martes, 14 de agosto de 2007

La querella por la capital

modificado el 14 de agosto para el diario Liberación

Es propia e incluso saludable a la democracia la tensión que se genera entre la emergencia participativa y el poder instituido. Es en el forcejeo entre el carácter social de la cuestión pública con las formas privativas de la administración donde se profundizan o no los procesos democratizadores. ¿Qué tan propia a esta clase de tensiones es la actual batalla por la capital? ¿Alguien cree que juntando los tres poderes en Sucre le estamos dando un espaldarazo a la descentralización, a las capacidades autorganizativas de la sociedad? Yo creo que el punto es acercar el poder a la gente, no alejarlo de La Paz o llevarlo a Sucre.

Si concretamos está polémica al ámbito de la problemática de la democracia encontramos que tiene una naturaleza reduccionista. Democratizar pasa por extender el espacio público, no es pugnar por espacios creados en el pasado. Ampliar el espacio público saliendo, además, de la esfera de lo estatal representa una multitud de posibilidades para desconcentrar el poder. Autonomistas, descentralizadores, etc. deberían entender que luchar por el traslado de los poderes del Estado va contra sus supuestos originales. Ellos, en estos momentos, deberían estar por encima de estas cuestiones. Es más, al pelear por la capitalía plena están afirmando la prevalencia del poder central frente a la emergencia de poderes locales. Los autonomistas de la media luna que salieron a hablar a nombre de Chuquisaca están revalorizando justamente aquello a lo que dicen repudiar. Y da la impresión que esta polémica no pierde fuerza con las semanas precisamente por el fomento de parte de algunos de los conocidos de la media luna. Eso es manoseo, un descaro con la gente de Chuquisaca y además un acto de vergonzosa irresponsabilidad.

En este tiempo de tan alta sensibilidad regional haber sembrado discrepancias por la sede de los poderes roza lo imperdonable. Esto va para los constituyentes y otros personajes públicos que cometieron tal irresponsabilidad con el país y que se mantienen obstinados en tal posición. Si ellos piden a gritos descentralización porque alientan odios con la excusa de la sede. Desatan viejos rencores justamente ahora, cuando la construcción es tan débil. Manipulando a la población chuquisaqueña siendo que ellos no tienen la culpa de nada. Porque además el rencor que puede tener la gente de Sucre con La Paz no es un sentimiento permanente y constante venido de hace más de un siglo. Es el devenir de años de violencias estructurales, de maltrato, postergación y olvido producto de gobiernos excluyentes. De ese rencor, legado de gobiernos mezquinos, también los puedo responsabilizar a ellos. Si puedo, porque del Banzer ministro de Barrientos al Podemos 2007 ya pasaron unos cuantos años pero hay muchos amigos comunes.

Por eso hay que tener cuidado en no quedarse solamente en la consigna. Se deja notar que viejas elites están dispuestas a echar mano de cualquier causa para mantener sus beneficios. Estamos viendo como en este tiempo donde todo parece tan frágil se dedican a resaltar diferencias irresponsablemente. Ahora, cuando están coincidiendo tantos conflictos en el país, debemos estar más atentos. Como sociedad hemos dilucidado y discriminado alternativas dentro de coyunturas complejas. Ese ejercicio es altamente necesario en este momento. Estoy de acuerdo, debatamos absolutamente todas las propuestas. Sobre la democracia, la descentralización, la visión de país, lo que quieran. Pero reconociendo la pertenencia al proyecto político que se encuentra por detrás, si algunos no son sinceros nosotros no seamos ingenuos.

Es real, se vienen acumulando focos conflictivos. Algunos más duraderos y molestos como este por la capital y otros más pasajeros. ¿Por qué en este tiempo justamente? Porque estamos tratando de reconocernos con ojos nuevos, si. Porque en los últimos años se ha recuperado la vinculación colectiva sobre la supervivencia aislada, también. Es correcto que la sociedad se cuestione a si misma para encontrarse, para conocerse, así tenía que ser. Pero en medio de tan complicado ejercicio que realiza el país se deslizan intenciones menos honestas, egoístas y desestabilizadoras. Además que no faltan los malintencionados que ya empezaron a hacer apología de la crisis. Muestra clara de la mezquindad de algunos, soltando informaciones irresponsablemente para agigantar el escenario de incertidumbre.

Creo en el buen proceder del gobierno, de los constituyentes y del resto de nuestros representantes a la hora de actuar ante tal coyuntura. Creo en ellos pero apuesto por la gente, eso es mucho más importante. Apuesto a la memoria, a la solidaridad, al cariño. A la memoria, para que los que siempre se olvidaron de Sucre no vengan a pretenderse justicieros de la historia. A la solidaridad que tanta falta hace entre regiones. Apuesto al cariño. Muchos reclaman tolerancia, como si de eso se tratara, pero que poco se invoca al cariño. Apuesto a esas muestras de generosidad que ya se han visto en estos años. Una conducta que no piensa en lo que puede hacer el proceso de cambio a favor de uno, más bien piensa en que puede hacer uno por el proceso de cambio.

Superaremos este entredicho por la sede, que definitivamente no nos merecíamos, sin mayores traumas. Eso es nada más, un malentendido alentado por intenciones nefastas que sabremos resolver. La gente de Sucre merece más que aspirar únicamente a tener los tres poderes. Todo el sur de Bolivia merece más, es un buen momento para inventarse nuevas esperanzas. Así, creo yo, podremos superar tanta susceptibilidad que se ha creado entre regiones. Entiendo que es una construcción muy difícil la nuestra y este tal vez sea su momento de mayor vulnerabilidad. Por eso corresponde al oriente, occidente y sur del país articularse para que el desarrollo lo sientan todos. Esto no significa centralismo. Sin paternalismos y mucho menos separatismos, tratemos de consolidar un país que piense a todos.

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