martes, 31 de julio de 2007

Con mirada marxista: Vistazos al conflicto Boliviano


intro

La rebeldía se encuentra desplegando durante este último tiempo toda su capacidad creadora. Esa misma producción de subjetividades rebeldes que durante el siglo XX tuvo que encausarse en ciertos formatos, claro que no siempre lo hizo. La rebeldía se viene radicalizando a medida que las instancias organizativas clásicas la iban defraudando. Y al notar la total incapacidad de estas estructuras representativas en las últimas décadas fue engendrando una natural y salvaje necesidad de participación directa.

Las condiciones en las cuales los obreros de fábrica (que sobrevivieron a los despidos), los campesinos e indígenas y demás grupos fueron obligados a existir se tornaron insostenibles al final. La fragmentación de los centros productivos significó para muchos trabajadores la pérdida o devaluación de sus derechos laborales. Antes de que se pueda reiniciar el crecimiento capitalista se tenían que configurar las nuevas condiciones sociales de control de la fuerza de trabajo. Debe existir suministro suficiente de fuerza de trabajo además de salarios lo suficientemente bajos como para asegurar la ganancia. La reconfiguración de esas condiciones sociales fue el fomento al trabajo a domicilio, los contratistas y, en general, la informalización de los trabajadores. Se han ajustado las condiciones del empleo a los requerimientos de la producción justificando estos cambios en la competitividad empresarial. Toda esta reestructuración, que como ya dijimos antes debilitó a los sindicatos tradicionales, fue la que se encargo de precarizar las condiciones materiales de vida de las clases subalternas.

Todo el reemplazo del anterior modelo acumulativo por uno nuevo también trajo consecuencias duras para el capital y sus agentes. El cambio de eje en la acumulación no basta para impulsar un crecimiento sostenido de golpe, esto trae consigo drásticas implicaciones para aquellos que no ostenten el suficiente capital para sobrevivir y reacomodarse[1]. La consecuente crisis determinó la desaparición de muchos capitalistas que no supieron mantenerse en competencia y, por ende, el cierre de sus centros de producción. De cualquier forma, el desmantelamiento de todo un aparato constituido en torno a un enorme taller significa que aquel taller se vuelve obsoleto. Aún sin crisis muchos capitalistas se hubieran visto obligados a salir de competencia por su incapacidad de mantenerse al día con los paradigmas productivos. El desempleo tenía que incrementarse y los ingresos iban a irse perfilando en un rumbo predominante. Esas eran las condiciones para reiniciar el proceso de valorización del capital. Los obreros debían someterse a aquellas nuevas condiciones sociales impuestas hábilmente.

En las últimas décadas la conciencia no fue suficiente a la hora de resistir, ahora las prácticas que surgen lo hacen sobretodo por la necesidad y gracias a las iniciativas y deseos del cuerpo. Por eso también estas nuevas iniciativas, como en los mejores días de la rebeldía, vuelven a surgir sin manual, teorías o modelos absolutos. Romper la conciencia para dar lugar al deseo[2]. Son prácticas del cuerpo que piensa y necesita que demuestran lo que el cuerpo puede. Las organizaciones autónomas y de gestión política directa son producto de estas condiciones.

Esta variedad de prácticas, que configuran una lucha asimétrica contra el capital, configuran un nuevo tipo de hacer. Pretendo aquí echarle una mirada a esas prácticas con lentes marxistas, obviamente situándome en Bolivia como escenario.

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La derrota de las prácticas obreristas clásicas del siglo XX en Bolivia en los ochenta no merece mayores descripciones, se han hecho muchos trabajos al respecto. Pasan quince años hasta que volvemos a encontrar una movilización masiva y eficiente, hablamos de la Guerra del Agua ¿Cuánto de memoria práctica colectiva puede conservarse en quince años?

La primera es muy difícil de contestar con precisión. En todo caso podemos decir que si encontramos prácticas similares en las barricadas cochabambinas y también en el motín de la GES en La Paz. Ahora bien, definitivamente el temple no es el mismo que el que tenían los mineros en Cajamarca. Además del temple no era la misma configuración de protagonistas, antes no existía tanta heterogeneidad. Tampoco era la misma convicción y claridad en pos de lograr un objetivo, los sectores que apoyaban al motín del GES en La Paz ignoraban por completo que pasaría al día siguiente[3]. Y así mantenemos ya unos cuantos años de conflicto, digamos, frecuente. En estos años, por supuesto, se han reafirmado convicciones, se ha clarificado el panorama para unos y se ha socializado la problemática también.

Lo anteriormente dicho está presente en casi todos los escenarios donde se han presentado luchas en los últimos años. Las clases subalternas han materializado su rebeldía en acciones, si. Pero lo han hecho con todo el barro humano posible. Acciones llenas de aporías, con muchas dudas y miedos. Sectores históricamente pacíficos emprendían largas caminatas a La Paz o desenvolvían nuevas formas de rebelión en sus tierras. No podemos olvidar que estas prácticas se deben principalmente al impulso de la necesidad. No es mi intención convertir a la necesidad en una virtud, pero debemos reconocer que es un buen estímulo a la creatividad.

Entiendo que esta incertidumbre se mantiene presente dentro de todas las movilizaciones. Engels recordaba; “Hasta en París, las mismas masas proletarias ignoraban en absoluto, incluso después del triunfo, el camino que había que seguir. Y, sin embargo, el movimiento estaba allí, instintivo, espontáneo, incontenible.”[4] Se refería a la situación del proletariado parisino en 1850, cuando la clase obrera empezaba a configurarse como tal. Y al igual que en aquel entonces, estos nuevos protagonismos sociales saltan a la luz pública llenos de dudas y con objetivos muy poco identificados. Es con el tiempo que su accionar se viene tornando más político y van definiendo con mayor precisión sus objetivos. Esta configuración de grupos es eminentemente una configuración de negación. Su política es de negación.

Estas reivindicaciones eran más o menos faltas de claridad y hasta del todo confusas, conforme al grado de desarrollo de los obreros de París en cada ocasión, pero, en último término, se reducían siempre a la eliminación del antagonismo de clase entre capitalistas y obreros. Claro está, nadie sabía cómo se podía conseguir esto. Pero la reivindicación misma, por vaga que fuese la manera de formularla, encerraba ya una amenaza al orden social existente. [5]

En el tema de los hidrocarburos esta situación es mucho más notable yo creo. Aquí es distinto porque no hablamos de una clase determinada, es en realidad un movimiento lleno de diversidad. En los últimos años, en torno a la lucha por los hidrocarburos, se aglutinaron gran parte de las clases subalternas. Este despliegue tiene matices destacables. Al principio, debo confesar, no creí en una determinación fuerte de la masa por el gas. Primero que no eran, ni son, una movilización sectorial. El gas no representa el patrimonio de algún sector, cuando menos no en occidente. Otro factor complicado era la gran cantidad de lenguaje técnico que se utilizaba cuando se hablaba de la venta de los hidrocarburos. Por eso es ilustrador el ejemplo de los hidrocarburos para mostrar la incertidumbre con la que inicialmente los movimientos sociales actuaron y actúan.

Podemos ver esta dubitación en la evolución de las consignas por ejemplo. 2003 tenía una fuerte carga antichilena, la oposición inicial en aquel tiempo era a la exportación de hidrocarburos por un puerto chileno. En aquel tiempo era mucho más débil la voz que exigía nacionalización. El discurso vencedor aún tenía hegemonía y se escuchaban más voces que pedían industrialización, el tema de la propiedad era todavía un tabú. Así se dio la primera gran batalla por el gas, marcada por confusión, instinto, intuición.

El 2005 entiendo que fue distinto. La consigna de la nacionalización ya era una bandera que articulaba a gran mayoría de los sectores movilizados. Lo aprendido en octubre del 2003 era una victoria, en tanto acumulación de saberes prácticos, indudable. El desencantamiento político por el apego a la sustitución constitucional también era notorio. Y eso que aquí tampoco, creo, se sabía a ciencia cierta lo que se pedía. Nacionalizar sin indemnizar no dejaba de ser una consigna algo ambigua. Yo sentía que todos estaban defraudados, engañados y lo que es peor, no sabíamos a ciencia cierta como nos engañaban. Creo que la memoria de dos años atrás y la marca ética que eso deja en los participantes fue un factor de entre tantos que determinaron la rebelión.

voces

Podemos empezar a hablar de que voces se escucharon en el conflicto justo ahora, justo cuando terminamos de hablar de la acumulación de saberes. Cuando Marx hablaba de la Comuna de Paris retrataba el conflicto entre los blanquistas y de algunos afiliados a la Asociación Internacional de Trabajadores. Bueno, tanto como conflicto no era pero si existía cierta disputa. Lo que aquí me interesa destacar es como el desenvolvimiento de las circunstancias guarda poca fidelidad con lo que pretendían los dirigentes de la Comuna. Trazar una línea comparativa podría resultar forzar algún argumento yo creo. Lo que si me interesaría hacer es como influye la memoria práctica, acumulación de saberes, del colectivo en el devenir de los sucesos. Los blanquistas pretendían constituirse en élite al tomar el poder, sin embargo era claro que en Paris ya no era posible otra revolución que no sea una revolución proletaria. Y esto debido a todo el cúmulo de sucesos en los que el proletariado participaba activamente desde hace ya un siglo atrás.

En Bolivia también tuvieron que cambiar las condiciones por el aprendizaje reciente de los últimos años y la herencia de prácticas que tal vez ya lleven más de medio siglo. Por ejemplo, el 2003 empezaron a verse ollas comunes en El Alto, en el 2005 entiendo que hubo mayor proliferación de esta práctica. Definitivamente los mineros llevan una herencia de prácticas que es visible cada vez que llegan a La Paz. Esto en lo práctico. En lo político no existe mayor muestra de aprendizaje que el rechazo absoluto a la sucesión constitucional y la búsqueda de renovación de todo el aparato estatal. Que se vayan todos es consigna que usaron primero los piqueteros pero que se aplicaba perfectamente al ambiente de esos días.

Exigir nacionalización era también muestra de aprendizaje, de esa marca ética de la que hablaba antes. Esta consigna terminó por imponerse inclusive en grupos donde la dirigencia se oponía inicialmente. El MAS se vio obligado a obedecer a sus bases y exigir nacionalización, aún cuando inicialmente se mostraba reacio a la idea. Dentro de los sectores de El Alto, ningún dirigente habría mantenido su puesto si se hubiese opuesto a la idea. Ellos no bajaron la línea, es la base la que impuso la consigna.

Entiendo la necesidad de mantener una dirigencia. Es necesario delegar responsabilidades y confianza a algún compañero, por más autogestiva y horizontal que sea la organización. Pero miro con otros ojos al dirigente. No creo en que las reivindicaciones obtenidas sean por la brillantez de un dirigente o que las movilizaciones sean por su hábil conducción. Para las masas, y parafraseando a Zemelman, el conocimiento de lo posible es un conocimiento constructor del futuro.

estado

Un último comentario acerca del Estado como target de todas las demandas sociales. Marx nos dice sobre el Estado: “Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase.”[6] Esto es muy importante, los Estados no son los centros de poder. El centro de poder es el capital y es aterritorial, global. Entendemos que la lucha es del capital contra el trabajo, que la contradicción es del modo social de la producción con el modo privado de la apropiación.

Todo el despliegue visto hace unas semanas frenó con la renuncia a la sucesión de Vaca Diez y de Cossio, y yo creo que de verdad ese momento no había de otra. Los sectores ya no podían mantenerse movilizados mucho más tiempo, creo que el paro de El Alto ya no tenía recursos humanos para seguir. Y la verdad yo creo que evitar que vuelvan el MIR y el MNR vuelvan fue una victoria pero que no solamente hay que buscar por ese lado. Creo que el aparato es perfectamente capaz de absorver ese tipo de prácticas, orientadas en su lógica. La lógica “fuera el presidente” es a la que me refiero.

Holloway hace una dicotomía del poder, en poder-hacer y el poder-sobre[7]. Y lo que me interesa es relacionar al poder-hacer con la idea de productores libres asociados o productores directos. El poder-hacer es siempre social: nuestro hacer depende siempre del hacer de otros, en el pasado o en el presente, y nuestro hacer crea normalmente las condiciones del hacer de otros. El poder-hacer refiere al flujo social del hacer.[8] El poder-hacer, también potencia, es recuperar el proceso laboral y eliminar la enajenación. Veo en volcar los esfuerzos por plasmar esta potencia una nueva construcción para el movimiento social actual. Esta construcción no es ajena a las lógicas de los movimientos sociales en Bolivia, de hecho creo que con todas su falencias se ha empezado a construir. Esta construcción, en cambio, si es ajena a las lógicas de cooptación del capital.
[1] Para el caso de América Latina estas implicaciones son más significativas puesto que sus estructuras de acumulación son mucho más dependientes. Ver, Carlos Salas, “El modelo de acumulación y el empleo en América Latina”, en Reestructuración productiva, mercado de trabajo y sindicatos en América Latina, Grupos de Trabajo de CLACSO, Buenos Aires, 2000.
[2] Cfr. Luis Mattini, Autogestión productiva y asambleismo: “Lo que el cuerpo piensa”, en Rebelión del 24 de junio del 2003.
[3] Después de todas las muestras espontáneas recuerdo la incertidumbre cuando ya llegaba la noche. Los grupos de apoyo se mantenían en el GES pero la solución a las negociaciones de la policia con el Estado estaba muy cercana también. Al lunes siguiente esos grupos movilizados eran reprimidos por los mismos agentes que apoyaron dos días antes.
[4] Carlos Marx, La Lucha de Clases en Francia.
[5] Carlos Marx, La Guerra Civil en Francia.
[6] Carlos Marx , La Guerra Civil en Francia.
[7] Cfr. Jhon Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, PlutoPress, Londres, 2002, s/e.
[8] Jhon Holloway, La Lucha de clases es asimétrica.

1 comentario :

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