martes, 2 de enero de 2007

Autogestión y explotados: Formas productivas de la necesidad

Parte I - Introducción

La presente propuesta es antes que nada un reconocimiento a la creatividad humana. En diversos escenarios encontramos una rearticulación de las pautas de confrontación social con prácticas cada vez más participativas y directas. Surgen por todos lados experimentos, de formas productivas en todo nivel, que se encuentran revolucionando las relaciones entre el capital y el trabajo.

La intención de este trabajo no es elaborar una teoría sobre las prácticas autonómicas. Le reconocemos a las formas autogestivas una indudable riqueza histórica pero partimos que su resurgimiento tiene en su esencia gran originalidad. Además este rebrote de las prácticas asambleístas y autónomas han sido más que nada por la necesidad de los hombres. Pretendo aquí trazar una relación histórica de cómo las representaciones obreras fueron perdiendo fuerza dejando a las clases subalternas a la merced del apetito voraz del capital. De ahí viene la noción de que estas son formas productivas de la necesidad. La situación de los trabajadores, y demás clases subalternas, ha ido empujando y creando esta forma de prácticas.

La rebeldía * se encuentra desplegando durante este último tiempo toda su capacidad creadora. Esa misma producción de subjetividades rebeldes que durante el siglo XX tuvo que encausarse en los formatos de un partido, claro que no siempre lo hizo. La rebeldía se iba radicalizando a medida que las instancias organizativas clásicas la iban defraudando. Y al notar la total incapacidad de las instancias representativas en las últimas décadas fue engendrando una natural y salvaje necesidad de participación directa.

Las masas, a medida que se agudizaba la crisis, iban rompiendo con ese esquema jerárquico que es la conciencia. Fue rompiendo con esa conciencia de clase adoctrinada que les enseñó el rol del partido, el rol de los obreros, etc. El obrero, por ejemplo, cuando logró romper con la conciencia se dio cuenta de que puede producir en una fábrica sin necesidad de patrón. Los vecinos entendieron que pueden producir prácticas políticas autónomas sin necesidad de que el partido o la forma sindical correspondiente les baje la línea. La conciencia era insuficiente a la hora de resistir y a medida que íbamos cerrándole el paso le fuimos abriendo el paso a la razón del deseo. Deseo que es solo el principio del despliegue creativo que contemplamos.

Este despliegue creativo que es una forma anticipatoria de la nueva sociedad por la que peleamos. Es comenzar a construir el socialismo desde ahora y desde abajo; en el seno mismo de las relaciones capitalistas. Vislumbramos los valores de la nueva sociedad a medida que vemos florecer estas prácticas. Esa es la autogestión; una permanente lucha interna y externa que se ha tornado en protagonista de las luchas sociales por la situación insostenible de las masas.

La reconfiguración del capital en feroz respuesta a la ofensiva obrera ha abierto posibilidades insospechadas hasta ahora para el movimiento social. Estamos contemplando el principio de este continuo fluir de fuerzas sociales que se han desencadenado desde aquello. Las viejas instancias políticas de representación no han sido sobrepasadas del todo; fueron arrolladas por la emergencia rebelde y esta les ha cambiado sus roles. Muchas nociones de confrontación social se han visto trastocadas por este fenómeno. El mérito es que este fenómeno no ha sepultado aquellas nociones, más bien les ha devuelto un poco de la vigencia que habían perdido. Si bien estas prácticas autonómicas y autogestivas que empiezan a desplegarse generosamente por América Latina también corren el peligro de ser cooptadas por el capital vale la pena correr el riesgo por ellas. Por creer en su posibilidad.

* Es formidable esta palabra. Al igual que la “utopía”, la rebeldía es una concepción atemporal; es decir, se mantiene como la permanente disconformidad y crítica a las sociedades constituidas.

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