sábado, 18 de agosto de 2007

Los hinchas del Bolivar y la crisis

Hace unos meses me consolaba pensando que a la mañana siguiente del siete a cero de Boca a Bolivar no habían menos bolivaristas en el mundo. Creyente a muerte de la lealtad del hincha, veía una esperanza en ese argumento. Y ahora otra vez, cuando la mano se pone dura a la hora de ser hincha, pienso en el patrimonio nuclear de un club de fútbol. Quedamos nosotros y por más que le doy vueltas al tema no encuentro otra tabla de salvación en momentos tan feos. Ya no queda el peso de la camiseta, no están más los jugadores consagrados, menos la trascendencia en el mercado de transferencias. El capitán Borja recuerda que antes era un privilegio ir al Bolivar y ahora es todo lo contrario. Lo desvirtuaron todo, ya sabemos quienes. Pero sobrevivieron los hinchas, el patrimonio vivo.

Y estoy hablando de los hinchas a secas, no pienso en los socios. Puede que no se reduzca el número de hinchas pero la masa societaria activa tampoco debe crecer regularmente. El club está tan distanciado de la gente que hablar de socios, de una comunidad bolivarista, es ir demasiado lejos. Terrible escuela deja esta administración. Gastos irresponsables pensando únicamente en armar equipos que garanticen torneos internacionales y que nada le dejan al club. Esa línea está dejando un mal recuerdo de los años más ganadores del Bolivar en el último tiempo. Bolivar ganó tanto que pudo crecer como club en Sudamérica, si hubieran hecho sólo la mitad de lo que hizo la Liga de Quito por ejemplo. La chance la dejamos pasar por ahora.

Además tampoco es un logro insólito, Bolivar siempre fue un ganador y no en estas condiciones. Con deudas escandalosas y jugadores tratando de irse lo más rápido posible. Tufiño lo dijo después del subcampeonato de la Sudamericana: todo muy lindo pero aquí no juego más. Así fuimos perdiendo jugadores y respeto. Lo que pasó con Pachi es otra muestra, colgado seis meses cuando ese chico era el conductor que le faltó a la selección en Venezuela. Nada contra Joselito pero Pachi tienen mayor autoridad en la cancha y, a mi juicio, mejor panorama. Ahora al equipo actual nadie lo reconoce y no porque los jugadores sean malos sino porque es el producto del improviso. Así y todo habían esperanzas de ganar en el último clásico. Eso porque últimamente el bolivarista se ha acostumbrado a soñar a pesar de todo y no gracias a algo.

Todavía, después de ese panorama, se animan, descriteriados, a culpar a los hinchas del fracaso. Justo en estos días salió un dirigente en los medios a decir que los hinchas no apoyamos con presencia. Que al partido contra Boca solamente fueron veinte mil. Cuando subieron las entradas una barbaridad, a nombre de combatir la reventa castigaron al público. Deberían estar agradecidos más bien. Con entradas a precios más realistas y en la peor de las lluvias llenamos la cancha contra el Santos un par de años antes. Esa subida irracional de las entradas, en pleno carnaval además, era una muestra y esta última declaración confirma que a los hinchas nos tienen en pésima consideración.

Ahora, lógico, todo se ve desolador. De los hombres del Bolivar ya no queda casi nadie. Y los que están deben querer irse y bien por ellos. No creo que les guste a los jugadores y al cuerpo técnico estar en un club autoritario, mentiroso, sin visión de futuro. Y como tampoco han estimulado la integración de la comunidad bolivarista el Bolivar se va sintiendo cada vez más vacío. ¿Triste verdad? Ahuyentan jugadores y se acuerdan de los hinchas solamente para subirles las entradas o recriminarles. La diferencia es que el lazo del hincha es infinitamente más fuerte, el jugador tiene unos pocos años de carrera y no debe desperdiciar.

Después de tanto capital dilapidado quedamos nosotros. Los clubes de fútbol le pertenecen a los socios por acuerdo y a los hinchas por naturaleza. Y antes de que salga un inteligente que proponga privatizar el club con el cuentito de la eficiencia tecnocrática hay que recordar a los hinchas. Los bolivaristas pueden reapropiarse del club, no hablo de la barra, hablo de todos. Está dentro de nuestras posibilidades. Esta última experiencia me convence aún más de que son los hinchas los que mejor pueden administrar sus clubes. Una privatización o cualquier otra manera de expropiación traería gente que no le tendría el mínimo cariño al club y lo terminaría de distanciar de la comunidad celeste. Ese es el miedo que tengo ahora, que por salvar al equipo terminen perdiéndolo todo.

Un amigo, que de ninguna manera es un futbolero apasionado, me prestó una película y yo nunca se la devolví. Se llama Luna de Avellaneda y yo se la recomiendo a todo el mundo. Tal vez este alegato por recuperar nuestro club de fútbol se vuelva más creíble después de verla. Yo creo que es posible, porque siempre fue posible. Porque nada de lo que propongo aquí es nuevo, son ideas de hace más de un siglo en el mundo. Así crecieron los clubes. Ideas desvalorizadas, dicho sea de paso, por los mismos agentes que luego llegaron a privatizar los clubes volviéndolos mero negocio especulativo. Quedamos nosotros, porque hasta los dirigentes actuales se están desentendiendo, mejor. Yo lo que pienso es que la salida pasa por recuperar al club, devolverlo al cotidiano de la gente. No puede ser solamente un improvisado equipo de fútbol.

2 comentarios :