sábado, 4 de agosto de 2007

El veto a la altura: Defendemos mucho más que una cancha

Tierras de todas las latitudes han sido condenadas a martirio a nombre de un saber previo a cualquier memoria. Culpables desde antes de nacer, el orden decide e instrumentaliza a estas regiones según su necesidad y conveniencia. En el fútbol no hay gran diferencia. Aquí el orden lo mantiene la FIFA y hace ya bastante tiempo que viene organizando la geografía del fútbol según sus intereses.

La sentencia a las canchas que están a más de 2500 metros sobre el mar viene a ser muestra de lo salvaje del fenómeno. Importante, al veto no hay que tomarlo como una vejación exclusiva a unos cuantos países del continente, es otra medida de desprecio al continente en su integridad. Este diagrama actual del mundo fútbol viene desvalorizando al continente. Se han organizado las cosas en beneficio de los mercados fuertes y a Sudamérica le tocó bailar con una de las feas. Imaginen, cuatrocientos jugadores menos de la liga de Italia, España o Inglaterra: queda una liga desastrosa, con equipos dignos de cuarta división.

Brasil y Argentina exportan jugadores alrededor de esa cifra y aun así Boca o el Sao Paulo reivindican la habilidad triunfando contra milanes y liverpooles, los últimos finalistas de la Champions League. Otros países tienen cifras menores pero en líneas generales nuestra función es producir talentos y vender. Y así como le imponen a un continente la tarea de producir jugadores para enriquecer europeos, le imponen que no juegue más a 2500 metros sobre el mar. Otro dato: Sudamérica participó con cuatro representantes al último mundial por acuerdos electoralistas en el interior de la FIFA. Argentina le metió seis a Serbia y Montenegro mostrando que en términos de calidad existe clara descompensación. Pero como la región está desvalorizada Blatter logró su re-elección negociando con una – luego media – plaza nuestra. Por eso el tema altura debería conmover a todos en el continente, el potencial veto solamente iría en detrimento del fútbol de la región entera.

La justificación al veto está fundamentada en dos cuestiones. Un informe médico que piensa en la salud de los jugadores y la risible lucha de la FIFA contra la distorsión en la competencia. Sobre el primer elemento es complicado hablar puesto que no soy médico ni me acerco un poquito. Ahora, sirve recordar que desgraciadamente ya ha habido muertes en los campos de fútbol. Creo que la causa de estos fallecimientos no pasa tanto por el lugar donde se juega. Ahí mucho tuvo que ver la alta exigencia a la que fueron sometidos aquellos jugadores en su momento. Y eso también es impostura cruel del negocio fútbol. En La Habana con mis amigos jugábamos frente al malecón cuando llegaban los huracanes porque era muy aburrido quedarse todo el día encerrados. Jugábamos hasta que la bola se volvía incontrolable por el viento o se inundaba la canchita. Si algo nos pasaba no era correcto culpar al huracán o a La Habana por estar al nivel del mar. Era nuestra culpa por cometer la idiotez de salir a jugar en esas condiciones. De jugar uno juega donde sea, comprobado en todo el mundo; a mediodía con 40 grados, a 5.000 metros de altura o inclusive en la antesala de un huracán como nosotros.

Luego el comunicado habla acerca de la distorsión en la competición. Por favor, ese cuento es increíble viniendo de la FIFA. Recordemos, Joseph Blatter trabaja en la FIFA desde 1975 y en el mundial de México 86 ya era Secretario General, puesto poderoso. En ese mundial se jugaron partidos al mediodía para favorecer las transmisiones televisivas al resto del globo. Favoreciendo al negocio televisivo la competición se jugó a la 12, en la altura del Distrito Federal y con un alto nivel de contaminación en el aire. Ahí Blatter no dijo nada. Además, por qué no sancionan la distorsión que generan las multinacionales en plena competición. No recuerdan que Ronaldo jugó en la final de Francia 98 por exigencia de la marca deportiva que lo patrocinaba a él y a su selección, sacándolo de la clínica prácticamente. La FIFA no hizo nada al respecto y tampoco colaboró en el proceso legal que se abrió en el Brasil en ese tiempo. Ese cuento de la distorsión no es menos que irrisorio viniendo de una corporación dedicada a los negocios esencialmente y eso es la FIFA desde hace muchos años.

Sobran argumentos para defender el fútbol en nuestras alturas, argumentos sólidos desde varias dimensiones. Lo último que necesitamos ahora es hacer de la necesidad una virtud. Aunque el panorama del fútbol nacional sea gris no hay que salir a recordar que nos ganaron aquí y allá para que nos perdonen. No podemos defender nuestra causa rememorando desdichas y esperando clemencia. El ultraje es demasiado grosero y nuestra defensa debe ser sólida e inequívoca. La problemática del veto pasa por diversas esferas de interés, incluyendo a algunos sudamericanos. Creo, con toda humildad, que en este momento Bolivia no sólo va a salir a defender la posibilidad de que Brasil venga a La Paz a jugar eliminatorias. Se defiende la naturaleza misma del juego, como se originó y como se fue difundiendo en el mundo. No puede venir una corporación a decretar que determinada región ya no es funcional al negocio y por eso ya no juega más. Otra cosa sería si el Manchester jugará en Visp, la región montañosa a más de 4000 metros de altura donde nació Blatter. Claro que se jugaría, no por una cuestión nostálgica de Blatter sino porque el Manchester mueve millones. No importa que las alegrías que tenemos sean contadísimas o que exportemos pocos jugadores a Europa. Tal desprecio es intolerable, nadie va a venir a nuestra casa a decretar que es un ambiente poco menos que inhóspito. Se defiende mucho más que unas canchas, defendemos nuestros barrios, costumbres, historia y sueños. La historia nuestra y la del fútbol, el deber de la memoria. Basta recordar como empezó todo, como se contagió el fútbol en todo el mundo. En Bolivia y en todas partes.

Boris Miranda

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