oportunidades tuvieron, mandaron un balón al cielo en puertas del arco. También un tiro libre que Zayas el intocable supo desviar y un par de tiros de esquina, los últimos disparos a los pobres nervios de todos los bolivaristas. Ya estaba, pasaron los cuatro minutos de adición y en la bombonera mexicana festejaba el equipo más traicionado del último tiempo.

Victoria importante, para alimentar la ilusión. Victoria de los jugadores, por todo lo dejado en cancha. En México los bolivaristas vieron algo muy familiar en las caras de los mexicanos. Bolivar, de tanta trayectoria en Libertadores le hizo al debutante Toluca lo que le hicieron tantas veces en el pasado. Le sacó el partido, lo dejó calientito clamando justicia, cosas que un bolivarista conoce. Eso le hizo el Bolivar al Toluca, algo que pasa mucho en esta competencia. Bienvenidos a la Copa Libertadores diablos rojos. La bienvenida la da un equipo que sabe de estas batallas.

Mi amigo acudió al encuentro y se fue a celebrar, no le importaba que ya fuera más de la una de la mañana. Allí seguramente estuvo con otros hinchas cantando, dedicándole la victoria a los del frente, que esta vez parece que se lo merecen. Y seguramente cantó mucho porque llegó a su casa con la luz del día, eso lo vuelve un irresponsable. Pero era un irresponsable feliz que tenía mucho que festejar y mucho de que liberarse. Quitarse no solamente los nervios del final, también el terror a una posible lesión del arquero en cualquier momento del partido. Mi amigo se fue a buscar otros que como él aguantaron todas las bajezas que le hicieron al Bolivar y aun así vivieron el partido. Animarse a ver el partido solamente ya era demostrar ser un bolivarista leal. Y que importa si mi amigo no llegó a tiempo a la agencia de viajes donde trabaja, sobran los motivos. Además, las alegrías futboleras deberían ser comprendidas por todas las instituciones del mundo.

1 comentario :

  1. Le invito un fernet al que me diga de que amigo estoy hablando. Estoy hablando completamente en serio.

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